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Archivo para Junio 2011
DEMOLICIÓN DEL ESTADO
30. Junio 2011 por AVQ.
El candidato Rubalcaba, según se ha filtrado, se propone incluir entre sus propuestas programáticas una fuerte reducción de nuestras ya escuálidas fuerzas armadas. Figuramos entre los miembros de la OTAN que menos gastan en defensa y en los últimos tres ejercicios presupuestarios la contracción para este capítulo ha sido del 16%. Nuestros ejércitos cuentan hoy con un total de 130000 soldados, marineros, suboficiales y oficiales. Italia, por si sirve de comparación, tiene a 290000 de sus ciudadanos enrolados en filas. En cuanto a material, las restricciones también son notables y muchas unidades encuentran serias dificultades presupuestarias a la hora de renovar su armamento y sus equipos, sobre todo si se considera el elevado precio de la sofisticad tecnología que utilizan en la actualidad las tropas de los países avanzados. Entre las cifras que barajan los asesores de Llamadme Alfredo, se habla de llegar hasta una disminución de un tercio de nuestros efectivos. Parece ser, según se rumorea, que un tajo tan severo a nuestra capacidad de defensa tendría como objetivo electoral congraciarse con ese ejemplo de sensatez que son los indignados del 15-M y complacer a la progresista Bildu, futura socia del Químico Prodigioso para construir una gran coalición de izquierdas que frene en las urnas y en la calle al centro-derecha neoliberal y cavernícola. Este proyecto de la nueva esperanza oscura del socialismo poszapaterista es totalmente coherente con la trayectoria del Gobierno desde 2004, una continua labor de demolición del Estado en sus partes más vitales, la justicia, el territorio, el erario y la lengua. Si ahora debilitamos las fuerzas armadas hasta convertirlas en inermes, España estará lista para desaparecer. Cuando el propósito de un dirigente de larga experiencia que aspira a la presidencia del Gobierno es la destrucción de su propia nación en colaboración con los elementos más corrosivos, marginales y delirantes de la sociedad, parece obvio que la política al uso no sirve. La realidad es que uno de los dos grandes partidos está en manos de gentes que han decidido ser enemigas abiertas de la mayoría de españoles, tanto de derechas como de izquierdas, que quieren vivir unidos en paz, prosperidad y seguridad. Frente a un hecho tan estremecedor como evidente, no sirve de nada esconder la cabeza bajo el ala y fingir que todo es normal. Las cosas no son en absoluto normales en España desde hace tiempo, de hecho son disparatadas, alarmantes e intolerables. La oposición ha criticado, con razón, la negativa de Zapatero a reconocer la existencia de la crisis económica, actitud irresponsable que nos ha llevado a la presente ruina. Lo mismo se dirá en el futuro de los que ahora se resisten a abrir los ojos a la gravedad de la amenaza que gravita sobre España y siguen, como la orquesta del Titanic, desgranado dulces melodías mientras la nave se hunde en el océano.
