Archivo para 4. Mayo 2011

GUERRA CONTRA EL TERROR

                                                        

         La brillante operación “Jerónimo”, que ha acabado con la vida de uno de los mayores monstruos que ha dado la especie humana, ha suscitado un intenso debate público sobre la legalidad de la misma. La incursión del comando norteamericano en un país extranjero sin su autorización, por una parte, y los disparos a matar sobre un hombre desarmado, por otra, han sido los puntos principales de la discusión. Gaspar Llamazares, en su incontenible simpatía por la subversión violenta propia de sus raíces ideológicas, ha llegado al punto de calificar de terrorismo de Estado la eliminación por los SEAL de Osama Ben Laden. Sin embargo, conviene distinguir entre la acción de las fuerzas de seguridad contra la delincuencia común, sujeta a las garantías constitucionales imperantes en las democracias occidentales, y la guerra, que se rige en el marco del derecho internacional por una normativa específica. Cuando la policía procede al arresto de un delincuente, aunque éste sea el peor y más repulsivo asesino en serie, debe procurar no infligirle daño físico, leerle sus derechos, permitir que le asista un abogado y ponerlo a disposición judicial en el plazo previsto por la ley. En cambio, en la guerra, prácticas como la emboscada, el bayonetazo por la espalda, el uso de cualquier medio de destrucción buscando la máxima mortalidad en el campo adversario o el engaño, son perfectamente legítimas. Por supuesto, también existen límites en los conflictos bélicos. Así, el hacer fuego sobre tropas desarmadas que se rinden, los bombardeos indiscriminados prescindiendo del número de víctimas civiles o la tortura de prisioneros, están prohibidas por la Convención de Ginebra. En este contexto, la cuestión crucial es si la lucha de los Estados Unidos contra Al Qaeda debe clasificarse como una guerra o como un combate contra el crimen organizado, del estilo del narcotráfico o del comercio de seres humanos. Parece claro que el enfrentamiento entre la nación norteamericana y la red fundamentalista dirigida por el difunto Ben Laden corresponde a una guerra y como tal ha de ser entendido y desarrollado. Un enemigo exterior fuertemente armado cuyo objetivo explícito es la aniquilación de los Estados Unidos ha llevado a cabo ya numerosos ataques con el resultado de la muerte de miles de sus ciudadanos, lo que excluye su consideración como simple delincuente para entrar de lleno en la misma categoría que se le atribuyó justamente a la Alemania nazi o al Japón imperial tras Pearl Harbour. Desde esta perspectiva, le neutralización definitiva de la cabeza visible del terrorismo islamista global merece los mayores parabienes y ha de ser acogida con satisfacción por cualquier persona decente. Es de esperar que los carniceros etarras sean conscientes de la suerte que han tenido al ser incluidos por el Estado español en el grupo de los meros transgresores de la legalidad vigente y como tales disfrutar de todos los derechos que nuestro ordenamiento asegura incluso a los criminales más contumaces y crueles. Si hubiéramos escuchado sus pretensiones de formar parte de un ejército de supuesta liberación y les hubiésemos aplicado las reglas de la guerra, hoy seguramente habrían dejado de ser un problema.

 

 

                                                        ©Aleix Vidal-Quadras                                                                                  

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