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SERÉIS COMO DIOSES: LA AGENDA IDEOLÓGICA DE LA IZQUIERDA POST-COMUNISTA

 

 

Puede consultarse la conferencia en http://www.vidal-quadras.com/o_files/conferenciateruel16042010.pdf

Décimo aniversario de la fundación del Círculo Balear

Intervención del Vicepresidente del Parlamento Europeo, Alejo Vidal-Quadras, en Palma de Mallorca el 11 de febrero de 2010 en la celebración del décimo aniversario de la fundación del Círculo Balear

 

Querido Presidente del Círculo Balear, queridos amigos y amigas:

Es una gran satisfacción participar una vez más en las actividades del Círculo Balear, una asociación benemérita -y nunca mejor dicho lo de benemérita que esta noche- que ha desarrollado desde su fundación hace ya una década una labor extraordinaria en defensa de los derechos y libertades de los ciudadanos de las Baleares y de todos los españoles.

            Vivimos tiempos oscuros y confusos en los que hemos de invertir grandes esfuerzos, como hacen los socios del Círculo Balear, en luchar por lo obvio. Y no hay signo más alarmante en una sociedad que verse obligado a pugnar por lo evidente, a fatigarse todos los días hasta la extenuación en pelear por cosas que son simple y claramente naturales y que nadie debería poner en duda o en riesgo.

            ¿Es o no natural y evidente que en un Estado democrático de Derecho una familia pueda educar a sus hijos en la lengua oficial de ese Estado?

            ¿Es o no abrumadoramente cierto que una Nación dividida -ahora que están de moda las citas bíblicas- será destruida, y que lo mejor para todos los españoles es reforzar lo mucho que nos une  y no exacerbar obsesivamente lo que nos puede separar?

            ¿Es o no una prueba de sensatez y buen gobierno no gastar más de lo que se ingresa?

            ¿Hay alguien que merezca el nombre de humano que niegue su humanidad a una criatura también humana en la etapa de su existencia en la que está más indefensa y necesita por tanto toda nuestra protección?

            ¿Alguien en su sano juicio se atrevería a discutir que hemos de destinar con carácter absolutamente prioritario los recursos comunes a proporcionar las mejores condiciones materiales, técnicas y de seguridad a aquellos que se juegan constantemente la piel por preservar la nuestra de asesinos y de criminales?

            ¿Tiene algún sentido que se aprueben normas que permiten que adolescentes de catorce o quince años puedan organizar huelgas en sus institutos de secundaria o entrar en las farmacias para poner en grave peligro su salud física y moral sin conocimiento ni autorización de sus padres?

            Y la lista podría seguir sin detenerse a lo largo de esta noche, la letanía interminable de evidencias negadas, de medidas tomadas contra la lógica más elemental, de vulneraciones flagrantes de aquellos principios y valores básicos que vertebran una sociedad y la hacen viable y vivible.

            Por eso, queridos amigos y amigas, hemos de movilizarnos, hemos de mantenernos despiertos y alerta y no caer en la resignación ni en la cobardía ni el escepticismo.

            Hay causas, causas nobles, verdaderas, enaltecedoras y justas por las que merece la pena combatir sin desmayo y no importa que a veces este propósito implique soledad, incomprensión o dolorosos sacrificios.

            En la España actual, inmersa en una crisis profunda y múltiple, una crisis que amenaza nuestro bienestar, nuestra unidad, nuestra solvencia económica y moral y nuestras instituciones, una crisis que nos arrastra imparable al espacio sombrío del fracaso o de la irrelevancia, tenemos el insoslayable deber patriótico y la obligación ética de recuperar nuestra ambición, de reencontrar nuestro rumbo y de regenerar nuestro espíritu.

            Por eso hemos acudido de nuevo a la llamada del Círculo Balear para celebrar con su presidente, con sus socios, con sus muchos amigos y por supuesto con los premiados en la presente edición de sus galardones, su décimo cumpleaños.

            Son entidades como el Círculo, emanadas valiente y espontáneamente del núcleo más sano y vigoroso de la sociedad civil las que necesitamos hoy más que nunca, las que nos devuelven, con su coraje y con su ejemplo, la fuerza y la esperanza.

            Muchas felicidades, querido Jorge, que cumpláis muchos más al servicio de las Baleares y de España entera.

