Archivo para Enero 2010

NIEVE Y CENIZA

 La voz firme a pesar de los años y de los recuerdos desgrana en un inglés espesado por un fuerte acento centroeuropeo el relato de acontecimientos lejanos en el tiempo, pero presentes por la persona que habla y por el paisaje que la enmarca. Alrededor de David Cling, judío polaco, ochenta años de edad, superviviente de Auschwitz, una extensión desolada y brillante de nieve festoneada de alambradas y torres de vigilancia en la que los mudos barracones de ladrillo encierran el eco de los gritos de miedo, de los gemidos de angustia, de los suspiros de la resignación final. El grupo que rodea a David, miembros y funcionarios del Parlamento Europeo acompañados de algunos familiares, escuchan con la piel y el alma ateridos. Imaginan, conducidos por las palabras precisas y casi notariales de la historia, la detención en el gueto de la madre viuda y el hijo de catorce años, el viaje infernal en tren hasta el campo de exterminio, la separación desgarradora, la recomendación acompañada de golpe conminatorio en la nuca por parte de un jefe de vigilantes, también judío, de declarar diecisiete años, la pregunta fatídica del doctor Mengele, la respuesta recién aprendida, siebzehn jahre, mein herr, la sonrisa helada del monstruo indicando con un gesto desvaído de su mano enguantada la columna de hombres adultos mientras las mujeres y los niños desfilan ordenadamente hacia la zona previa al gas letal, las noches de frío glacial entre toses, gruñidos y estertores de los agonizantes, la lucha por el privilegio de rebañar el fondo de la perola viscosa, el desfile bajo el listón de madera para separar por estaturas a la hora de clasificar para la muerte inmediata o diferida, el ocultamiento en una alcantarilla, la argucia de deslizarse en un descuido del centinela en el grupo de transferidos a un centro de trabajo en Alemania, el periplo ferroviario interminable en el que cada mañana los SS entraban en el vagón para arrojar a patadas los cadáveres de los fallecidos de hambre y congelación al exterior, los traslados de una fábrica a otra, el colapso final, la huída, el encuentro con un destacamento americano, el final de la pesadilla, la vida de nuevo, la vida. En la cena oficial del día anterior, tras los discursos y el estremecedor concierto de violín de Michael Gutmann, la vicepresidenta del Parlamento de Israel, Yuli Tamir, me dice que una visita a Auschwitz cambia a las personas. Después, en el transcurso del recorrido por las instalaciones y el museo, nos detenemos ante un montón informe de zapatitos infantiles y sentimos una punzada cruel en las entrañas mientras los sollozos ahogados, incontenibles, ondulan el aire de la sala. Es cierto, el contacto directo con el espacio físico de nieve y ceniza que albergó el punto máximo de la abominación humana te cambia, y lo hace para bien. La evidencia palpable de la existencia del Mal en su máximo grado purifica y prepara para derrotarlo de nuevo porque lo que Auschwitz nos demuestra es que las tinieblas seguirán acechando, prestas a devolvernos al infierno si bajamos la guardia, aunque sea un instante, frente a su incesante ataque.                                                                         

UNA SESIÓN DE GUANTE BLANCO

 La presentación de la presidencia semestral española de la Unión Europea a cargo del Presidente del Gobierno ha transcurrido en el hemiciclo de Estrasburgo con sorprendente suavidad. ZP ha hecho un discurso hábilmente planteado de cara al auditorio que le esperaba sin demasiada expectación -de hecho dos tercios de los escaños estaban vacíos- concentrándose en los temas que sabía despertarían el apoyo mayoritario de los eurodiputados. Porque pocos de los presentes iban a oponerse a la necesidad de una coordinación más fuerte de las políticas económicas de los Veintisiete para salir de la crisis, a la bienvenida al Tratado de Lisboa y a la nueva estructura institucional que dota de mayor poder al Parlamento y al compromiso con una lucha decidida contra la violencia de género. En los demás asuntos tratados, Haití, estabilidad presupuestaria, cambio climático, inmigración, Irán…, Zapatero no se ha salido ni un milímetro de la ortodoxia comunitaria y se ha limitado a hilvanar generalidades inocuas. Algunos diputados británicos han mostrado especial virulencia en sus intervenciones en relación a los perjuicios sufridos por propietarios de viviendas en la costa española que se han visto sometidos a costosos procedimientos judiciales derivados de nuestra confusa normativa urbanística y su aplicación no siempre escrupulosa por parte de ciertos consistorios. El flamante presidente rotatorio se ha comprometido a estudiar el tema, como no podía ser de otra manera, pero este es un problema que hace un enorme daño a nuestra reputación y que requiere una reforma seria de la legislación correspondiente y una redistribución de competencias entre el Estado, las Comunidades Autónomas y los Ayuntamientos con el fin de frenar los abusos y la corrupción. Por supuesto, el punto débil de su comparecencia estaba en el lamentable balance de nuestras cuentas públicas y en nuestro aterrador nivel de desempleo, lo que le resta autoridad a la hora de hacer recomendaciones a los demás, y así se lo ha señalado el jefe de la delegación de la CDU alemana con la consiguiente incomodidad del interpelado. El PP, en boca de Jaime Mayor y Luis de Grandes, se ha mostrado comedido a la espera de los primeros resultados de esta presidencia de la que nadie espera grandes logros. No cabe duda que una fuerte agresividad del principal partido de la oposición en España hubiera estado fuera de lugar por la ocasión y por el foro en el que se ha celebrado el debate. Al final, era patente que Zapatero se ha sentido aliviado por la facilidad con la que ha superado el trance, aunque le esperan cinco meses más durante los cuales será severamente juzgado por los mismos que hoy le han concedido un cortés voto de confianza. Pronto se dará cuenta de que las técnicas de seducción a base de inventar realidades virtuales que hasta hoy le han funcionado a nivel nacional no son válidas en el plano europeo y el varapalo con el que le han acogido los principales medios internacionales es una buena muestra de lo que le aguarda si no espabila lo suficiente.                                                                                                                                   

