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Archivo para 7. Julio 2010
EL ORIGEN DE NUESTROS MALES
7. Julio 2010 por AVQ.
Hace treinta años y dos años salimos de un régimen autoritario y nos dispusimos a ejercer nuestra libertad. Cuando uno es libre, lo es para el éxito y para el fracaso. Pues bien, transcurridas tres décadas, los espíritus lúcidos de nuestro país coinciden en que estamos bastante más cerca de la segunda opción que de la primera. El panorama es desalentador, desempleo masivo, fuga de capitales, cuentas públicas bordeando la quiebra, sistema educativo menos que mediocre, recesión persistente, deterioro institucional galopante, corrupción extendida, unidad nacional amenazada, tasa de natalidad bajísima, pérdida de referentes morales generalizada, déficit externo crónico y seguridad jurídica insatisfactoria. La literatura sobre las causas de esta crisis casi multiorgánica empieza a ser abundante y recuerda a la producida tras el desastre de 1898. Muchos españoles angustiados se preguntan por los motivos de esta caída en el pozo oscuro del empobrecimiento material, ético y cultural. Existen ya magníficos y certeros diagnósticos que apuntan a los errores cometidos y que proponen remedios adecuados para la educación, la justicia, la fiscalidad, la estructura territorial del Estado, la energía, las pensiones y el mercado de trabajo. Este conjunto de análisis y de propuestas surgen sobre todo de la sociedad civil, que se agita consternada ante el acelerado declive de España. Y es que puestos a señalar un culpable colectivo del actual desastre, hay que poner inevitablemente los ojos en la clase política. Nuestro país cuenta con un acervo extraordinario de grandes compañías transnacionales muy competitivas, de pequeñas y medianas empresas dinámicas e innovadoras, de artistas y científicos de gran talla, de profesionales altamente cualificados, de trabajadores autónomos laboriosos y esforzados, de millones de hombres y mujeres llenos de sentido común y de arraigados principios que luchan con denuedo cada día para sacar adelante a sus familias, y que constituyen el entramado que sostiene todavía a la Nación evitando su definitivo colapso. Nuestros políticos, en cambio, a los que hemos confiado la construcción de nuestra arquitectura institucional, la elaboración de las leyes y la administración de nuestra riqueza, no han dado la talla. Desde que nuestro sistema inició su andadura en la Transición han estado mucho más atentos a si mismos y a sus intereses corporativos y electorales que al interés general de sus conciudadanos. Han erigido un Estado elefantiásico, fragmentado e ineficiente, han creado más de un millón de empleos públicos superfluos, han caído por millares en la venalidad más obscena, han ganado las elecciones una y otra vez apelando a lo peor y a lo más bajo de la condición humana, la envidia, el egoísmo, la pereza, la codicia, el tribalismo y la búsqueda de la satisfacción inmediata, ignorando lo más excelso que anida en el alma de sus votantes, el esfuerzo, el sacrifico, la abnegación, el afán de conocimiento, la voluntad de superación y la entrega a los demás. Con demasiada frecuencia han dado un ejemplo pésimo con su comportamiento, prepotente, despilfarrador, nepotista y vanidoso. Aquellos representantes y gestores públicos, que los ha habido y lo hay en gran número, que son honrados, competentes y patriotas, no han sabido o no han podido imponer la cordura, la inteligencia y la primacía del bien común frente a la horda de aprovechados, inútiles, irresponsables y fanáticos que han acabado con nuestra prosperidad y nuestro prestigio como país. Ahí está el origen de nuestros males y mientras el conjunto de los españoles no se decida a reaccionar contra semejante casta depredadora y a poner a la cabeza de los asuntos públicos a gente competente, honesta, y preparada, seguiremos debatiéndonos en el lodo de la frustración y la impotencia.
Aleix Vidal-Quadras
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