Archivo para 4. Noviembre 2009

LENGUA DE MADERA

     Hay una expresión francesa que siempre he encontrado muy adecuada al fenómeno que describe y es “avoir une langue de bois“, es decir, hablar con lengua de madera. Se refiere a la utilización de circunloquios, eufemismos y anfibologías en la mezcla requerida para decir algo de tal forma que nuestro interlocutor entienda lo que nosotros queremos que entienda, pero dejando siempre una puerta abierta a una interpretación distinta llegado el caso. El lenguaje político es con frecuencia el ejemplo más representativo de semejante práctica y en ocasiones produce en la ciudadanía un hastío rayano en la náusea, además de llevar a los periodistas a la desesperación. El jefe de filas del partido conservador del Reino Unido, David Cameron, se comprometió durante su campaña para el liderazgo de su formación a convocar un referendo sobre el Tratado de Lisboa si llegaba a ser primer ministro. Esta promesa fue inequívoca y literalmente la formuló así. “Una agenda reformista y de progreso exige una redistribución del poder desde la Unión Europea a Gran Bretaña y de los jueces al pueblo. Por consiguiente, celebraremos un referendo sobre el Tratado de Lisboa”. Tras la firma por parte de Vaclav Klaus del Tratado y de su subsiguiente entrada en vigor, la convocatoria de una consulta popular al respecto equivaldría a todos los efectos legales a preguntar a los ciudadanos británicos si deseaban o no que su país siguiese siendo miembro de la Unión. O sea, un disparate político y jurídico, además de una irresponsabilidad. Sin embargo, consta en las hemerotecas y en la memoria de sus compatriotas que Cameron describió este propósito como “blindado con hierro”. ¿Cómo escapar de situación tan incómoda sin perder del todo la faz? Aquí es donde entra la langue de bois. Veamos las modulaciones sucesivas: “Queremos celebrar un referendo sobre el Tratado de Lisboa, pero parece claramente que nos aproximamos al punto en que el tratado no será un tratado, sino una parte de la legislación europea”. ¿Y qué?, se preguntarán muchos votantes tories. “Siempre esperé que el presidente Klaus no firmaría, pero parece que los tiempos están cambiando”. Jamás condicionó el referendo a lo que hiciese o dejase de hacer Klaus. Previamente, en los Comunes, el encargado de política exterior de la oposición conservadora, William Hague, soltó el acertijo siguiente: “Esto no sería aceptable para un gobierno conservador y nosotros no dejaríamos las cosas tal cual”. ¿Qué significa “no dejar las cosas tal cual”? Vaya usted a saber. En definitiva, que no va a haber referendo si Cameron gana las elecciones y la rotundidad férrea de su compromiso electoral ha sido sustituida por la quebradiza madera de su lengua de político profesional. Como Dios escribe recto con renglones torcidos, la inconsistencia del futuro inquilino del 10 de Downing Street redundará en beneficio de todos los británicos, que se van a ahorrar un error histórico que les hubiera llevado a la ruina. 

                                                                        

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