ESTADO DE EMERGENCIA

   Una inmensa mayoría de españoles de todas las adscripciones ideológicas coincide en un diagnóstico desesperado y sombrío: la situación es insostenible, vamos a la ruina total, hay que hacer algo… Estos comentarios y otros similares se multiplican en las barras de los bares, en las sobremesas familiares, en los despachos empresariales, en las tertulias radiofónicas y en las columnas de los analistas políticos. El Estado no sólo se descompone aceleradamente -el tripartito catalán condena a la quiebra a los exhibidores de cine a la vez que anuncia que se propone suprimir de un plumazo las provincias-, sino que además por cada nueve euros que ingresa gasta quince. La presidencia española de la Unión Europea es un conjunto de vaciedades y de patinazos que provoca la crítica ácida o la burla descarada de la prensa internacional. Sobre nuestra deuda planea una desconfianza creciente de los mercados que incrementa el servicio a la misma empeorando el déficit galopante que padecemos. El Gobierno da trompicones sacando un conejo tras otro de la chistera, una ley de economía sostenible que es un chiste, un retraso en la edad de jubilación que no puede mantener ni un día tras su lanzamiento, un plan de austeridad que no se cree nadie, un pacto para la educación después de haberla degradado a conciencia hasta extremos lamentables, y todo ello mientras en el seno de su propio partido, que se rebela ante una dirección errática que le conduce a la derrota, silban vientos de fronda cada vez más fuertes. Es un hecho incontestable que España no aguantará hasta 2012 semejante sangría de sus recursos ni el acelerado cuarteamiento de su unidad nacional. Por consiguiente, es imprescindible detener esta caída hacia el abismo, prejubilar a Zapatero, convocar elecciones generales, formar un Ejecutivo de gran coalición que nos saque de la postración y devolver a la sociedad la esperanza y la energía que ahora le faltan. ¿Cómo tirar adelante estas urgentes medidas con la celeridad requerida? La moción de censura es imposible, una renuncia de ZP implicaría que le queda algún resto de decoro, hipótesis más que improbable, una rebelión interna en el PSOE que nos libere del incapaz que nos arrastra al desastre, impensable. Tan sólo, tenue esperanza, un amplio y potente movimiento de protesta protagonizado por la sociedad civil que generase en la calle una irresistible presión que obligase a los dos grandes partidos a actuar conjuntamente, podría tener algún efecto. La pregunta es si en nuestro cuerpo social quedan todavía reservas de patriotismo, de instinto de conservación y de dignidad suficientes para que tal fenómeno regenerador se produzca. Interrogante dramático, angustioso, decisivo.

 

 

                                              Aleix Vidal-Quadras                             

 

 

ESPAÑA EN CRISIS: ¿ALTERNANCIA O ALTERNATIVA?

  

 (Conferencia pronunciada en Valencia por el Vicepresidente del Parlamento Europeo,  por invitacion del club de Encuentro Manuel Broseta)

Puede consultarse en http://www.vidal-quadras.com/o_files/espanaencrisis.pdf

     

TRADICIÓN GOLPISTA


En un texto reciente de su blog personal, Josep Lluis Carod recupera sin ningún pudor la tradición golpista de su partido. Al afirmar que el futuro de Cataluña no lo decidirá ningún tribunal constitucional, sino el propio pueblo catalán, desprecia la legalidad vigente y nos comunica que lo que vale al final es la imposición por la fuerza de los hechos consumados. Nadie debe asombrarse de este tipo de planteamientos subversivos de un responsable gubernamental perteneciente a Esquerra Republicana, formación que en dos ocasiones, en abril de 1931 y en octubre de 1934, demostró su carácter totalitario, revolucionario y violento, al rebelarse contra el ordenamiento entonces en vigor e intentar, aunque sin éxito, proclamar unilateralmente la independencia de Cataluña desde la Generalitat. Para Carod y sus secuaces el pacto de la Transición no ha existido nunca y por supuesto el honor a los compromisos adquiridos es un concepto ajeno a su conciencia. Cuando el vicepresidente del gobierno catalán nos dice que si la tan dilatada sentencia del Tribunal Constitucional les es favorable, la aprovecharán para seguir en su senda secesionista, y que si les es adversa, le darán la vuelta, lo que nos está advirtiendo es que cualquier intento de integrar a los nacionalistas en un proyecto común está condenado al fracaso y que la persistencia en ir ampliando las concesiones a tenor de sus crecientes exigencias sólo conduce a la frustración. Sus pomposas apelaciones a la lucha del pueblo catalán por las libertades ignoran que los catalanes gozan ya de todos los derechos democráticos propios de los sistemas constitucionales modernos y que los únicos que limitan gravemente dichas libertades son los gobiernos nacionalistas al situar la identidad por encima de otros valores superiores como la igualdad, la autonomía individual, la solidaridad y la justicia. Por supuesto hay que agradecerle su brutal sinceridad, que pone en evidencia su convicción de que frente a su propósito disgregador no va a encontrar una resistencia seria. Ha llegado por tanto la hora de que los dos grandes partidos nacionales reaccionen y pongan en sus sitio a una gente cuyo poder real no va mucho más allá de sus bravatas.

