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GALICIA, UNA OPORTUNIDAD
El discurso de investidura de Alberto Núñez Feijóo ha sentado algunos principios que marcan una clara diferencia con el gobierno socialista-nacionalista que ha perdido las elecciones. Su propósito de reducir notablemente el número de Consejerías y de altos cargos de la Administración autonómica, así como de establecer una política de marcada austeridad en el gasto público, representa una comprensión digna de encomio de la naturaleza y el origen de las dificultades económicas que padecemos y de los remedios que deben ser aplicados. Asimismo, su anuncio de derogación del decreto sobre uso del gallego indica una decidida voluntad de devolver a sus paisanos su derecho a la libre elección de la lengua oficial en la que desean escolarizar a sus hijos y de eliminar cualquier forma de discriminación lingüística en las relaciones de los ciudadanos con los poderes públicos. Sin embargo, estos notables aciertos han ido acompañados de otra propuesta que suscita serias dudas sobre la concepción que el Partido Popular tiene en este momento histórico de la evolución del Estado de las Autonomías. Cuando el nuevo Presidente de la Xunta se manifiesta partidario de emprender una reforma del Estatuto de su Comunidad dentro del marco de la vigente Constitución y a la luz de la resolución que dicte el Tribunal Constitucional sobre el Estatuto catalán, incurre en un serio desenfoque. En primer lugar, no todo lo que es constitucional es conveniente ni acertado, por lo que su aclaración, aparte de superflua -por supuesto que el ordenamiento básico ha de ser respetado-, resulta inquietante. ¿Es que Feijóo considera que de lo que se trata es de forzar la Constitución hasta el límite para incrementar las competencias autonómicas con independencia de las consecuencias sobre la eficacia y fortaleza del Estado y sobre la cohesión nacional? Estoy seguro que su pensamiento no va en esa dirección, pero sus palabras abren interrogantes perturbadores. En cuanto al Estatuto catalán, no sólo no es una guía a seguir, sino que es un disparate a corregir. Por consiguiente, la alusión al desenlace del asunto en el Constitucional, con el grave riesgo de una sentencia interpretativa que abra la puerta a todo tipo de desmanes, equivale a aceptar una situación que es incompatible con la doctrina del Partido Popular sobre la unidad nacional. Es una lástima que el flamante primer mandatario gallego no haya aprovechado su victoria en las urnas para señalar que su máxima prioridad es el combate contra la crisis económica y que con el fin de no desviar ni un gramo de las energías colectivas de su tierra hacia otros ámbitos, el tema de la reforma estatutaria queda aplazado sine die por no ser ni urgente ni oportuno en la presente etapa. Además, el descarrilamiento del Estado autonómico que ya se ha producido nos aboca, más pronto o más tarde, a una revisión profunda de su arquitectura, muy probablemente mediante una reforma de la Constitución fruto de un gran acuerdo entre los dos grandes partidos nacionales. Cualquier reforma estatutaria en semejantes circunstancias es una posibilidad que no debiera formar parte de la agenda política de ningún dirigente del Partido Popular.
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18. Abril 2009 en 13:27
Acertadas palabras, como siempre. Sin duda, esta deriva del PP hacia posiciones de “buen rollito” de centro reformista, tragando con todo lo que el actual gobierno zapateril, apoyado en los identitarios que quieren cargarse España, impone al común de la gente. Sí, será que el vacío que nos hicieron con lo del “tinell” ha hecho mella en alguno de nuestros actuales dirigentes. Malo, muy malo ha de estar el “circo” político patrio cuando nuestros adversarios se alegran del giro contemporizador y moderado de la actual dirección de Rajoy… Pues no, se equivocan un mundo. Somos muchos dentro del PP los que estamos a punto de dar el portazo a años de militancia pues no estamos dispuestos a abandonar nuestro lugar, nuestro ideario ni nuestras convicciones. Luego no se sorprendan si tras el 7 de junio la ansiada y esperada victoria se convierte en descalabro. Sr. Vidal-Quadras, cuánto se le echa de menos en el solar patrio!!… Un saludo.
6. Mayo 2009 en 17:09
Menos mal que cada vez somos más los que nos damos cuenta de que el invento desaforado este del “estado de las autonomias” es un cancer para la nación.
Puede que el centralismo tenga cosas malas, pero el descentralismo acaba con todo.
Es necesario encontrar un término medio y aquí hemos pasado de un extremo al otro.
En lo de Galicia, el meollo de la cuestión está en la enseñanza, igual que en Cataluña y Vascongadas.
Hace años que los sindicatos nazionalistas tienen “infectado” es sistema educativo gallego, cosa que fué permitida por Don Manuel, increiblemente.
Los profesores que se niegan a adoctrinar y ha hacer proselitsmo antiespañol son arrinconados, discriminados e incluso perseguidos desde hace años.
Así cada vez hay más “batasunos galizos” como los que fueron a agredir a quienes se manifestaban pacificamente en Santiago, antes de las elecciones, reivindicando su derecho a la libertad lingüística.
Por no mencionar a chavales jóvenes que cada vez se ven más en la “tabernas galeguístas”, auténticas herricotabernas donde el comentario más general es que los españoles merecen la muerte.
La parte más graciosa de esto último, si es que la hay, es que todos esos patanes tienen nacionalidad española, porque ladran mucho pero ninguno ha renunciado a ella. Aparte de que de galleguistas tienen muy poco ya que quieren quitar el gallego para imponer en Galicia el portugués.
Como disia meu abó, eche unha risa.
10. Mayo 2009 en 18:06
No sé si aparecerá mi comentario anterior pues no me apareció un mensaje de “envío correcto”. Lo repito abreviadamente. Estoy de acuerdo con Alejo en que las derivas nacionalistas de algunos dirigentes del PP son peligrosas para el PP y para España. En el caso de Alberto Núñez Feijóo no representan ni el sentir de la mayoría de los ciudadanos ni de la mayoría de los votantes del PP, pues más del 85% de los gallegos quiere respeto a ambas lenguas y libertad de usar la que deseen. Ha estado a punto de perder las elecciones, a pesar de los muchos errores del gobierno anterior de la coalición PSOE-nacionalistas, precisamente por su falta de compromiso para apoyar la lengua española en Galicia. Le ha salvado el reto que con gran mérito y oportunidad le ha presentado “Galicia Bilingüe” al presionarle, con el apoyo de Intereconomía.tv y otros medios, para que se posicione en el respeto a la libertad de usar la lengua española en la enseñanza y en otros ámbitos públicos de Galicia.
28. Mayo 2009 en 12:23
¿Alguno de ustedes es gallego? Yo sí lo soy y no me concuerda nada su versión con lo que vivo en el día a día. No estoy a favor de los nacionalismos ni mucho menos pero las descalificaciones aquí escritas son meras calumnias. Estoy seguro de que el señor Alejo sería mucho más certero en sus criterios. Ni los profesores proespañolistas son apartados ni los jóvenes se juntan en tabernas galeguistas (sin tilde) y por supuesto que nadie dice que los españolistas merecen la muerte. Tampoco se quiere imponer el portugués, eso sí es un disparate. Por último, se está viendo ahora mismo que Feijóo se queda sin apoyos para derogar el decreto y que Galicia Bilingüe comienza a mostrar debilidades por el hecho de no representar a penas a ningún sector de la sociedad. Con todo esto no quiero decir sino que las cosas o se dicen bien o no se dice, porque estos errores se pueden convertir en un apoyo a los nacionalistas en cuanto que nuestros argumentos carecen de valor. Un saludo!