©Aleix Vidal-Quadras
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CRISIS Y CULTURA CÍVICA
27. Junio 2011 por AVQ.
La agonía de la zona euro pendiente del problema de la deuda griega se está volviendo interminable y el comisario Olli Rehn ha declarado que los ciudadanos del sur se están cansando de sufrir los efectos de las reformas y los del norte de pagarlas. Esta fatiga se manifiesta en forma de protestas en la calle y de la aparición de movimientos confusos que proponen medidas descabelladas o que practican la violencia contra los políticos. La Europa de la crisis parece un moscardón que pretende salir de una habitación atravesando una ventana cerrada. Una y otra vez aletea furioso contra el cristal hasta que los sucesivos golpes le agotan y dan con él en el suelo. Las causas y los responsables de esta situación lamentable son bien conocidos. Sociedades acostumbradas a vivir por encima de sus posibilidades y a reclamar derechos olvidando sus obligaciones y gobiernos despilfarradores y frívolos más atentos a sus intereses electorales que a la gestión eficiente del dinero público. Todo ello nos lleva a una conclusión deprimente: nuestra cultura civil ha degenerado hasta el punto de que la moral colectiva no es capaz de afrontar los esfuerzos y los sacrificios necesarios para competir en la economía globalizada y de que las instituciones y las leyes carecen de la fuerza requerida para atajar los abusos y promover los comportamientos y los hábitos acordes con las exigencias de estos tiempos. Si la raíz de nuestras dificultades es cultural, habrá que dar la batalla en el campo de las ideas y de los ideales, si los fallos se encuentran en nuestra arquitectura institucional y normativa, habrá que reconstruirla. Imaginemos que las escuelas enseñan valores e inculcan costumbres tendentes a formar hombres y mujeres honrados, abnegados, austeros y laboriosos, que los medios de comunicación audiovisuales proponen modelos de vida ejemplares por sus virtudes y resaltan los males derivados de la pereza, la corrupción, el egoísmo o los excesos, que en el discurso de los creadores de opinión abundan las llamadas a la autoexigencia, al reconocimiento del mérito, al respeto a los compromisos y al altruismo y que los transgresores del ordenamiento vigente o los que exhiben modos de existencia obscenos, derrochadores o inciviles son objeto del rechazo ostensible de sus conciudadanos y de la prensa. Imaginemos también que la Constitución y su derecho derivado castigan severamente a los gestores que manejan imprudentemente los recursos que les han sido confiados, que las administraciones tienen prohibido por ley superar determinados techos de gasto, que los salarios se ligan a la productividad y al beneficio empresarial, que los jueces son nombrados de tal manera que su independencia queda protegida, que los representantes y los representados están ligados por un vínculo real, que los partidos políticos son verdaderamente democráticos y que los mecanismos de selección de líderes hacen máxima la probabilidad de que los mejores lleguen arriba y mínima la de que lo hagan los peores. Imaginemos, en definitiva, una convivencia organizada sobre una igualdad de oportunidades conseguida a partir de una libertad de opciones y un clima social en el que la venalidad, la incompetencia, la codicia y la mentira sean severamente sancionadas hasta hacerlas poco atractivas. Como en la célebre canción, imaginemos sin descanso y luchemos sin desmayo para que estas estimulantes construcciones mentales vayan impregnando las conciencias y dibujando un nuevo marco que sustituya al actual deterioro.
©Aleix Vidal-Quadras
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INTELIGENCIA Y MORAL
16. Junio 2011 por AVQ.
En su obra fundamental, La sociedad abierta y sus enemigos, Karl Popper establece el vínculo entre la capacidad de entender el mundo y la de distinguir el bien del mal cuando afirma que la decisión de organizar la vida en sociedad mediante un orden racional contiene un profundo significado moral. Por eso el nacionalismo identitario es una doctrina perversa en la medida que su descarada irracionalidad pulveriza las bases éticas de sus pretensiones políticas. Los juegos siniestros de Zapatero con ETA ofrecen una perspectiva muy iluminadora de la visión popperiana de la relación entre inteligencia y moral. El espectral presidente que hoy arrastra su patética figura por los pasillos de un palacio de La Moncloa en el que ulula el viento de la derrota, concibió su repulsivo “proceso de paz” sobre dos premisas: primera, si la banda renunciaba a la violencia gracias a su habilidad negociadora y a su talante seráfico, los españoles, henchidos de agradecimiento, le perdonarían su manifiesta incompetencia, y le volverían a votar; segunda, una ETA pacificada y domesticada permitiría la creación de un amplio frente de izquierdas pilotado por el PSOE que integraría a los nacionalistas de este signo impidiendo así la llegada del centro-derecha al poder hasta la consumación de los siglos. Este planteamiento totalitario y plagado de riesgos sólo podía caber en una cabeza de luces extraordinariamente limitadas dado que no está en la naturaleza del proyecto etarra la aceptación de las reglas democráticas ni el abandono de las pistolas. Al final, el resultado de la irreflexiva pirueta zapateril ha sido que una ETA armada y operativa ha regresado a las instituciones y se dispone a manejar mil millones de euros del erario en los próximos cuatro años mientras sus matones, como hemos visto estos días, siguen amedrentando y coaccionando a los que se resisten a sus delirantes propósitos y vulnerando la ley a cara descubierta retirando banderas nacionales y exhibiendo victoriosamente orlas de rostros criminales. Ni ETA ha rectificado ni el presidente del Gobierno ha conseguido salvarse del desastre electoral. Zapatero ha rendido el Estado democrático a los terroristas a cambio de nada. Queda pues demostrado, como luminosamente expuso el maestro vienés, que la suprema imbecilidad constituye asimismo la máxima maldad. El conocido dicho de que no hay nada peor que un tonto activo es la versión popular de la fina intuición filosófica del gran epistemólogo y científico social cuyo esclarecedor enfoque queda confirmado por este episodio de idiotez e infamia.
