Archivo para Julio 2011

EL MAL NO PREVISTO EN EL GUIÓN

  EL MAL NO PREVISTO EN EL GUIÓN

 

Las democracias liberales europeas  están orgullosas de su sistema de derechos y libertades y de sus humanitarios códigos penales. La pena de muerte está abolida y los ciudadanos gozan de una amplia protección legal frente a posibles abusos del poder político. La policía no puede entrar en un domicilio o grabar una conversación telefónica sin una orden judicial e incluso los peores criminales comparecen ante tribunales imparciales y disfrutan de asistencia letrada para su defensa. La máxima pena de cárcel excluye la cadena perpetua y hay Estados Miembros de la Unión Europea en los que un condenado por atrocidades inenarrables puede salir de prisión al cabo de quince o veinte años después de haber sido alimentado, alojado y cuidado razonablemente por el Estado. Se parte del supuesto de que todo ser humano es portador de dignidad intrínseca y que esta verdad moral le es aplicable con independencia de cuál sea su nivel de maldad, de crueldad o de perversión. Un etarra con una docena de asesinatos a su espalda puede acabar de vecino de la madre o la esposa de una de sus víctimas que se ven obligadas, tres o cuatro lustros después de la comisión del horrible delito que las privó de su hijo o de su marido, a cruzarse con el monstruo todos los días perpetuando así su sufrimiento salvo que elijan trasladarse de barrio o incluso de ciudad para huir del horror renovado que la legalidad les impone. Nos hemos acostumbrado a estas dolorosas paradojas, a controlar nuestra indignación y a aceptar que la superioridad excelsa de nuestras exigencias éticas compensa el dolor y la rabia que experimentamos al asistir a este tipo de situaciones lacerantes. Sin embargo, hay episodios dantescos en los que el mal se sale del guión de la obra que estamos habituados a representar y nos sume en una perplejidad que rebasa nuestros esquemas. El 11-S en Nueva York fue una de esas ocasiones, la matanza de la isla de Utoya ha sido otra. Al contemplar las alfombras de flores, leer los carteles con frases conmovedoras en las manifestaciones y escuchar las declaraciones políticamente correctas de gobernantes impotentes, es imposible no pensar en la expresión utilizada por Anders Breivik para referirse a los que percibe como débiles y entregados ante la ofensiva islamista: “comadrejas” es el término empleado por el matarife noruego con el fin de extremar su desprecio. Una vez localizadas las comadrejas, lo lógico en su mente enferma y sanguinaria es acabar con ellas. Un individuo que planea cuidadosamente los detalles de una masacre de este calibre y es capaz de matar fríamente a ochenta personas, una a una, sin parar, rematándolas concienzudamente, pertenece a una categoría en el terreno de la maldad que requiere una seria reflexión. Cabe intuir que la afirmación temblorosa de que la respuesta ha de ser más democracia no aporta una respuesta completa. En primer lugar, no somos comadrejas, en segundo, entre el ojo por ojo y comportarse como un mustélido huidizo, debe haber un punto de equilibrio. Quizá ha sonado la hora de darse cuenta que las hienas liquidadoras de imaginarias comadrejas van dejando pistas antes de sacar los colmillos, pululan por la red, pertenecen a organizaciones, hablan aquí y allá, y bastaría observar con un cierto ánimo preventivo para detectarlas y actuar. Admitido que no somos comadrejas, tampoco es imprescindible ser mártires.

 

 

Aleix Vidal-Quadras

ARBITRARIEDAD IDEOLÓGICA

 Una de las obsesiones de la izquierda post-industrial es la igualdad de género, que se ha convertido en el caballo de batalla ideológico de muchos partidos socialistas europeos. El PSOE de Zapatero ha constituido un ejemplo notorio de esta corriente imparable, que ha generado algunas leyes intensamente intervencionistas con efectos perturbadores en el normal desenvolvimiento de la vida social y económica. Me encuentro estos días en una de las islas baleares intentando reponerme de las fatigas de una jornada laboral media de setenta horas semanales durante once meses al año -justo el doble, mira por dónde, del baremo fijado con admirable visón de la productividad por la hoy candidata presidencial francesa Martine Aubry en su etapa de gobierno- y ello me conduce a la lectura de la prensa local, que encuentro de lo más interesante. Así he conocido que uno de los planes del hexapartito, afortunadamente abortado por el resultado de las pasadas elecciones del 22 de mayo, era una Ley de Igualdad autonómica absolutamente espeluznante. De acuerdo con este proyecto normativo, un nuevo totalitarismo amenazaba con implantarse en el archipiélago en virtud del cual no habría paso dado por la Administración o por los servicios públicos a cualquier nivel que no fuera tutelado, dirigido y controlado por un conjunto de órganos específicos encargados de velar por la susodicha igualdad. La Ley preveía la creación de un Observatorio para la Igualdad, una Comisión del Gobierno para la Igualdad, un Consejo para la Igualdad de Género y un Consejo para la Participación de la Mujer, sin olvidar mantener y reforzar el Instituto Balear de la Mujer. Una pesadilla formada por impulsores de políticas de igualdad se disponía a invadir escuelas, hospitales, empresas e instituciones diversas, mientras la obligatoriedad de introducir evaluaciones de impacto sobre la igualdad en toda la legislación hubiera deteriorado aún más la competitividad de una Comunidad ya muy castigada por la reciente etapa socialista-pancatalanista. Imaginemos por un momento que, tras los próximos comicios generales, un Ejecutivo central del PP llevase a las Cortes una Ley de Garantía de Mérito que dictase que para ser nombrado ministro, presidente de Comunidad Autónoma o miembro de un órgano constitucional del Estado, los posibles candidatos deberían someterse a un test psico-técnico que asegurase su estabilidad emocional y un coeficiente intelectual mínimo, una prueba de cultura general, un examen de inglés elemental y otro de rudimentos de economía. Sin duda se consideraría tal pretensión disparatada, discriminatoria y absurda, y sus proponentes serían ridiculizados y escarnecidos en los medios. Pues bien, la misma arbitrariedad ideológica informa una hipotética ley de garantía de mérito como la descrita y una ley de igualdad como la preparada por Antich y sus secuaces en sus postrimerías y tan legítimo es el principio de mérito para ocupar cargos públicos como el de igualdad de género. La diferencia es que el primero no ha adquirido la eficacia como arma ideológica que ha alcanzado el segundo porque la izquierda suele imponerse en la batalla de las ideas por su prepotencia y agresividad y por la desidia,  el acomplejamiento y la inseguridad de su adversario. En la confrontación democrática por diseñar la buena sociedad el campo en el que se decide el resultado es el cultural y es ahí donde hay que concentrar el esfuerzo con la vista puesta en el largo plazo. Del enemigo, el consejo o, lo que es lo mismo, hay que releer a Gramsci.

