Ha accedido a los PROHIBIDO PISAR LAS FLORES archivos del weblog del día 1. Septiembre 2011.
- Autonomías (17)
- Economía (13)
- Nacionalismo (15)
- Personajes (21)
- Temas internacionales (1)
- Temas sociales (20)
- Uncategorized (52)
- Unión Europea (14)
- Varios (26)
- 18. Mayo 2012: EL CEPO GRIEGO
- 16. Mayo 2012: EL FRACASO DE LOS GRANDES PARTIDOS
- 26. Abril 2012: DESFACHATEZ E IMPUNIDAD
- 18. Abril 2012: CRISIS Y COMUNICACIÓN
- 12. Abril 2012: ESTAMOS TOCANDO HUESO
- 2. Abril 2012: REFLEXIONES EN UN TEATRO VACÍO
- 22. Marzo 2012: EL ESTADO VISIBLE
- 15. Marzo 2012: LIBERALES DE BOQUILLA
- 8. Marzo 2012: DICHOSAS CUOTAS
- 1. Marzo 2012: LA UNIÓN EUROPEA ES UN BUEN NEGOCIO
- Mayo 2012
- Abril 2012
- Marzo 2012
- Febrero 2012
- Enero 2012
- Diciembre 2011
- Noviembre 2011
- Octubre 2011
- Septiembre 2011
- Agosto 2011
- Julio 2011
- Junio 2011
- Mayo 2011
- Abril 2011
- Marzo 2011
- Febrero 2011
- Enero 2011
- Diciembre 2010
- Noviembre 2010
- Octubre 2010
- Septiembre 2010
- Agosto 2010
- Julio 2010
- Junio 2010
- Mayo 2010
- Abril 2010
- Marzo 2010
- Febrero 2010
- Enero 2010
- Diciembre 2009
- Noviembre 2009
- Octubre 2009
- Septiembre 2009
- Agosto 2009
- Julio 2009
- Junio 2009
- Mayo 2009
- Abril 2009
- Marzo 2009
- Febrero 2009
Archivo para 1. Septiembre 2011
LOS PELIGROS DE LA INTUICIÓN
1. Septiembre 2011 por AVQ.
El debate suscitado por la reforma constitucional exprés y monográfica acordada por los dos grandes partidos ha hecho aflorar cuatro posiciones en el arco parlamentario, la de los que apoyan la iniciativa porque la creen necesaria y conveniente, la de los que no la comparten pero la votarán para seguir saliendo en la foto, la de los que se oponen porque consideran que limitar el déficit equivale a reducir las políticas sociales y la de los que, aunque reconocen la bondad del equilibrio fiscal, rechazan el procedimiento seguido por antidemocrático y exigen un referendo. Los primeros tienen razón, los segundos son doblemente condenables por equivocados y por serviles, los terceros siguen sin entender los mecanismos de creación de riqueza y empleo y los cuartos merecen simpatía en su error, que es de bulto. Sobre los que aciertan -esta vez-, sobre los que son indignos además de cortos y sobre los que son cortos y dignos no haré ningún comentario ulterior a estas alturas de la crisis, más que nada por fatiga. Me centraré en la cuarta categoría, en la que figuran personas que me inspiran afecto y con las que coincido en muchas cosas relevantes. Sus voces, tan sinceras como dañinas en esta ocasión, han pronunciado expresiones preñadas de dureza como “atropello antidemocrático”, “imposición”, “democráticamente ilegítimo”, “chapuza” y “devaluación de la Constitución”, mientras insistían en pedir una consulta popular. Veamos. La reforma responde a uno de nuestros principales problemas, que es el exceso de gasto público, como admite cualquier cabeza sensata, pero presenta una nota característica y decisiva, su urgencia. La apertura de un proceso plebiscitario introduciría un retraso que no nos podemos permitir y una incertidumbre que en estos momentos sería suicida. El camino seguido no es chapucero ni dictatorial, estriba en la aplicación estricta del artículo 167 de la Constitución, precepto al que por cierto habrá que recurrir en el inmediato futuro para arreglar los demás desaguisados que con vehemencia y tino condenan mis amigos democráticamente sensibles. Cuando llegue el caso no tengo duda de que bendecirán la existencia de esta previsión constitucional. La afirmación de que ya figuran en la Carta Magna y en las leyes instrumentos para garantizar la ortodoxia presupuestaria, viniendo de gentes que se han secado la boca de denunciar el nuevo Estatuto catalán, barbaridad jurídica y política que nadie ha querido o sabido impedir, suena poco consistente. En otras palabras, que más vale que incorporemos a la Constitución todos las defensas que podamos contra la irresponsabilidad, la ignorancia o el oportunismo de gobernantes circunflejos y la voracidad y el fanatismo de jefecillos tribales.
Hay quién goza de una notable capacidad intuitiva, ventaja nada despreciable. Sin embargo, la intuición no sirve siempre. El ecuador terrestre tiene una longitud de 40000 kilómetros. Si le preguntamos a un intuitivo cuánto se separaría una cuerda ecuatorial de la esfera terrestre si le añadimos un metro nos dirá que una distancia inapreciable. Pues bien, la separación es de casi dieciséis centímetros, como prueba un sencillo cálculo. Los asuntos serios no pueden ser abordados exclusivamente a base de entusiasmo, carisma e intuición. Requieren racionalidad, análisis detallado, rigor y unos ligeros conocimientos de geometría.
© Aleix Vidal-Quadras
Publicado en Uncategorized | Imprimir | 10 comentarios »