©Aleix Vidal-Quadras
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DE LA TRANSICIÓN A LA REVISIÓN
10. Junio 2011 por AVQ.
Los graves problemas que aquejan a España en los ámbitos económico, social e institucional son de tal naturaleza y alcance que no se arreglarán con un cambio de Gobierno que implique únicamente una gestión más competente, honrada y eficiente. El mal es profundo, de raíz, estructural, y exige reformas y cambios de considerable calado. Citaré algunos ejemplos notorios. Cuando la Comisión Europea reclama a nuestro país el control severo de los tremendos déficits y endeudamientos de muchas Comunidades Autónomas, nos está diciendo que necesitamos una redistribución de competencias entre las instancias centrales y las Autonomías y el establecimiento de mecanismos coercitivos mediante los cuales el Ejecutivo central pueda meter en vereda a unas autoridades regionales irresponsablemente pródigas. Pues bien, eso no se hace con una mejor forma de gobernar o con hipotéticos acuerdos voluntarios de las partes implicadas, sino que requiere cirugía constitucional o, como mínimo, la aplicación rigurosa de preceptos de nuestra Carta Magna que jamás han sido utilizados. Otro caso flagrante lo encontramos en las reiteradas llamadas de Bruselas a Madrid para que se ponga en marcha una nueva legislación laboral que acabe con los convenios territoriales y sectoriales que ignoran la realidad de las empresas e implante un contrato único con una cláusula de rescisión que no sea prohibitiva para el empleador. Tampoco semejantes medidas son factibles sin un pacto de Estado o sin un coraje y una autoridad moral sobresalientes de los futuros gobernantes. Y qué decir del imprescindible replanteamiento que demandan nuestros sistemas educativo, energético o de justicia, sometidos todos ellos a tal nivel de deterioro que el responsable político que pretenda devolverles la calidad, la competitividad y el rigor que ahora les falta, se verá obligado a transformarse en un titán sobrehumano. La pregunta que un gran número de ciudadanos se plantea es si la clase política actual alberga todavía la reserva de determinación, de voluntad, de valentía y de patriotismo que una empresa tan formidable solicita. Pronto lo sabremos. Si después de las próximas elecciones generales, los dos grandes partidos nacionales, el ganador y el que pasará a la oposición, saben estar a la altura de estos tiempos turbulentos, actuarán en consecuencia. Si no es así, la Nación colapsará, seremos intervenidos, la gente se lanzará a la calle y surgirá un nuevo orden tras el caos en el que los protagonistas serán otros e imperarán reglas distintas. El precio a pagar por esta convulsión regeneradora será alto y los traumas que se produzcan tardarán en curar. Solemos lamentarnos de que nadie vio venir el desastre financiero que alumbró la presente crisis. No es cierto. Hubo algunos analistas aislados que lo anunciaron. Nadie les escuchó en el fragor de la fiesta, con las consecuencias que aún sufrimos .En referencia al inmediato futuro de España, no digo yo que seamos multitud, pero hace tiempo que suenan unas cuantas voces que insisten en las advertencias. No hay oficio más ingrato que el de profeta.