 

 

                                                                                                                                                                                               Aleix Vidal-Quadras  

CRISIS DE ESTADO Y CRISIS DE SISTEMA: LA HORA DE LA RECTIFICACIÓN

(Extracto de la intervención del Vicepresidente del Parlamento Europeo, Alejo Vidal-Quadras, en el acto conmemorativo de la Constitución de 1978 celebrado en el Ayuntamiento de Yecla el 6 de diciembre de 2009)

 

-El seis de Diciembre de 1978, hace hoy exactamente treinta y un años, los españoles, en ejercicio de su voluntad soberana se dieron a si mismos una Ley de leyes que nació en un clima de reconciliación, de esperanza, de generosidad y de patriotismo.

 

-La Constitución de 1978 fue un pacto inédito en nuestra historia contemporánea, como una convergencia de intenciones y un conjunto de coincidencias y renuncias en la que cada uno de los participantes, partidos políticos, agentes sociales, mundo académico, Iglesia, Fuerzas Armadas, representantes del régimen que fenecía y dirigentes de la oposición hasta entonces en el exilio o la clandestinidad.

 

-Los españoles vivimos durante la Transición un sueño enfebrecido de exaltación colectiva. Superados por fin, nos dijimos, nuestros seculares conflictos, redimida para siempre la sangre de nuestros enfrentamientos fratricidas, podíamos aspirar a ocupar un lugar destacado entre las democracias occidentales, el que nos correspondía por nuestra cultura, nuestra historia y nuestra vocación europea.

 

-Un sueño extraordinario, del que ahora, tres décadas más tarde, hemos despertado para asistir con dolor y con indignación a una pesadilla en la que la cohesión se ha vuelto división, la generosidad mezquindad, la ecuanimidad sectarismo, el afecto aversión y la esperanza desánimo.

 

-Nos hallamos inmersos en una crisis que no afecta a este o aquel aspecto de nuestra vida pública, sino que es de sistema, estructural, que socava los pilares que sostienen el edificio del Estado y envenena el alma de nuestra venerable Nación.

 

-En lugar de estar aquí reunidos para festejar un triunfo, nos vemos forzados a reflexionar sobre una derrota, la derrota del espíritu de la Transición, que agoniza en estos días herido de muerte por una combinación letal de irresponsabilidad, frivolidad, sectarismo, oportunismo, relativismo e incompetencia.

 

-O somos capaces de afrontar la verdad, por dura y decepcionante que sea, o la persistencia en el error nos condenará sin remisión al desastre.

 

-La primera conclusión a asumir es que el principal objetivo político del Estado de las Autonomías no se ha cumplido. Se llevó a cabo con un propósito fundamental: la integración de los partidos nacionalistas y la pacificación de los conflictos catalán y vasco. Como respuesta al gigantesco esfuerzo institucional, presupuestario y político que ha significado el desarrollo del Título VIII de la Constitución, los grupos nacionalistas en Cataluña, en el País Vasco y en Galicia no sólo no han atemperado su agresividad secesionista, sino que la han intensificado con el paso del tiempo a medida que su control de sus Autonomías respectivas se iba consolidando.

