Archivo para Agosto 2010

FIN DE VACACIONES

 La vista recorre lentamente la intimidad azul de la cala jaspeada de embarcaciones que se mecen con una cadencia calmada e inmutable. Bajo las hojas de palma seca del parasol ráfagas de brisa delicadamente salada refrescan la piel mientras el futuro enmudece, el pasado no importa y el presente se ofrece como un placer merecido. Las horas transcurren muy despacio recorriendo el arco de la trayectoria solar apenas interrumpida por nubes diminutas y esporádicas. Los niños se afanan con sus palas y cubos o chapotean dichosos entre olas inofensivas que el mar construye a su medida con espuma siempre renovada. Tras la comida en la que cada bocado se disfruta como si fuese el primero y cada trago de bebida adecuadamente fría produce una satisfacción inenarrable, el amable sopor que precede a la siesta aquieta el espíritu previamente regocijado con la lectura de una novela que es a la vez entretenida y de notable calidad literaria. El despertar es gradual y devuelve despacio a la serenidad antigua y mediterránea de un paisaje que ha esperado nuestro regreso a la conciencia con la paciencia de una madre solícita. La luz se recoge hacia el crepúsculo y el mar queda asombrosamente inmóvil, como si tratase de impedir que nos demos cuenta de que el día se acaba. La paz es total, la plenitud completa, y cualquier urgencia un recuerdo impreciso. El paraíso no es la pradera de perennes asfodelos en la que la sombra del cazador persigue a la sombra de la corza eternamente ni la vasta planicie de pastos feraces en la que innumerables búfalos esperan la flecha definitiva ni la interminable alfombra cuajada de perlas sobre la que se ondulan las caderas de las vírgenes que solazan al creyente ni el cielo pálido que sobre los fiordos alberga a las recias valkirias que esperan impacientes al fiero guerrero caído en combate ni la contemplación ajena al tiempo y al espacio del fulgor indescriptible en el que se funden el origen y el fin ni la quietud inalterada del nirvana ajeno a todo dolor y a todo deseo. Nada de eso es el paraíso. El paraíso es, sin el menor género de dudas, una hamaca.                                                                      

EL CORÁN EN LA ZONA CERO

         La polémica sobre la construcción de una gigantesca mezquita junto a la Zona Cero transcurre llena de pasión, pero sobre bases equivocadas. El principio de libertad de culto, uno de los grandes logros de las sociedades abiertas, no está en discusión y, por consiguiente, el argumento de que oponerse a un monumental templo islámico en una determinada ubicación de Manhattan significa una falta de respeto a la libertad religiosa carece de rigor. Aquí se trata de si ese concreto emplazamiento, exactamente en el espacio físico y simbólico del más atroz atentado suicida del fundamentalismo islámico, resulta apropiado en términos políticos, morales y psicológicos. Dentro del escrupuloso cumplimiento del principio de libertad de creencias, habrá cosas cuya realización sea adecuada y otras que no. Pues bien, este proyecto concreto es pura y llanamente un disparate. El terrorismo suicida es una modalidad específica de este tipo de crimen que obedece a motivaciones muy especiales. Los etarras, sin ir más lejos, también asesinan a gente inocente e indefensa, pero jamás arriesgan su propia vida. De hecho, han renunciado a determinados ataques porque no ofrecían la suficiente seguridad para ellos. Los miles de suicidas que han muerto en nombre de Alá en mercados, embajadas, discotecas, hoteles o cualquier punto en el que el daño causado fuera lo bastante espectacular y extenso, buscaban la muerte y su sacrificio es invariablemente un componente esencial de la operación. La explicación es, obviamente, de orden religioso. Un terrorista agnóstico o ateo, como es el caso de los miembros de ETA, persigue con sus horribles delitos objetivos de este mundo, la independencia del País Vasco, el socialismo igualitario, u otros absurdos de gran calibre, y su horizonte temporal se circunscribe al calendario de su existencia terrenal. El integrante de Al-Qaeda que hace volar su cuerpo transformado en bomba rodeado de mujeres, niños y pacíficos viandantes, trabaja en otra escala de percepciones y de valores, la que dimana de un Libro Sagrado en virtud del cual se le exigirán cuentas durante toda la eternidad. Su inmolación no tiene como causa principal la pobreza, la injusticia, el odio o la demencia, sin negar que alguna o varias de estas circunstancias pueden jugar un papel en ciertos individuos. No debemos olvidar que una mayoría de terroristas suicidas islamistas son gente acomodada, de familias estables, con estudios secundarios o superiores y emocionalmente equilibrados, tal como han demostrado las numerosas investigaciones sobre este colectivo por parte de los servicios de inteligencia occidentales o por departamentos de psiquiatría de máxima solvencia científica. La maldad de sus acciones no es tal para sus autores que, imbuidos de su fe en un futuro trascendente y luminoso, detonan los explosivos con el fin de sumergirse para siempre en una felicidad sin fin. Pues bien, si el origen de uno de los peores horrores que hoy padece la humanidad está en las enseñanzas de un ardiente profeta que predicó en Arabia hace catorce siglos, facilitar que su voz resuene precisamente en el escenario de una de sus masacres más apocalípticas no parece la forma más indicada de respetar a las víctimas y a sus deudos ni la señal más inteligente hacia nuestro más implacable enemigo. 

