Archivo para Marzo 2009

LA INDEPENDENCIA DE BOADELLA

              

Esta mañana he tenido el placer de escuchar a Albert Boadella en una intervención plagada de ingenio y rebosante de iconoclastia en uno de los interesantes desayunos-coloquio que organiza el Foro Nueva Economía. Su cruel análisis del papel de los arquitectos en la cultura moderna y sus ácidos comentarios sobre el papanatismo de los poderosos ante determinadas muestras de arte contemporáneo han hecho las delicias del respetable.  El indomable cómico catalán ha sido presentado por su actual empleadora, Esperanza Aguirre, que le ha cubierto de elogios y le ha prodigado todo tipo de muestras de afecto. Lo cierto es que la numerosa y selecta audiencia lo estaba pasando en grande hasta que Isabel San Sebastián, esa periodista afilada como una daga veneciana, le ha preguntado a quién pensaba votar en las próximas elecciones europeas. Y el autor de Ubú President,  en presencia de la cúpula del Partido Popular de Madrid y de su presidenta, la misma que le ha nombrado director de los Teatros del Canal y le ha acogido generosamente poniéndolo a salvo de la feroz campaña de acoso y aislamiento -eso que él llama con acierto “muerte civil”- a la que le tiene sometido en Cataluña el nacionalismo, no se ha cortado un pelo al anunciar que su sufragio será para… ¡Rosa Díez! Boadella podía haber eludido la pregunta con fórmulas neutras del tipo “No invada usted mi intimidad”, “El voto es secreto”, “No me parece adecuado satisfacer su malsana curiosidad en un acto institucional” o, incluso, en clave críptica y diplomática, recordar la célebre canción en la que se afirma que se puede querer a dos mujeres a la vez y no estar loco. Sin embargo, ha optado por decir simple y llanamente la verdad.           

 Aunque el incidente puede ser visto como una muestra de ingratitud o de falta de tacto por parte del invitado de honor, una lectura más profunda del mismo permite extraer conclusiones muy beneficiosas tanto para Boadella como para Esperanza Aguirre. En unos tiempos de intelectuales orgánicos babeantes de adulación ante sus mecenas políticos y de gobernantes que invierten sumas ingentes en domesticar y en poner a su servicio a escritores, pintores, actores  y directores de cine, el insólito caso de una presidenta de Comunidad Autónoma que ofrece una oportunidad a un artista sobresaliente por la mera razón de la calidad de su trabajo sin exigir a cambio fidelidad o sometimiento, y de un creador que acepta la oferta sin que ello implique la renuncia a un ápice de su libertad de opinión y de criterio, les enaltece a los dos y proporciona a la sociedad un ejemplo impagable. Hasta hoy yo me honraba con la amistad de ambos, después de esta exhibición de altura ética por su parte no sólo me honro, sino que me enorgullezco. 

NINGUNO SOMOS CHACÓN

El nombramiento de Carme Chacón como ministra de Defensa provocó en su momento el estupor general. Las razones de esta sorpresa fueron básicamente dos: la designada carecía de conocimiento alguno sobre la materia de la que iba a ser titular y su concepto de España, manifestado a través de declaraciones, gestos y posiciones públicas, era totalmente incompatible con el sustentado por los militares que se disponía a dirigir. En concreto, su aparición estelar con una camiseta en la que campeaba el lema “Todos somos Rubianes” dejó en su momento perfectamente claro que su respeto por la Nación protegida por nuestros ejércitos era nulo. El hecho de que una pacifista género progre-tontilón, analfabeta en temas castrenses y con ribetes anti-sistema se dispusiese a tomar el mando por tierra, mar y aire de nuestras tropas encajaba por supuesto en la obsesión zapateril por destruir todo aquello que represente calidad, mérito, dignidad y altura en nuestra sociedad. Una vez arrasada la educación, la unidad nacional, la familia y la economía, le tocaba el turno a las Fuerzas Armadas. Hasta aquí la lógica de la decisión se mostraba impecable. El problema es que en esta tarea de demolición conviene no apretar en exceso el acelerador porque si uno se descuida los inquilinos del inmueble en derribo, es decir, los españoles, pueden alarmarse y rebelarse. Véase al respecto el resultado de las recientes elecciones gallegas. El estropicio causado por esta pobre chica al anunciar la retirada de nuestro contingente en Kosovo sin acordarlo previamente con nuestros aliados de la OTAN, sin avisar al ministerio de Exteriores y sin advertir con antelación suficiente al Secretario General de la Alianza, demuestra hasta qué punto en España vivimos en el reino del despropósito. Ahora hemos sufrido la humillación de tener que rectificar, hemos malogrado la buena disposición inicial de la Administración Obama hacia nuestro país, hemos puesto en peligro los beneficios que no pocas empresas españolas se aprestaban a obtener del plan de reactivación norteamericano y nos hemos cubierto de ridículo. Es verdad que esta ministra de cabeza hueca consultó con Zapatero, pero olvidó que la ignorancia sobre política internacional de su jefe es tan oceánica como la suya. Esta leve Carme, Carmeta, criatureta, en una de las muchas estupideces que ha hecho en su fotogénica vida, se solidarizó con un energúmeno grosero y soez y nos invitó a identificarnos con él. Después de su fastuosa metedura de pata ante los atónitos integrantes de nuestro destacamento en Kosovo, millones de ciudadanos sin duda arden de impaciencia por lucir en su torso o en su espalda una frase que la ponga definitivamente en su sitio: “Ninguno somos Chacón”.   