EL COSTE DE LOS DERECHOS

Fracasado el intento de utilización de las lenguas cooficiales españolas en el pleno del Parlamento Europeo por ser financiera, política y logísticamente inviable, los nacionalistas vuelven a la carga en el Senado. Un grupo de veinticuatro senadores pertenecientes a formaciones de este signo, acompañados curiosamente de sus diez colegas socialistas catalanes, han presentado una proposición de modificación del reglamento de la Cámara Alta que en caso de prosperar transformaría a la Asamblea de la Plaza de la Marina Española en un sucedáneo de las Naciones Unidas. El despropósito es de grueso calibre porque forzar a un colectivo de ciudadanos españoles que representan a la soberanía nacional en un cuerpo legislativo asimismo nacional y que, como es lógico, dominan a la perfección su lengua común, a entenderse entre sí mediante interpretación simultánea, entra de lleno en el esperpento. En el Parlamento de Cataluña o en los municipios catalanes el idioma mayoritariamente empleado es el catalán, dado que éste es su ámbito natural de aplicación, y nadie protesta por ello. ¿En virtud de qué extraño razonamiento el criterio que vale para Cataluña no es bueno para España en su conjunto? Aparte del absurdo de esta pretensión, el coste de la misma sería considerable. El multilingüismo integral de un Senado en cuatro idiomas implicaría un gasto anual del orden de unos diez millones de euros, aparte de la inversión inicial en cabinas de interpretación, material electrónico y confección de software. Por supuesto, el único objetivo de una operación tan cara como inútil no es otro que debilitar la unidad nacional y visualizar la progresiva desaparición de España como proyecto común, tan deseada por los secesionistas. La senadora del PNV Miren Leanizbarrutia ha afirmado en el transcurso de la polémica generada por esta iniciativa que “los derechos no se pueden cuantificar y no tienen coste”. Si esta buena mujer tuviera un mínimo conocimiento de lo que representan los modernos Estados del Bienestar sabría que hay dos tipos de derechos, unos que, efectivamente, son gratuitos en términos económicos directos, como el derecho a la libertad de expresión, a la libre asociación o a la libertad de culto, y otros que requieren recursos billonarios, como el derecho a la sanidad, a la educación o a las pensiones. Mira por dónde el derecho a hablar en vascuence en el Senado -lo que requeriría por cierto que algunos senadores nacionalistas vascos lo aprendieran previamente- sí tiene coste, y muy elevado. La portavoz del PSOE ha declarado que cualquier medida en este campo requiere un consenso muy amplio y, en particular, la conformidad del Partido Popular. Si es así, estamos presumiblemente salvados.                                                                         

UNA EXPULSIÓN REVELADORA

        Desde su llegada al poder en 2004 el presidente del Gobierno ha impulsado sin descanso un cambio en la política de la Unión Europea respecto al régimen castrista. A diferencia de la línea seguida por Aznar que intentó combinar el apoyo a la disidencia, la defensa firme de los principios democráticos y el mantenimiento de una relación diplomática correcta, Zapatero siempre se ha mostrado partidario de las concesiones a la dictadura cubana, evitando cualquier gesto o actitud que pudiera incomodarla y dejando abandonada a su suerte a la oposición interna. Hasta ahora sus maniobras en el seno del Consejo Europeo para restablecer el diálogo y la cooperación sin condiciones previas no se han visto acompañadas por el éxito porque hay bastantes Estados-Miembros que todavía se niegan a normalizar una situación que no tiene nada de normal. Mientras los presos políticos sigan en la cárcel y el respeto a los derechos humanos y a las libertades civiles más elementales brillen por su ausencia, es imposible que la Unión considere al régimen totalitario caribeño un interlocutor aceptable. En este contexto, la expulsión abrupta y sin explicaciones del eurodiputado socialista Luis Yáñez, realizada contra la legalidad internacional y con absoluto desprecio al partido que representa y a la institución en la que ocupa un escaño, demuestra hasta qué punto las estrategias blandas de Zapatero son ineficaces. Lo fueron en la etapa vergonzosa de la negociación con ETA, lo han sido con Marruecos ante el problema del Sahara Occidental y con los piratas somalíes, y lo están siendo en Afganistán, donde al final nos hemos visto obligados a incrementar el número de efectivos en el área. Si bien la discusión constructiva, la flexibilidad y el pragmatismo son instrumentos valiosos para operar en la escena internacional, no es menos cierto que la claridad y el rigor a la hora de tratar con contrapartes que nos humillan y que recurren permanentemente a los hechos consumados y a la fuerza bruta son indispensables si uno desea que le tomen en serio. Esperemos que la lección de la que ha sido vehículo y víctima el eurodiputado Yáñez haya sido comprendida por nuestro Gobierno y le sea provechosa.                                                                                                                                                                                

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