                                                        Aleix Vidal-Quadras

TRABAJO PARA MORATINOS

 En el pueblo de Paiziorad, distrito de Qadis, provincia de Bagdhis, en el noroeste de Afganistán, los talibán reunieron a los lugareños el domingo pasado para que asistiesen a un acontecimiento de carácter pedagógico y cívico. Sacaron a la plaza a Bibi Sanubar, viuda embarazada de treinta y cinco años y le pegaron tres tiros en la cabeza. Previamente la habían encarcelado y arreado doscientos latigazos para que se fuera enterando. Este expeditivo castigo se correspondía al horrible crimen cometido por la ejecutada: haber sostenido relaciones íntimas siendo viuda, pecado puesto en evidencia por su estado gestante. Hay que señalar que la provincia de Bagdhis es un área asignada al contingente español de la ISAF en la que nuestra Agencia de Cooperación Internacional al Desarrollo lleva adelante varios proyectos para mejorar la situación de las mujeres. Este suceso ilustra la absoluta necesidad de seguir impulsando la Alianza de Civilizaciones, idea brillante donde las haya, que nos cuesta una fortuna, y que lideran dos espíritus preclaros, el primer ministro turco, que troqueló la sugestiva metáfora de los minaretes como bayonetas, y el ínclito Zapatero, descubridor de la reapertura de fosas comunes como método de reconciliación. La Alianza se basa en el diálogo entre representantes de culturas distintas, sustentadas en sistemas de valores opuestos e incompatibles, para ir acercando posiciones y profundizar en el conocimiento mutuo. Por ejemplo, es obvio que el jefe del grupo talibán que ha asesinado en la plaza pública a Bibi Sanubar necesita una conversación distendida con algún enviado del Gobierno socialista español para ir desmontando prejuicios. La empresa no parece fácil de entrada, pero es cuestión de perseverar. Al fin y al cabo, hablando se entiende la gente y el ambicioso objetivo de la Alianza de Civilizaciones es precisamente la construcción de una síntesis fecunda entre la ideología talibán y el concepto de sociedad abierta, un hermoso híbrido de Bin Laden y John Locke, por expresarlo de manera sencilla. Por supuesto, el mundo está lleno de aguafiestas que consideran que este tipo de planteamientos es una pérdida de tiempo, además de una idiotez, y que propugnan que los talibán sean derrotados mediante el uso de la fuerza con el fin de que no sigan asesinando viudas embarazadas y poniendo bombas en el metro de Londres o en la estación de Atocha. Afortunadamente, existen estadistas insignes, como el que hoy habita La Moncloa, para perseverar en la admirable misión de juntar a grandes felinos y corderos para que elaboren sus intereses comunes, agradable cónclave en el que naturalmente el pastor y el perro guardián están de más. Dado que Moratinos no será ministro de Asuntos Exteriores eternamente, un puesto idóneo para sacar el máximo partido a sus probadas habilidades sería el de promotor de la Alianza de Civilizaciones en el distrito de Qadis, noroeste de Afganistán. Y es que el movimiento se demuestra andando.                                                                         

EL TRIPARTITO Y LA BONDAD NATURAL

La demencial prohibición de las corridas de toros en Cataluña ha hecho correr mucha tinta en estos días y ha incrustado un nuevo clavo en el ataúd electoral del tripartito. Sin embargo, la obsesión por la protección animal llevada al absurdo se extiende a otros campos de actividad que, aunque menos conocidos por el gran público, también afectan a las aficiones y gustos de muchos miles de catalanes. Son bien conocidas, en este contexto, las pésimas relaciones del Departamento de Medio Ambiente de la Generalidad con el colectivo de cazadores, a los que mortifica continuamente con todo tipo de trabas y restricciones. Existe una modalidad de captura de pequeñas aves, tales como el pinzón, el verderón y el jilguero, que se conoce como silvestrismo, totalmente incruenta, que tiene como finalidad la selección de ejemplares especialmente dotados para el canto con el propósito de que concursen en certámenes que reúnen a numerosos aficionados que disfrutan con la belleza de los trinos. Los pájaros ganadores reciben trofeos y estos encuentros son una magnífica muestra de disfrute musical, convivencia fraternal y cultivo de una centenaria tradición muy arraigada en determinadas comarcas del Principado. La correspondiente federación cuenta con unos ocho mil inscritos. El método utilizado no puede ser más respetuoso con la integridad física del pájaro ya que consiste en colocar una cruceta de madera impregnada de una sustancia adhesiva en la copa de un arbolillo y atraer a las presas con reclamos de miembros de su misma especie. Posteriormente, se limpia el ave con todo esmero con un disolvente inocuo y en las semanas siguientes se observan sus dotes canoras. Si no da la talla, se le libera. Si posee un trino de calidad se le cuida con mimo y se le presenta a los concursos que se convocan al efecto. En fin, un entretenimiento inofensivo, propio de amantes del medio natural y fuente de todo tipo de placeres estéticos y de cordiales relaciones personales. Pues bien, el comando totalitario liderado por Montilla, Carod y Saura ha puesto en su punto de mira represivo al silvestrismo, que se propone proscribir. El pretexto es la normativa europea sobre protección de aves, pero esta legislación comunitaria deja un amplio margen a la subsidiariedad que permitiría perfectamente esta práctica en España. La izquierda doctrinaria cree en la bondad intrínseca de los seres humanos y en el ideal del estado de naturaleza, lo que no le impide recluir tras alambradas a los discrepantes o, en versiones menos agresivas, fastidiar a todo aquel que no comulga con sus delirios. Los ocellaires catalanes son sus próximas víctimas, como lo han sido recientemente los aficionados a los toros. Es ya una cuestión de higiene mental aprovechar las inminentes elecciones autonómicas para enviar a semejante pandilla de aguafiestas a su casa para que incordien únicamente a sus familias y amistades íntimas, si es que éstas les aguantan, cosa más que dudosa.

 

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