Archivo para Abril 2009

OÍRLO PARA CREERLO

             La desfachatez del Gobierno ha dejado de producir indignación para provocar incredulidad. ¿Es posible que personas a las que se supone dotadas de sentido del ridículo, aunque sea mínimo, puedan decir determinadas cosas sin sufrir traumas psicológicos irreversibles? La dulce Trini, la de la sonrisa chispeante, se ha arrancado con la siguiente afirmación: “Si hay alguien capaz de afrontar la crisis y seguir manteniendo el nivel de protección social es precisamente un Gobierno de izquierdas”. Veamos. Si la memoria no nos falla, cuando el PP llegó al poder en 1996 tras trece años de socialismo la Seguridad Social estaba quebrada y hubo que arbitrar un crédito extraordinario para pagar las pensiones porque la relación cotizantes/pensionistas era 2.06. Durante los ocho años de gobiernos de centro-derecha este parámetro subió hasta 2.50, es decir, un 21%, y el sistema de protección social se consolidó. Desde que ZP pulula por La Moncloa, la relación cotizantes/pensionistas ha aumentado en un 5%, o sea, cuatro veces menos que con Aznar, y en estos momentos experimenta un rápido deterioro. Por eso el gobernador del Banco de España ha advertido que es necesaria una reforma del sistema de pensiones si queremos mantener su viabilidad. Sigamos. En tiempos de mayorías del PP en el Congreso, el paro descendió en un 50%, del 22% al 11%. En la luminosa era ZP, la tasa de desempleo ha crecido en un 55%, del 11% al 17%, y todo apunta a que pronto llegaremos por desgracia al 20%. Por consiguiente, son los gobiernos liberal-conservadores los que garantizan la solidez del Estado del Bienestar y son los “progresistas” los que lo arruinan. La fórmula zapateril para combatir la crisis, según ha proclamado en la presentación de sus candidatos a las europeas, es “tesón, coherencia y principios”. ¿Qué tal si en lugar de palabras huecas hubiera dicho “austeridad, competitividad y confianza”? ¿O “unidad nacional, gran pacto social y reformas estructurales”? Pero, claro, entonces ZP no sería ZP, sería un estadista y tendríamos alguna esperanza de salir del hoyo en el que nos ha metido por su imprevisión, su dogmatismo y su incompetencia.  

EL INCORDIO CATALÁN

  El flamante Vicepresidente tercero del Gobierno se ha reunido con su correligionario y paisano Presidente de la Generalitat de Cataluña. El hecho de que dos andaluces de pura cepa como Manuel Chaves y José Montilla se encuentren para una negociación en la que el primero representa al Estado y el segundo a una Comunidad sometida al yugo nacionalista en su impostado papel de heredero de Maciá y de Companys forma parte del reino del absurdo en que se ha transformado nuestro tinglado autonómico. Para el pobre Montilla habrá sido un alivio poder por fin hablar en español con alguien después de tanto tiempo forzado a expresarse en un catalán deficiente y ortopédico. El punto principal de la conversación entre los dos preclaros hijos de la tierra de María Santísima ha sido el dinero, muy en la línea de la identidad de adopción del President cordobés. Para Chaves el papelón al que le obliga su jefe de filas ZP es de alivio. Ha dicho dos cosas a la salida de la cumbre España-Cataluña dignas de ser resaltadas por lo que representan de humillación del Gobierno de la Nación ante el gobierno de la supuesta nacioncilla. Una es la aceptación del método bilateral para decidir el trozo que se va a llevar la Generalitat del pastel común español y la otra el tragarse que la cantidad que reciba el tripartito no puede en ningún caso colocar a Cataluña por debajo de la media española en renta per cápita. Ambos planteamientos son absurdos, la bilateralidad por inconstitucional y la fijación de una obligación relativa al conjunto español por arbitraria. Hay que recordar una vez más que, según firme doctrina del Tribunal Constitucional, la financiación autonómica no es un tema a resolver entre el Gobierno central y cada Comunidad por separado, sino una materia a dilucidar en el Consejo de Política Fiscal y Financiera de acuerdo con los intereses generales de España. De la misma forma que la contribución de cada Autonomía a la solidaridad viene determinada por su riqueza, a la hora de asignar los recursos comunes el Estado ha de tener en cuenta las necesidades de la totalidad de la Nación. Si una Comunidad, por su nivel inferior de desarrollo, requiere un impulso superior al de otras, debe recibirlo sin que sea admisible limitación alguna ajena a este enfoque integral. Además, si existe una media es que unas Comunidades se encuentran por debajo y otras por encima de la misma. ¿Quiénes son Montilla, Carod y Saura para decidir los territorios españoles que se sitúan en un determinado nivel haciendo rancho aparte del resto de sus conciudadanos?  

