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PALABRAS Y SILENCIOS

                                               

Es conocido el aforismo de que el hombre es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras, que unas veces se cita como anónimo y otras se atribuye nada menos que a Aristóteles. Hay políticos locuaces hasta el punto de la imprudencia y otros herméticos hasta el límite la descortesía. Está comprobado que el responsable público que no cesa de hacer declaraciones y pronunciamientos corre el serio peligro de meter la pata y los ejemplos se multiplican. También es cierto que los largos alejamientos de los medios, sobre todo en épocas de dificultad o turbulencia, producen la sensación de inactividad o impotencia. Hemos pasado de un Presidente de Gobierno al que le encantaban los micrófonos y las cámaras, de tal manera que su capacidad de lanzar banalidades o memeces por unidad de tiempo se hizo legendaria, a otro que se muestra mucho más parco a la hora de comparecer ante la opinión. Si se ha de elegir entre la verborrea insustancial y cursi de ZP y la parquedad comunicativa de Rajoy, no cabe duda que es preferible la segunda. Ahora bien, como en todo, el justo equilibrio marca el camino correcto. Un jefe del Ejecutivo que se precie no ha de andar continuamente anunciando medidas o dando explicaciones, y es normal que para estos menesteres en el quehacer diario cuente con portavoces autorizados o con sus ministros. Sin embargo, la actual situación de nuestro país es tan desesperada, los males que nos aquejan tan profundos y las reformas y acciones requeridas tan traumáticas y dolorosas, que la sociedad no podrá digerirlas sin un replanteamiento general de la mentalidad colectiva y sin una revisión drástica de la jerarquía de valores imperante. En otras palabras, que un gobernante cuya misión histórica no es únicamente mejorar la gestión o retocar las estructuras existentes, sino regenerar una nación hecha jirones, no ha de hablar con excesiva frecuencia, pero cuando se dirija a sus compatriotas ha de sonar como un aldabonazo, despertar las conciencias, obligar a la reflexión, levantar los ánimos y resucitar ilusiones. Bien está no prodigarse innecesariamente en periódicos, radios y televisiones, pero en estos tiempos oscuros e inciertos hay que saber distinguir el momento y la ocasión en los que la voz del líder ha de ser oída y escuchada, porque su ausencia acarrea un vacío que sólo llenará el miedo, la angustia y la decepción.

 

 

         Aleix Vidal-Quadras

LA CÓLERA DEL REY

         La explosión malhumorada del Rey ante unos periodistas que se interesaban  ayer educadamente por su salud en el transcurso de un acto en al palacio de La Zarzuela ha suscitado numerosos comentarios en los medios. La implacable inmediatez de la red ha permitido a millones de españoles asistir a este desahogo de Don Juan Carlos, hecho con su habitual franqueza y espontaneidad. No cabe duda que uno de los efectos secundarios de los achaques -y el Jefe del Estado padece unos cuantos por su edad y por los numerosos percances derivados de su intensa actividad deportiva a lo largo de muchos años- es la irritabilidad. Cuando uno no se encuentra bien y experimenta molestias y dolores es más proclive a manifestar enfado y eso es exactamente lo que le ha pasado a nuestro monarca. Esa tensión agria se podía haber descargado sobre un colaborador de su Casa, sobre algún familiar próximo o sobre su peluquero, pero les ha tocado a los informadores, que se han mostrado comprensivos. La atención creciente a la condición física del Rey no deriva de la mera curiosidad por todo lo que atañe a figura tan querida y conocida, sino que está estrechamente ligada al futuro de la Institución que encarna. España tiene la suerte de contar con un Heredero perfectamente preparado y capaz de asumir el relevo en el momento requerido. La pregunta que surge es si la forma en que Don Felipe ejercerá sus altas funciones en el futuro será distinta a la de su augusto padre y cuál será la interpretación que el hoy Príncipe de Asturias hará de sus competencias constitucionales. Porque si bien nuestra Norma Suprema es muy precisa a la hora de definir los cometidos del Rey en determinados aspectos, quedan zonas abiertas a la interpretación. ¿Qué significa “arbitrar y moderar”? Juan Carlos I ha entendido su papel, una vez culminada la ingente tarea de la Transición, de manera extraordinariamente prudente y ha demostrado un exquisito cuidado en mantener su neutralidad política, hasta el punto de haber sido acusado en ocasiones de pasividad. Cuando la Nación se ve gravemente dañada en su unidad o en su economía por la actuación de gobiernos irresponsables o manifiestamente incompetentes o cuando se dictan leyes que afectan a cuestiones morales fundamentales con enorme riesgo de vulnerar libertades, derechos y convicciones de amplios sectores de la sociedad, ¿Es recomendable que la Persona que ocupa la cúspide del Estado y que representa la cohesión y la continuidad de la Nación permanezca impasible o cabe una aplicación más imaginativa y comprometida del Título II de la Carta Magna? El Rey puede hablar, puede hacer gestos, puede estar presente o no en este o aquel lugar en tal o cual ocasión, puede llamar a su despacho discreta y reservadamente  a políticos, empresarios, sindicalistas, profesionales liberales, académicos,  expertos reconocidos de un campo concreto o creadores de opinión para solicitar su visión de los asuntos trascendentes para la vida nacional. Y tras escuchar, está entre sus prerrogativas manifestar inquietudes, señalar peligros, formular advertencias y marcar orientaciones. El rey no legisla, ni gobierna, ni juzga, pero puede, y un gran número de ciudadanos creen que debe,  influir, sin desbordar por supuesto los límites que le impone nuestro ordenamiento. El recuerdo del exceso de intromisión de su abuelo en la política, con consecuencias claramente negativas para la monarquía y para el país, es muy posible que pesen en el ánimo del actual titular de la Corona y le aconsejen la máxima autocontención. Sin embargo, los tiempos cambian aceleradamente y no hay que descartar que Felipe VI se incline en su día por un estilo más activo y más incisivo. Ojalá acierte al elegir su camino porque de su buen hacer y de su recto criterio dependerá en gran medida nuestro destino colectivo.

