Archivo para 17. Noviembre 2010

PLEBEYEZ

    La subsecretaria del Ministerio de Medio Ambiente, Felicidad Montero, sufrió el pasado día diez del mes en curso  un accidente que pudo haber sido muy grave. Iba la alta funcionaria  hablando con la ministra Rosa Aguilar en su trayecto hacia el ascensor para acudir juntas al Congreso cuando  al llegar a la puerta del mismo se precipitó al vacío porque la caja no estaba en su lugar por mantenimiento. Sobre este doloroso percance, del que hay que desearle una rápida recuperación, cabe llevar a cabo dos reflexiones. La primera es que el servicio técnico que tiene su cargo los ascensores de ese departamento está formado por ineptos cuya negligencia irresponsable a la hora de tomar las necesarias medidas de señalización y de limitación de acceso al hueco en reparación estuvo a punto de provocar una tragedia. Es de suponer que se habrán dilucidado y sancionado debidamente las correspondientes responsabilidades. La segunda se refiere a las variadas y siempre negativas consecuencias de la plebeyez, es decir, la aversión a la excelencia, el rechazo al reconocimiento de las diferencias de nivel y de función y la creencia estúpida de que la jerarquía es sinónimo de desigualdad injusta. Como es lógico en un ministerio, existe un ascensor de uso preferente de su titular, que es escoltado en sus desplazamientos desde y hacia el mismo por un ordenanza que le abre la puerta y está atento a cualquier incidencia que pueda surgir. El ordenanza no hace eso porque esté sometido a nadie, sino porque ésta es una de sus muchas tareas dentro de la compleja estructura ministerial y responde a la consideración y respeto que, incluso a nivel simbólico, se presta al ministro o a la ministra de turno. Llevada de su igualitarismo cerril y doctrinario, una de las primeras instrucciones que Rosa Aguilar dio al tomar posesión de su nuevo cargo fue que no deseaba ser acompañada por ordenanza alguno ya que utilizaría los ascensores comunes al resto del personal. Si no hubiera cometido semejante tontería, su subsecretaria se habría ahorrado un enorme susto y heridas de consideración. En este mundo no todos somos iguales, hay profesores y hay alumnos, hay padres y hay hijos, hay empresarios y asalariados, hay directores de orquesta y segundos violines, hay ministros y hay ordenanzas. Y un orden social viable radica en que cada cual sea tratado como lo que es y cumpla competentemente con su cometido porque en el momento en que se implanta la nivelación hacia abajo, aparece la miseria y el caos y las subsecretarias se caen por el hueco del ascensor. La plebeyez, por supuesto, no está ligada necesariamente a una renta más saneada o más modesta  o a una titulación académica más alta o más rudimentaria. La plebeyez es un estado del espíritu y desde esta perspectiva la ministra Aguilar es una irrecuperable y vulgar plebeya. 

                                          

|