 

 

                                   ©Aleix Vidal-Quadras

GALGOS O PODENCOS

        Alemania y Holanda siguen insistiendo en que la banca privada ha de participar en el segundo rescate de Grecia, pero ni concretan en qué forma ni acaban de imponer su punto de vista al resto de miembros del Eurogrupo. Reunión tras reunión, declaración tras declaración, rabieta tras rabieta, la incertidumbre crece y las primas de riesgo se disparan en España e Italia. Sólo faltaba el espectro de ZP lanzando junto a Van Rompuy serias admoniciones a Alemania para que “asuma su responsabilidad en el proyecto europeo”. ¿Y la suya? ¿Qué responsabilidad ha demostrado el Gobierno español que preside en la gestión de la crisis a lo largo de los últimos tres años? Pasividad inicial hasta extremos suicidas, medidas keynesianas contraproducentes a continuación, arrastre de pies ante la necesidad de reformas, reducción del déficit mediante recortes dónde más duele mientras continúa incrementándose el empleo público y las Autonomías campan por sus respetos, incapacidad de modernizar de una vez el mercado laboral, estos son los méritos que puede esgrimir este inútil a la hora de dar lecciones a Merkel, cuya irritación está alcanzando niveles peligrosos. Por supuesto, en la presente situación de desplome de los bonos periféricos, los alemanes hacen su agosto. ¿O es que alguien cree que la política europea se rige por reglas angelicales? Socios sí, pero no primos, es la norma de aplicación en el Ecofin, y nosotros sin norte ni Gobierno y representados en Bruselas por un paleto con audífonos jugando a gran figura de la escena europea. Sin embargo, cuando todos vamos en el mismo barco o nos salvamos o nos hundimos conjuntamente y hemos llegado a un punto en que hay que tomar decisiones, mejores o peores, pero sin dilación, porque el tiempo juega en contra de Europa. Ya basta de galgos o podencos, de eurobonos sí o eurobonos no, de reestructuración de la deuda griega explícita o implícita, de flexibilizar o no el Fondo de Estabilidad Financiera o de doblar su volumen o dejarlo como está. Son las vacilaciones, las dudas y los quiebros los que nos están matando. Monnet, Schumann, Churchill, Adenauer, de Gaulle, Kohl, resucitad, os necesitamos.  

 

                                       ©Aleix Vidal-Quadras

OBSESIONES NACIONALISTAS

        Diversos medios han destacado estos días que he sido el único eurodiputado catalán que no me he sumado a la enmienda presentada por el resto de mis paisanos en la Eurocámara para eliminar la palabra “oficiales” en el artículo del Reglamento sobre etiquetado de alimentos que establece que los Estados Miembros podrán estipular que la información en el envase de un producto se haga en “una o más lenguas oficiales de la Unión Europea”. El motivo de tan peregrina pretensión es mantener la posibilidad hoy en vigor en nuestro descabellado sistema autonómico de que en Cataluña se etiquete únicamente en catalán. Es decir, que lo que les molesta a mis queridos compañeros no es que se impida el etiquetado en catalán, cosa que la norma no hace, sino que se suministre la información al consumidor en castellano. Por tanto, su afán no se centra en la defensa de nuestra venerable lengua vernácula, empeño loable y comprensible, sino en la supresión del detestado idioma español de los recipientes y envoltorios en los que se comercializan embutidos, frutas, verduras, aceites, arroces, conservas variadas, cereales, lácteos y demás apetitosas ofertas de la potente industria agroalimentaria del Principado. He de reconocerles y agradecerles que ni siquiera me propusieran añadir mi nombre a tan gloriosa iniciativa, seguramente porque ya conocen cual habría sido mi respuesta. Para mayor ridículo de esta tropilla tribal, la ocurrencia en cuestión ha sido declarada inadmisible por la Presidencia del Parlamento por no cumplir ninguno de los supuestos que deben satisfacer las enmiendas presentadas en segunda lectura. No sólo son excluyentes y fanáticos, además  son incompetentes por desconocimiento del Reglamento. En fin, otra jornada para olvidar del comando identitario catalán en Bruselas, que no se cansa de deteriorar la imagen de una región europea que fue en otros tiempos ejemplo de creatividad, innovación y apertura, y que tras treinta años en manos de los nacionalistas malvive ahogada por el déficit, endeudada hasta las cejas y exhibiendo una de las tasas de paro más altas del continente.

 

 

                                        ©Aleix Vidal-Quadras

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