 

-Además, su capacidad de apuntalar en el Congreso al gran partido nacional en situación de mayoría relativa, consecuencia de una ley electoral que les viene otorgando la condición de bisagra, les ha permitido ir avanzando en la consecución de más y mejores herramientas de poder político y financiero que se han apresurado a utilizar para poner en marcha implacables programas de ingeniería social en los campos de la educación, la cultura, la lengua y los medios de comunicación conducentes a erosionar los vínculos emocionales y psicológicos de las sociedades que rigen con el resto de la sociedad española y a perseverar en el intento obsesivo de destruir el sentimiento de pertenencia de sus administrados a la matriz nacional común. No se puede dar mayor deslealtad e ingratitud que la mostrada por parte de los que ahora a través de un editorial conjunto escrito por encargo reclaman con un cinismo escandaloso el respeto a un acuerdo que ellos llevan un cuarto de siglo vulnerando. La idea de que un carnívoro se vuelve vegetariano si se le rodea de herbívoros es biológicamente infundada y políticamente suicida, suicida para los herbívoros lógicamente.

 

-La prueba conclusiva e incontestable de este triste aserto es el nuevo Estatuto de Cataluña. Seguir operando en la creencia de que todavía es posible que los nacionalistas desistan de su empecinamiento en liquidar a España como Nación y en dinamitar el ordenamiento constitucional vigente es alimentar en vano una quimera.

 

-El segundo punto que quiero dejar bien sentado es que después de la aprobación del nuevo Estatuto de Cataluña, que en términos prácticos es una reforma constitucional espuria, ilegítima y tramposa en dirección confederal, ya nada volverá a ser como antes. Y eso con independencia de cuál sea la sentencia del Tribunal Constitucional.

 

-Si el Partido Popular resultase vencedor de las próximas elecciones generales sin conseguir la mayoría absoluta y su dirección nacional intentase garantizar su estabilidad parlamentaria mediante un pacto con los nacionalistas, el centro-derecha español experimentaría una convulsión cataclísmica a la que no sobreviviría, por lo menos en su configuración actual.

 

-Una tercera tesis que destaca inevitable a estas alturas es la de que el Estado necesita una renovación profunda y amplia que corrija las muchas ineficiencias, inconsistencias y disfuncionalidades generadas a lo largo de treinta años de desarrollo autonómico. Durante mucho tiempo se ha aceptado como un principio indiscutido que la descentralización es buena en sí misma y que a mayor número de competencias transferidas a las Autonomías, más bienestar y mejores servicios para los ciudadanos. Esta es una apreciación tan simple como falsa.

 

-Se ha repetido hasta la saciedad como un mantra autocomplaciente que el Estado autonómico ha contribuido decisivamente a la dinamización económica y social de regiones desfavorecidas o históricamente marginadas. Sin embargo, si se observan las cifras de convergencia de la renta per cápita de Extremadura, Castilla-La Mancha, Galicia y Andalucía respecto de la media nacional, su evolución entre 1985 y 2003 refleja o aumentos muy leves o disminuciones asimismo poco relevantes. Curiosamente, la voracidad competencial bajo la égida nacionalista en Cataluña no se ha traducido para nada en una mejora de su posición relativa, sino más bien al revés. Hoy pagamos la nómina de más de tres millones de empleados públicos y no se puede decir que los administrados estén mucho mejor servidos que entonces, salvo que los parámetros para evaluar la calidad de vida de los españoles sean el número de lenguas que hablan, la cantidad de ellos que viven de la política, la multiplicación de casos de corrupción urbanística o la proliferación de barreras administrativas y normativas que perturban la unidad de mercado y hacen su vida más incómoda.

 

-Y un cuarto y último asunto antes de finalizar mi intervención y proponer una agenda de salida al marasmo en que nos debatimos. Es absolutamente indispensable que en las cúpulas de los dos grandes partidos nacionales se produzca un cambio conceptual en relación a los partidos nacionalistas y su papel en nuestro sistema político. Los nacionalismos de raíz étnico-lingüística, que erigen la identidad en valor supremo por encima de la libertad, la igualdad y los derechos fundamentales de los individuos no pueden ser considerados piezas normales del sistema y aliados ocasionales cuando las circunstancias lo requieren. Es imposible, aparte de masoquista, gobernar una Nación de la mano de aquellos cuya prioridad explícita es destruirla.

 

-Mientras los máximos responsables de los dos grandes partidos sigan percibiéndose mutuamente como enemigos irreconciliables y a los nacionalistas como socios de conveniencia, la arquitectura institucional, jurídica y política nacida del pacto civil de 1978 está abocada al derrumbe.

