Archivo para 19. Mayo 2010

INGRESOS Y GASTOS

  Los vaivenes de la crisis global han puesto en el punto de mira las cuentas públicas de algunos Estados europeos, que se han visto obligados a emprender planes de ajuste draconianos para reducir sus abultados déficits. Sin duda, los graves desequilibrios presupuestarios de estos países introducen serios problemas de solvencia en tiempos de liquidez escasa, poniendo en peligro incluso la supervivencia de la moneda común y con ello al propio proyecto de integración continental. Las consecuencias de políticas sociales, regulatorias, monetarias y fiscales dominadas por el electoralismo, la imprevisión y el cortoplacismo en muchas naciones occidentales nos han arrastrado al caos presente, cuya salida se perfila cada día más lejana y difícil. En estos momentos, el acento se pone en los dispendios de las Administraciones y junto a operaciones masivas de salvamento a cargo de los gobiernos, los bancos centrales y los organismos financieros internacionales, se obliga a los manirrotos a apretarse ferozmente el cinturón. Sin embargo, este tipo de maniobras de emergencia pueden ser pan para hoy y hambre para mañana si no van acompañadas de un tratamiento eficaz de la raíz de las dificultades que nos atenazan. Dicho con toda claridad, la transferencia del riesgo de un ámbito a otro en un frenético paso de la patata caliente entre distintas manos con la vana esperanza de que se enfríe, combinada con una austeridad más impuesta que aceptada, sólo retrasará el colapso a no ser que se hagan además otras cosas que, lamentablemente, todavía no aparecen con la suficiente determinación. Se trata, en definitiva, de actuar tanto sobre los gastos como sobre los ingresos, de acompañar el empeño en asignar el dinero del contribuyente con criterios rigurosos de eficiencia y ejemplaridad de un esfuerzo paralelo en la generación de riqueza mediante la puesta en marcha de un modelo productivo mucho más competitivo que el actual. Y este segundo objetivo requiere un conjunto de reformas estructurales que son ya inaplazables. El mercado de trabajo, el sistema financiero, la justicia, la educación, la estructura territorial del Estado, son ámbitos, entre otros, en los que España debe proceder a procesos de regeneración, rectificación y reforma de gran calado, lo que a su vez implica la articulación de ambiciosos pactos entre fuerzas políticas mayoritarias que se decidan por fin a situar el interés nacional por encima de la conveniencia de partido. Este planteamiento no será posible sin una revisión muy seria de los fundamentos morales de nuestra sociedad en la que los ciudadanos han de comprender que el desbordamiento de los derechos y la extinción de los deberes representan el camino seguro a la catástrofe. El liderazgo político que España demanda en esta etapa sombría ha de transmitir este mensaje sin vacilaciones ni complejos porque la opinión está madura para recibirlo. Ortega recomendaba estar a la altura de los tiempos a partir de la constatación de que el que no alcanza la cumbre de los desafíos de su época se ve relegado a la irrelevancia o a la condena de la Historia. 

                                                                        

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