LENGUAS DIVINAS

Desde que Cataluña está gobernada por los nacionalistas, es decir, desde que se restauró la Generalitat hace treinta años, se ha impuesto por el poder público una nueva fe: la lingüística. Hasta tal punto la lengua se ha transformado en objeto de culto que las autoridades impiden cualquier forma de crítica o cualquier opinión que a su estrecho juicio atente contra este signo sublime de la identidad. El último ejemplo de semejante fanatismo ha sido la prohibición de colocar publicidad en los autobuses de Barcelona para informar a los ciudadanos de sus derechos legales en relación a la escolarización de sus hijos. En estos mismos vehículos se ha permitido la exhibición de anuncios de promoción del ateismo en los que ante la duda sobre la existencia de Dios se anima a la gente a vivir estupendamente, como si los creyentes no pudiesen pasarlo bien. Sin embargo, una asociación cívica perfectamente honorable dispuesta a pagar la tarifa correspondiente para hacer circular un texto en defensa de la aplicación de ¡una sentencia del Tribunal Supremo!, ha visto rechazada su petición. La pregunta que surge de inmediato es: ¿Cómo una sociedad culta, avanzada y plural como la catalana se somete al dictum de una pandilla totalitaria del calibre de la que ocupa Consejerías, alcaldías, diputaciones, consejos comarcales y demás centros de saqueo del presupuesto y de creación de redes clientelares? De la respuesta y de la búsqueda de soluciones para este desastre depende el futuro de mucha buena gente.  El motivo esgrimido para el atropello ha sido que el anuncio en cuestión es “polémico”. O sea, que en una Comunidad donde viven millones de monoteístas, bastantes de ellos practicantes de sus creencias, poner en cuestión el fundamento mismo de su religión no es polémico, pero exigir que se respeten los derechos de los ciudadanos y el cumplimiento de la ley, sí lo es. En la Cataluña nacionalista, en la Cataluña ensimismada y siniestra de Montilla y de Carod, la lengua catalana está por encima de Dios.

TROPEZONES SUCESIVOS

Es sabido que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Por eso el PP vasco ha de aprender las lecciones de la Historia antes de decidir su posición definitiva en relación al apoyo que puede prestar a los socialistas para que formen gobierno. En 1996 Aznar entregó Cataluña a los nacionalistas renunciando a desarrollar un proyecto de centro-derecha nacional fuerte en aquella Comunidad por el temor infundado de que Pujol no le diera respaldo en el Congreso. El ganador de las elecciones no supo comprender, urgido por su deseo ardiente de llegar a La Moncloa, que el entonces presidente de la Generalitat estaba tan necesitado como él de cerrar un acuerdo que sacase a España del hoyo en que la habían metido los estertores del felipismo. La base social de CiU jamás hubiera perdonado a su líder la irresponsabilidad de sumir al conjunto de la Nación y, por consiguiente, también a Cataluña, en la inestabilidad en momentos decisivos en los que nos jugábamos la entrada en la Unión Monetaria  y la salida de la recesión. Aznar jugó mal sus cartas y su partido no ha vuelto a levantar cabeza en el Principado desde aquel error flagrante.

Ahora Rajoy y los dirigentes del PP vasco han de ser conscientes de su poder y conseguir de los socialistas un acuerdo formal para toda la legislatura que incluya como elementos irrenunciables la inalterabilidad del Estatuto de Guernica, el desmantelameinto de la red clientelar construida durante treinta años de nacionalismo, la libertad de los padres para elegir la lengua de escolarización de sus hijos, la supresión de exigencias linguísticas discriminatorias en la función pública, la renovación de los altos mandos de la policia autonómica para dar a ésta un carácter estrictamente profesional, la firmeza sin fisuras frente a ETA y sus organizaciones afines, un programa económico y social anti-crisis que impulse la actividad empresarial e introduzca la austeridad en la Administración y, sin duda, la presidencia del Parlamento.

La oportunidad es única y todas estas condiciones son perfectamente fáciles de explicar a la opinión pública, que no entendería, en cambio, un voto de investidura dado a cambio de nada para que a continuación Patxi López se dedique a compadrear con el PNV. Basagoiti y su equipo no han de experimentar la menor vacilación. Deben mantenerse serena y sólidamente en este planteamiento porque sus interlocutores no tienen otro camino que aceptarlo.

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