 

-La conjunción de esta ceguera autoimpuesta y de la aparición de castas políticas locales ávidas de estatus, poder y notoriedad, de una ley electoral que infla la representación nacionalista en el Congreso, de la presión secesionista de los particularismos catalán y vasco, del principio de emulación en las restantes Comunidades y de la falta de solidez doctrinal de las burocracias cooptadas de los dos grandes partidos, nos han arrastrado irremisiblemente a la tormenta perfecta en la que escora patéticamente un Tribunal Constitucional desarbolado.

 

-Existe una línea de acción política capaz de dar respuesta a los gravísimos problemas en que estamos inmersos y que esta orientación estratégica es factible porque cuenta con una amplísima base social de españoles de diversas adscripciones ideológicas que desean fervientemente seguir siéndolo. Y a ellos hay que dirigirse, a ellos hay que apelar de directa y sinceramente, llamándoles a apoyar una ambiciosa agenda de regeneración institucional y ética y de reformas valientes de nuestra economía.

 

-De cara a las elecciones de 2012, nuestra última oportunidad antes del colapso que se avecina, el Partido Popular, y ahora hablo como vocal de su Comité Ejecutivo Nacional, ha de comprometerse a renunciar a cualquier pacto con los partidos nacionalistas y a tender la mano al Partido Socialista, tanto si obtiene una mayoría absoluta en el Congreso como si ésta es sólo relativa, para sellar con el centro-izquierda nacional  un pacto de Estado para reformar la Constitución de tal manera que la Nación recupere la cohesión, el Estado se fortalezca y los nacionalistas sean neutralizados con carácter definitivo.

 

-Esta reforma no es una entelequia. Ha sido elaborada con rigor y precisión por un grupo de entidades cívicas coordinadas por Santiago Abascal y por mí mismo y presentada públicamente en octubre de 2007, coincidiendo en su práctica totalidad con la propuesta por el Aula Política del Instituto de Estudios de la Democracia de la Universidad San Pablo-CEU y ofreciendo bastantes puntos de proximidad con el dictamen del Consejo de Estado de noviembre de 2006 en respuesta a una consulta del Gobierno al respecto.

 

-Basta ya de la insistencia enfermiza en exacerbar lo que nos separa y nos divide, basta ya de conceptos retorcidos como federalismo asimétrico, Estado plurinacional en red y demás zarandajas insidiosas, basta ya de magnificar agravios, reavivar litigios y desempolvar espectrales derechos medievales, basta ya de jugar con la obviedad de la España plural. Pasemos de la defensiva a la ofensiva, del apaciguamiento a la firmeza, de la concesión al cumplimiento de la ley. Creedme, si nos imbuimos de este espíritu, no solo ganaremos sino que además disfrutaremos a rabiar porque no cabe mayor placer que pararle educadamente los pies a un insolente.

 

-Proclamémoslo alto y claro, el concepto de España dibujado en la Constitución de 1978 no es discutido ni discutible, es diáfano: la Nación ilustrada, de ciudadanos libres e iguales, marco protector de derechos y libertades y espacio de solidaridad y de continuidad histórica. Esa y no otra es la España constitucional, esa y no la nación étnica cultivadora neurótica de la identidad, la Nación moderna, civil y democrática frente al conglomerado informe de clanes aborígenes al que los nacionalistas y su aliado de La Moncloa quieren rebajarnos. No hay comparación entre estas dos opciones, sepamos explicarlo sin timideces ni complejos y los españoles elegirán bien.

 

-Espero haberme explicado de manera entendible y transparente. Se ha cumplido el tiempo de la Constitución de 1978 y para salvar su alma hemos de darle músculo a su cuerpo. Es hora de empezar una nueva etapa de la historia de España,  no nos resignemos a chapotear en el charco insulso de relativismo disolvente, hedonismo fácil, ecologismo dogmático y pacifismo pusilánime en el que nos encontramos desde hace cinco años.

 

-Somos una gran Nación occidental y tenemos mucho que aportar a un siglo XXI que será global, acelerado y pleno de oportunidades para una España en la que la diversidad enriquezca la unidad y la unidad integre la diversidad, una España que no sea más un problema, ni un dolor ni un proceso, sino una realidad viva y fecunda, un proyecto de libertad, justicia, prosperidad y altura moral, de todos y para todos.