©Aleix Vidal-Quadras
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LA CÓLERA DEL REY
2. Junio 2011 por AVQ.
La explosión malhumorada del Rey ante unos periodistas que se interesaban ayer educadamente por su salud en el transcurso de un acto en al palacio de La Zarzuela ha suscitado numerosos comentarios en los medios. La implacable inmediatez de la red ha permitido a millones de españoles asistir a este desahogo de Don Juan Carlos, hecho con su habitual franqueza y espontaneidad. No cabe duda que uno de los efectos secundarios de los achaques -y el Jefe del Estado padece unos cuantos por su edad y por los numerosos percances derivados de su intensa actividad deportiva a lo largo de muchos años- es la irritabilidad. Cuando uno no se encuentra bien y experimenta molestias y dolores es más proclive a manifestar enfado y eso es exactamente lo que le ha pasado a nuestro monarca. Esa tensión agria se podía haber descargado sobre un colaborador de su Casa, sobre algún familiar próximo o sobre su peluquero, pero les ha tocado a los informadores, que se han mostrado comprensivos. La atención creciente a la condición física del Rey no deriva de la mera curiosidad por todo lo que atañe a figura tan querida y conocida, sino que está estrechamente ligada al futuro de la Institución que encarna. España tiene la suerte de contar con un Heredero perfectamente preparado y capaz de asumir el relevo en el momento requerido. La pregunta que surge es si la forma en que Don Felipe ejercerá sus altas funciones en el futuro será distinta a la de su augusto padre y cuál será la interpretación que el hoy Príncipe de Asturias hará de sus competencias constitucionales. Porque si bien nuestra Norma Suprema es muy precisa a la hora de definir los cometidos del Rey en determinados aspectos, quedan zonas abiertas a la interpretación. ¿Qué significa “arbitrar y moderar”? Juan Carlos I ha entendido su papel, una vez culminada la ingente tarea de la Transición, de manera extraordinariamente prudente y ha demostrado un exquisito cuidado en mantener su neutralidad política, hasta el punto de haber sido acusado en ocasiones de pasividad. Cuando la Nación se ve gravemente dañada en su unidad o en su economía por la actuación de gobiernos irresponsables o manifiestamente incompetentes o cuando se dictan leyes que afectan a cuestiones morales fundamentales con enorme riesgo de vulnerar libertades, derechos y convicciones de amplios sectores de la sociedad, ¿Es recomendable que la Persona que ocupa la cúspide del Estado y que representa la cohesión y la continuidad de la Nación permanezca impasible o cabe una aplicación más imaginativa y comprometida del Título II de la Carta Magna? El Rey puede hablar, puede hacer gestos, puede estar presente o no en este o aquel lugar en tal o cual ocasión, puede llamar a su despacho discreta y reservadamente a políticos, empresarios, sindicalistas, profesionales liberales, académicos, expertos reconocidos de un campo concreto o creadores de opinión para solicitar su visión de los asuntos trascendentes para la vida nacional. Y tras escuchar, está entre sus prerrogativas manifestar inquietudes, señalar peligros, formular advertencias y marcar orientaciones. El rey no legisla, ni gobierna, ni juzga, pero puede, y un gran número de ciudadanos creen que debe, influir, sin desbordar por supuesto los límites que le impone nuestro ordenamiento. El recuerdo del exceso de intromisión de su abuelo en la política, con consecuencias claramente negativas para la monarquía y para el país, es muy posible que pesen en el ánimo del actual titular de la Corona y le aconsejen la máxima autocontención. Sin embargo, los tiempos cambian aceleradamente y no hay que descartar que Felipe VI se incline en su día por un estilo más activo y más incisivo. Ojalá acierte al elegir su camino porque de su buen hacer y de su recto criterio dependerá en gran medida nuestro destino colectivo.
©Aleix Vidal-Quadras
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