Archivo para 24. Noviembre 2010

PATÉTICO ZP

             La imagen de José Luis Rodríguez Zapatero dando vueltas como un pato mareado buscando su sitio en la foto de familia de la cumbre de la OTAN en Lisboa es un perfecto reflejo de la situación que atraviesa España, que no sabe ni dónde está ni adónde va en manos de este gobierno de aficionados y de ineptos. Una nación de la importancia de la nuestra no puede estar pilotada por un individuo que no sabe que España en inglés es Spain y que intenta colocarse en el lugar de Estonia, en inglés igual que en español, Estonia. Una cosa es la mayor o menor coincidencia ideológica con un jefe del Ejecutivo y otra es que los españoles sintamos vergüenza cada vez que este paleto ignorante sale fuera de nuestras fronteras. Por supuesto que tenemos derecho a un gobierno que no nos engañe sobre la crisis, sobre el Sahara Occidental, sobre sus negociaciones con ETA y sobre el verdadero nivel del déficit. Pero por encima de consideraciones morales, técnicas y políticas, tenemos derecho a un gobierno que no nos haga sonrojar frente al resto del mundo. Es urgente aprobar una ley orgánica en virtud de la cual no se pueda entrar en La Moncloa ni ser investido por las Cortes sin un test previo de cultura general, de rudimentos de inglés, de nociones elementales de economía (por ejemplo, saber lo que es el EURIBOR) y de capacidad psicotécnica con pruebas del tipo ( 1, 1, 2, 4, 8, 16,      , 64, 128…), llene el hueco con el número que falta. Una precaución tan elemental hubiera impedido que ZP nos llevase a la ruina y al descrédito en tan sólo siete años de disparates continuos. La bochornosa anécdota de Lisboa nos cubre de ridículo y nos acerca aún más a la intervención por parte de la Unión Europea porque los mercados jamás confiarán en un   país que ha votado mayoritariamente a semejante incapaz. Su legitimidad de origen es indiscutible, pero su legitimidad de ejercicio ha desaparecido. Si le quedara un asomo de patriotismo, un vestigio de decoro, un resto de sentido de la responsabilidad, disolvería el Parlamento y convocaría elecciones para dar a sus conciudadanos la oportunidad de reparar sus destrozos y recuperar el rumbo que él ha perdido hace tiempo. Vana esperanza, es de esa clase de personas que prefiere que se hunda todo antes de reconocer su incompetencia. ¿Qué habremos hecho para merecer esta terrible desgracia? 

                                                                                   

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