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CORREOS INCÓMODOS
La publicación en la red de centenares de mensajes electrónicos intercambiados entre científicos de la Unidad de Investigación sobre el Clima de la Universidad de East Anglia y colegas suyos de otros centros en el resto del mundo ha desatado un escándalo mayúsculo que puede echar abajo todo el pensamiento políticamente correcto sobre el calentamiento global. El director de dicha Unidad, el hasta hoy prestigioso experto en climatología Phil Jones, ha dimitido de su cargo abrumado por la tormenta desatada en los medios al conocerse esta correspondencia, que pone de relieve que la comunidad de investigadores defensores de la teoría del origen antropocéntrico del supuesto aumento de la temperatura media de la atmósfera en las últimas décadas ha falseado sus resultados para que se ajustasen a su tesis. Así, en estos correos, los remitentes se refieren sin disimulo a los trucos que emplean para que las series de temperaturas observadas muestren el comportamiento que confirme sus alarmistas predicciones, a las maniobras de silenciamiento que practican contra discrepantes de la ortodoxia representada por los informes del Panel Internacional sobre Cambio Climático de Naciones Unidas, a su alegría por el fallecimiento de un notorio escéptico y a su disgusto porque el Período Medieval de Calentamiento, inequívocamente confirmado por los datos experimentales y los testimonios históricos, estropea su esquema de interpretación en favor de un anómalo calentamiento reciente causado por las emisiones fruto de la actividad humana. Es indignante leer como discuten la forma de apañar las temperaturas marinas observadas para que indiquen un calentamiento superior al real, pero de forma que no se note, o como se ponen de acuerdo para escapar de los requerimientos de sus críticos, que se amparan en la legislación sobre libertad de información, para que desvelen su metodología de trabajo y los detalles sobre los modelos computacionales que emplean para alcanzar sus conclusiones prospectivas. Habrá que esperar a ver cómo acaba este inquietante suceso, aunque si se confirma, nos hallaríamos ante uno de los mayores fraudes de la historia de la ciencia, sin olvidar el componente delictivo derivado de los muchos millones de dólares de los contribuyentes destinados a proyectos realizados por los presuntos timadores. Es de suponer que el ínclito ZP debe estar angustiado ante la posibilidad de que su principal misión en esta vida, la lucha contra el calentamiento global, acabe sumiéndole en el más espantoso de los ridículos.
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5. Diciembre 2009 en 22:16
¡Qué negocio el mercado del CO2!. ¡Qué negocio el de las subvenciones en pro del calentamiento!. Y digo en pro, porque si no es favor del calentamiento, no ves un euro. Los calentólogos se realimentan unos a otros, pero uno apenas encuentra en sus disertaciones nada sobre la física solar, las emisiones volcánicas,… Hablan del “efecto invernadero” pero obvian que el planeta no es un invernadero, no está cubierto de cristal o plástico que impida la emisión de las ondas largas caloríficas al espacio, donde flotamos, en el cero absoluto, es decir, los 273 grados bajo cero.
La Tierra está en peligro de congelación permanente. Ahora se ha descubierto que un volcán de Sumatra, hace 70.000 años, cubrió con cenizas la estratosfera impidiendo llegar mucha luz solar al suelo, provocando una glaciación que duró 1.800 años y que casi acaba con la vida animal en el planeta. Esto da un idea de la velocidad a la que se puede congelar el planeta. La realidad es que con el frío, no hay cosechas.
Esperemos que los Gobiernos que tanto dinero gastan en financiar a los palmeros del CO2 (se mide en partes por millón, es casi inexistente, es el vapor de agua y el metano el que hacen ese famoso “efecto invernadero”, afortunadamente, aunque repito, no somos un invernadero), se estén preocupando también de que hacer ante un brusco bajón de temperaturas y caídas de las cosechas. Históricamente, los calentamientos del planeta, trajeron más plantas y más explosión de vida. Los enfriamientos, hambrunas y muerte. No nos olvidemos que el ser humano está hecho para el calor: por eso sudamos, para enfriarnos, no somos lobos peludos que no transpiran.