          El inefable Chaves ha afirmado que la bilateralidad es compatible con la multilateralidad, que es algo así como descubrir que los círculos pueden ser cuadrados. La solución de ZP al incordio catalán, o mejor dicho, al incordio nacionalista catalán,  es, muy en su estilo, la huída hacia adelante, más déficit, menos legalidad constitucional y más disgregación. El mero pensamiento de que, a menos que recuperemos la lucidez, nos quedan tres años de esta pesadilla, conduce a la desesperación o a la movilización. O a las dos en su orden sucesivo.  

 

                                                                             

GALICIA, UNA OPORTUNIDAD

   El discurso de investidura de Alberto Núñez Feijóo ha sentado algunos principios que marcan una clara diferencia con el gobierno socialista-nacionalista que ha perdido las elecciones. Su propósito de reducir notablemente el número de Consejerías y de altos cargos de la Administración autonómica, así como de establecer una política de marcada austeridad en el gasto público, representa una comprensión digna de encomio de la naturaleza y el origen de las dificultades económicas que padecemos y de los remedios que deben ser aplicados. Asimismo, su anuncio de derogación del decreto sobre uso del gallego indica una decidida voluntad de devolver a sus paisanos su derecho a la libre elección de la lengua oficial en la que desean escolarizar a sus hijos y de eliminar cualquier forma de discriminación lingüística en las relaciones de los ciudadanos con los poderes públicos. Sin embargo, estos notables aciertos han ido acompañados de otra propuesta que suscita serias dudas sobre la concepción que el Partido Popular tiene en este momento histórico de la evolución del Estado de las Autonomías. Cuando el nuevo Presidente de la Xunta se manifiesta partidario de emprender una reforma del Estatuto de su Comunidad dentro del marco de la vigente Constitución y a la luz de la resolución que dicte el Tribunal Constitucional sobre el Estatuto catalán, incurre en un serio desenfoque. En primer lugar, no todo lo que es constitucional es conveniente ni acertado, por lo que su aclaración, aparte de superflua -por supuesto que el ordenamiento básico ha de ser respetado-, resulta inquietante. ¿Es que Feijóo considera que de lo que se trata es de forzar la Constitución hasta el límite para incrementar las competencias autonómicas con independencia de las consecuencias sobre la eficacia y fortaleza del Estado y sobre la cohesión nacional? Estoy seguro que su pensamiento no va en esa dirección, pero sus palabras abren interrogantes perturbadores. En cuanto al Estatuto catalán, no sólo no es una guía a seguir, sino que es un disparate a corregir. Por consiguiente, la alusión al desenlace del asunto en el Constitucional, con el grave riesgo de una sentencia interpretativa que abra la puerta a todo tipo de desmanes, equivale a aceptar una situación que es incompatible con la doctrina del Partido Popular sobre la unidad nacional. Es una lástima que el flamante primer mandatario gallego no haya aprovechado su victoria en las urnas para señalar que su máxima prioridad es el combate contra la crisis económica y que con el fin de no desviar ni un gramo de las energías colectivas de su tierra hacia otros ámbitos, el tema de la reforma estatutaria queda aplazado sine die por no ser ni urgente ni oportuno en la presente etapa. Además, el descarrilamiento del Estado autonómico que ya se ha producido nos aboca, más pronto o más tarde, a una revisión profunda de su arquitectura, muy probablemente mediante una reforma de la Constitución fruto de un gran acuerdo entre los dos grandes partidos nacionales. Cualquier reforma estatutaria en semejantes circunstancias es una posibilidad que no debiera formar parte de la agenda política de ningún dirigente del Partido Popular.  

