Archivo para 30. Julio 2009

LA FLOR APLASTADA

     


En mi visita el otoño pasado al campo de refugiados de la resistencia iraní en Ashraf, provincia de Dilaya, a sesenta kilómetros de la frontera entre Irak e Irán, dije en un discurso dirigido a sus tres mil residentes, que este enclave era una flor en el desierto. Situado en una planicie ardiente sin una brizna de verde, Ashraf ofrecía un espectáculo increíble al visitante. Jardines perfectamente cuidados, fértiles huertas cultivadas con esmero, sólidos edificios equipados con sobrias comodidades, escuelas, un pequeño hospital, centros de formación profesional, pulcros dormitorios, carreteras pavimentadas, talleres de mecánica de precisión, monumentos impresionantes, cocinas refulgentes, equipos de generación eléctrica, salas de concierto, agua corriente, aulas de informática, toda una muestra de lo que la voluntad humana puede conseguir en las condiciones más adversas cuando la disciplina se conjuga con el esfuerzo y la capacidad intelectual y técnica se pone al servicio de un proyecto pleno de disciplina y de ilusión. Los tres días que compartí con esos hombres y mujeres heroicos quedarán para siempre en mi memoria como un ejemplo de orden, altruismo, fe en una causa justa y esperanza en un Irán libre y democrático. Por desgracia, aquel sueño ha sido brutalmente truncado por la violencia, la barbarie y la muerte. Tras la transferencia de la protección del campo al gobierno iraquí por parte de las fuerzas norteamericanas, un contingente de un millar de soldados y policías irrumpió anteayer en Ashraf rompiendo la resistencia pacífica de sus habitantes desarmados con porras, gas lacrimógeno y disparos a matar. Una docena de asesinados, centenares de heridos, muchos de ellos de extrema gravedad, detenciones y vejaciones, han puesto fin a dos décadas de vida laboriosa y creativa de una colectividad que venía oponiéndose valientemente a la teocracia totalitaria de los ayatolás iraníes. Se trata sin duda de un crimen contra la Humanidad y de una muestra de sometimiento del primer ministro Maliki a la nefasta influencia del régimen dictatorial de Teherán que dibuja las peores perspectivas para el inmediato futuro de Oriente Medio. La flor ha sido aplastada por la bota sucia de la brutalidad ciega y sólo nos queda continuar la lucha política, diplomática e ideológica hasta que el horror que domina a la antigua Persia acabe con el castigo de sus verdugos y los principios de la sociedad abierta imperen por fin en sus tierras milenarias.  

                                                       

|