Archivo para 11. Enero 2012

ALEMANIA NO ABRE LA BOLSA

 No son pocas las voces que desde los atribulados países del sur de Europa claman por que Alemania relaje su política de extrema ortodoxia presupuestaria y se lance a estimular la demanda mediante grandes inversiones en infraestructuras, en educación, en sanidad, en defensa y en otros programas de gasto. En definitiva, ya que la locomotora europea está en perfecta forma con cuentas públicas saneadas, evolución positiva del PIB, altas tasas de empleo y prima de riesgo prácticamente negativa, se le pide que tire del tren con mayor brío y entusiasmo, ayudando así a sus socios comunitarios prisioneros de la recesión. Al fin y al cabo, se razona, la inestabilidad de la zona euro es también un problema grave para la economía alemana y si al final la moneda común colapsa, Alemania será la primera perjudicada. Estos cantos de sirena keynesiana resultan inútiles ante la firme determinación germana de mantener su línea de austeridad y conseguir déficit cero en 2016. Lo que los gobernantes italianos, españoles, portugueses y griegos han de entender es que el Bundesbank y la señora Merkel, con el beneplácito de su ciudadanía, han fijado de manera inconmovible la terapia a aplicar para colocarles en la senda virtuosa del equilibrio fiscal y las reformas estructurales. Su planteamiento es tan simple como severo: sólo el verdadero sufrimiento hará que los pródigos meridionales se disciplinen, trabajen, sean competitivos, ahorren, estudien e inviertan. Se trata de la vieja receta de “la letra con sangre entra”, de probada eficacia en las escuelas anteriores a la LOGSE. Los alemanes guardan tres recuerdos históricos que explican su actual devoción por la Virgen del Puño, a saber, la crueldad de Francia y el Reino Unido en sus exigencias de compensaciones tras la Gran Guerra, el estancamiento que sufrieron en los setenta del pasado siglo coincidiendo con una política fiscal muy expansiva y el escaso rendimiento obtenido del billón de euros que trasvasaron a la Alemania del Este a partir de la reunificación. Su condición de gatos escaldados respecto a las alegrías presupuestarias les lleva hoy a imponer sin miramientos su modelo puritano al resto de socios comunitarios. Por tanto, éstos pierden su tiempo si esperan un cambio de actitud de Berlín, que les mantendrá sometidos a un monacal régimen de lentejas, que o las tomas o las dejas. Y si elevan el tono de su queja la respuesta que recibirán será irrefutable: no os lamentéis, que es por vuestro bien.

 

                                      Aleix Vidal-Quadras

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