DOS MODELOS DE PATRÓN DE PATRONES
23. Diciembre 2009 por AVQ.
La palabra “patronal” para referirse al conjunto de la clase empresarial suena algo anacrónica, salvo si se dice en francés. En España, las organizaciones de empresarios, entre las que la CEOE destaca por su dimensión y representatividad, han jugado y juegan un papel extraordinariamente relevante en la articulación de nuestra vida pública. Su condición de interlocutores indispensables de los sindicatos y de los gobiernos, su capacidad de influencia en la opinión y sus valiosas aportaciones al análisis de los problemas económicos y sociales, las convierten en actores principales del escenario nacional. Por consiguiente, resulta de capital importancia que sus máximos representantes sean personas que reúnan una serie de cualidades cuya conjunción no siempre es fácil de alcanzar. El patrón de patrones ha de ser a la vez un diplomático, un comunicador, un pensador y un estratega. Su categoría profesional, moral, intelectual y humana ha de alcanzar cotas muy altas para gozar así de la necesaria autoridad sobre sus representados y del respeto y la consideración de los restantes agentes sociales, de las autoridades y de la ciudadanía en general. Todo ello indica que el acierto en la elección para tal puesto no siempre es fácil y los recientes acontecimientos que han afectado al actual presidente de la CEOE han puesto de nuevo sobre el tapete el debate en torno al modelo ideal de esta figura. Dos son los líderes patronales “tipo”, simplificando mucho el asunto. Uno es el que podríamos denominar modelo “Cuevas”, es decir, un técnico de considerable nivel y notable talla personal sin intereses empresariales directos, disponible en consecuencia para entregarse por completo a su tarea sin que sus propios negocios privados le distraigan de su cometido al frente del colectivo creador de la riqueza y del empleo. El otro correspondería al género “Díaz Ferrán”, o sea, un emprendedor de éxito y dilatada trayectoria que debe compatibilizar su trabajo de cabeza de filas de sus colegas con la gestión de un grupo de compañías de formidable envergadura. Sin duda, ambos perfiles ofrecen ventajas e inconvenientes para su trascendental misión. El conocimiento en carne propia de los problemas del empresario es una virtud en el caso que nos ocupa, pero la atención exclusiva a la organización que le ha sido confiada y la independencia respecto a otros poderes son datos positivos que no se deben infravalorar. Al final se trata de hacer una opción, con el peligro de equivocarse. Yo, a la luz de la experiencia española de las últimas tres décadas, me inclino por el modelo “Cuevas”, aunque reconozco que quizá mueve mi ánimo la admiración que siempre sentí por el que fue en vida un hombre tan singular por su visión, su insobornable honradez y su aguda inteligencia. Ahora bien, si no nos guiamos por el conocimiento que nos ha proporcionado la realidad empírica, ¿cuál ha de ser nuestra brújula?