CUESTIÓN DE CARÁCTER

               Recomiendo vivamente la lectura de la autobiografía de Barack Obama que lleva por título Los sueños de mi padre. Es un libro escrito antes de ser candidato presidencial y cuando su autor todavía no había pensado seriamente en su aspiración a la primera magistratura norteamericana. Muchos de nuestros políticos en España carecen de una verdadera experiencia vital al llegar al poder. Dedicados al trabajo interno de partido desde su juventud, ascienden en el escalafón de la organización y dedican sus esfuerzos a la intriga, a la lucha cainita y a la adulación de sus mandos. Su fuente de sustento es el desempeño de cargos públicos remunerados o la nómina partidaria y jamás han sabido lo que es montar o dirigir una empresa, hacer una oposición, aprender y ejercer un oficio, bregar para conseguir un puesto de trabajo y para conservarlo;  en definitiva, la realidad cruda, dura y áspera del mundo real, en el que la gente compite, se marca objetivos, triunfa, fracasa, cae, se levanta y se enfrenta todos los días a dificultades y a problemas que le aportan madurez y fortaleza. ZP es un ejemplo paradigmático de este tipo de políticos, hombres y mujeres que desconocen por completo cosas tan meritorias como levantar de la nada un pequeño negocio, buscar desesperadamente clientes, invertir años de estudio y sacrificio para ganar una plaza de profesor, médico, notario, inspector de policía u oficial de las fuerzas armadas, hacer catorce horas diarias al volante de un taxi o jugarse el físico en un andamio. Viven en una burbuja que les impide captar lo que sucede más allá de su mezquino universo de olisqueo de encuestas, de campañas electorales y de búsqueda de la foto oportuna. Por eso el relato de Obama resulta profundamente interesante, porque nos muestra primero a un niño, después a un adolescente y por último a un joven que se ven obligados a superar toda clase de obstáculos, familiares, raciales, económicos y culturales, para llegar a las metas que ellos mismos se han fijado. Nos explica, en un lenguaje sencillo, poderoso y directo, su vida en tres continentes, su obligada adaptación a entornos radicalmente distintos en circunstancias complejas, su conocimiento directo de la pobreza, la ignorancia y la injusticia y su combate entregado y generoso a favor de los más débiles y los más vulnerables. Nos enteramos por su propio testimonio de que se ha alojado en apartamentos infectos de barrios marginales, de que en alguna ocasión ha dormido en la calle, de que frecuentemente ha rozado el hambre o la penuria, y de que ha sobrellevado estas pruebas con buen ánimo y sin perder la esperanza, movido siempre por una indoblegable voluntad de superarse, de mejorar y de ser útil a su familia y a los demás. El general de Gaulle dejó escrito que “en los tiempos ordinarios, son suficientes las inteligencias bien formadas, en los tiempos difíciles hace falta corazón y carácter”.  Las más de cuatrocientas páginas de Los sueños de mi padre nos demuestran que hoy ocupa el Despacho Oval una persona que sirve tanto para las épocas tranquilas como para el fragor de las tormentas.

SÁLVESE QUIÉN PUEDA

                El hexapartito balear ha decidido imponer el conocimiento del catalán como condición necesaria para ocupar una plaza en el sistema público de salud de las islas. La consecuencia de esta medida es que bastantes profesionales que hoy prestan sus servicios desde hace años  a plena satisfacción de los pacientes deberán acreditar dicha capacidad lingüística o perder su puesto. Un número significativo de facultativos, titulares de enfermería y auxiliares ya han anunciado que no piensan someterse a esta arbitrariedad y que por tanto abandonarán Baleares. Dado que existe en esta Comunidad un déficit de personal cualificado para sus hospitales y ambulatorios, la primacía de la lengua, símbolo definidor de la identidad para los nacionalistas, sobre los intereses reales de la gente, en este caso su bienestar físico y mental, provoca un daño objetivo muy serio. No sólo los ciudadanos enfermos del archipiélago estarán peor atendidos, sino que no habrá suficientes medios humanos para tal cometido, con lo que es muy posible que Antich y sus secuaces causen sufrimientos graves o incluso la muerte a personas a las que la democracia ha puesto bajo su amparo. El hecho de que ni nuestra Constitución ni las leyes vigentes puedan impedir semejante barbaridad demuestra una vez más la necesidad imperiosa de proceder a una reforma en profundidad de nuestro ordenamiento básico. Cada día que pasa sin que los dos principales partidos nacionales actúen unidos ante desmanes de este calibre es una vergüenza y un motivo de incontenible indignación.

                Ahora bien, cuando se produce un atropello monstruoso,  el cuerpo social suele reaccionar espontáneamente por encima de la estructura oficial con el fin de defenderse. Y así ha sucedido también en esta ocasión. Diversos hospitales de otras Comunidades y algunos Gobiernos autonómicos han ofrecido trabajo a los expulsados de Baleares y es de suponer que no pocos de ellos se acogerán a esta oferta. De esta manera, el disparate hacia el que ha evolucionado el Estado de las Autonomías emerge con toda su fuerza. En el seno de una misma Nación, sus ciudadanos se convierten en refugiados políticos en determinados territorios huyendo de intolerables violaciones de sus derechos fundamentales que se perpetran en otros. Lo que vienen padeciendo muchos miles de vascos desde hace décadas, obligados a marcharse de su patria chica para no ser asesinados por ETA, se generaliza por otros procedimientos menos cruentos,  pero igualmente inaceptables, al conjunto de España. Ya que el Partido Socialista y el Partido Popular carecen de la resolución y el coraje exigibles en circunstancias tan desgraciadas, los españoles aplican la solución extrema del sálvese quien pueda. En resumen, que la Nación se desintegra y el oprobio nos sepulta.

                                                                                                                            

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