Archivo para 19. Noviembre 2009

VIDA O MUERTE

 El número de abortos en España se ha duplicado en la última década, superando ampliamente los cien mil en la actualidad. En paralelo, muchas parejas se entregan a costosos y largos procedimientos para adoptar niños en Asia, África o Iberoamérica. La ley vigente desde 1985 jamás se ha aplicado con el debido rigor y en realidad ha sido un coladero que ha llevado a las mayores atrocidades cometidas en clínicas privadas que han hecho de la eliminación de criaturas en gestación un siniestro y rentable negocio. La respuesta del gobierno zapateril ha sido una reforma normativa en virtud de la cual el aborto es libre y a cargo de la sanidad pública en las primeras catorces semanas de embarazo, período que se puede extender a veintidós en determinados supuestos. Ante un problema que agobia a un gran número de mujeres todos los años, el socialismo en el poder ha optado por la vía más fácil y más inhumana. Si se encuentra usted, querida amiga, en dificultades porque espera un niño, el Estado la ayuda a desembarazarse de esta molestia y aquí paz y después gloria. Resulta llamativo que una fuerza política que pretende defender a ultranza los derechos de las mujeres, no haya contemplado en ningún momento ante el drama que representan tantos nacimientos truncados la posibilidad de poner en marcha políticas activas de apoyo a las mujeres gestantes que atraviesan situaciones de dificultad o desamparo. Políticas en el campo educativo, laboral y social, que en lugar de empujar a las madres en potencia a renunciar a serlo, las ayude a traer a este mundo a sus hijos. El Partido Popular ha anunciado la presentación de una proposición de ley en este sentido y es de esperar que la izquierda progresista se sume a ella dado que nada hay más impulsor del progreso y más solidario que salvar de un destino fatal a miles de incipientes seres humanos indefensos. Si, de acuerdo con las tesis del feminismo radical, abortar es un derecho, por una simple razón de elemental simetría también tener hijos ha de serlo, con la diferencia de que el primer derecho violenta la naturaleza de la mujer y el segundo la respeta. A la hora de elegir entre favorecer la vida o allanar el camino de la muerte, izquierda, centro y derecha, creyentes y no creyentes, hombres y mujeres de cualquier ideología o condición, han de inclinarse sin duda por la vida. Si gastamos enormes sumas en aliviar la suerte de los parados, de los mayores, de los enfermos y de los discapacitados, esfuerzo loable que hace de los españoles una sociedad compasiva, justa y civilizada, no parece lógico dejar abandonados a su suerte a semejantes nuestros en la etapa de su existencia en que únicamente nuestra protección puede garantizarles el más fundamental de los dones, que es emerger de la nada para abrir los ojos al misterio inagotable del universo.                                                                      

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