 

                                              ©Aleix Vidal-Quadras

        

UN FINAL LAMENTABLE

           No cabe ninguna duda que uno de los puntos débiles de nuestro sistema político es la falta de democracia interna de los partidos, estructuras burocratizadas en las que cúpulas oligárquicas y cooptadas monopolizan un poder que se extiende a todo el entramado institucional. Tampoco es un secreto que el Partido Popular de Asturias necesita una profunda renovación y un nuevo impulso tras demasiados años en la oposición en aquel feudo socialista. Ahora bien, estas verdades incuestionables no le dan la razón sin más a Francisco Álvarez Cascos en su conflicto con la dirección nacional de la formación en la que ha militado durante tres largas décadas. En primer lugar, resulta poco creíble que alguien que jamás practicó la democracia interna cuando era Secretario General del PP, la reclame ahora airadamente. Recuerdo perfectamente que tras el magnífico resultado obtenido por el PP de Cataluña en el otoño de 1995 con triplicación de escaños y un porcentaje de votos en unas elecciones autonómicas todavía no alcanzado hoy, Cascos sacó en hombros en plan torero al entonces presidente del PP catalán del hotel en que se celebraba el éxito. El verano siguiente, el mismo que había ensalzado hasta el ditirambo al triunfador, actuaba como brazo ejecutor de su apartamiento de la política catalana en virtud de los acuerdos alcanzados entre Aznar y Pujol. Se le impidió presentarse a un Congreso Regional que tenía ganado y el argumento del ahora campeón de la democracia interna, según consta en las hemerotecas, fue que un partido es como una orquesta en la que todos deben tocar la misma partitura bajo la batuta del director y el que no esté de acuerdo, que se marche. Por consiguiente, el espectáculo al que estamos asistiendo estos días es un tanto grotesco. Si se hiciera una encuesta a todos los responsables territoriales del PP de la época en que Cascos sentaba sus reales en la planta séptima de Génova 13 sobre su forma de entender la disciplina y sobre su modo de tratar a sus subordinados, el resultado no sería precisamente favorable al presunto salvador del centro-derecha asturiano. Por otra parte, si hay un defecto letal para un político, es la soberbia. Y la reaparición del antiguo hombre fuerte del PP ha sido muy típica suya: aquí estoy yo y todo el mundo a obedecer y a someterse dado el inmenso favor que les hago aceptando encabezar la candidatura. Como es natural, la reacción de la actual Secretaria General nacional y de no pocos de sus correligionarios asturianos ha sido la misma que la de los romanos cuando vieron aproximarse a Atila. Otro detalle que conviene no olvidar es que fue Francisco Álvarez Cascos el que provocó en 1998 la salida del PP del gobierno del Principado con escisión incluida por su enfrentamiento puramente personal con Sergio Marqués, en una muestra antológica de prepotencia y de autoritarismo. Por último, se necesita ser irresponsable y frívolo para organizar semejante montaje en una etapa de la vida española en la que la Nación atraviesa una crisis de una magnitud pavorosa y en la que no hay que desviar ningún esfuerzo del objetivo principal, que no es otro que la recuperación del rumbo perdido tras el desastre zapatético. Parece mentira que una persona que se había retirado a la actividad privada con un caudal apreciable de reconocimiento por sus valiosos servicios a España, se haya ofuscado hasta el punto de protagonizar lo que será un final lamentable de una trayectoria discutida, pero hasta la fecha respetada. Y es que debe ser terrible que le apliquen a uno su propia medicina. 

                                                                       

ELTON JOHN, LA NATURALEZA Y EL ARTE

Los numerosos admiradores de Elton John han quedado conmocionados al conocer la noticia de su maternidad. El día de Navidad nació en California alumbrado por un vientre de alquiler un precioso niño de tres kilos y medio al que sus padres, el célebre cantante británico y su marido, el productor canadiense David Furnish, han dado el vistoso nombre de Zachary Jackson Levon Furnish-John. Es obvio el homenaje al fallecido rey del pop y a la canción Levon del propio Elton, aunque no se acaba de ver la relación entre el protagonista de la composición y el neonato Zachary, salvo la coincidencia en la fecha de su llegada al mundo y el deseo, que todos debemos compartir, de que cuando crezca sea un hombre bueno. El detalle del apellido compuesto con guión intercalado es un disculpable desliz hacia el esnobismo habida cuenta de la euforia emanada del acontecimiento. Esta información no ha sido facilitada, pero de las respectivas edades de los progenitores y de sus roles asumidos en su relación de pareja, cabe deducir que el suministrador del esperma ha sido David Furnish y que el representado por la anónima matriz californiana ha sido el autor de Candle in the Wind. Como es lógico, los padres de Zachary están exultantes de felicidad y los más de doscientos mil dólares que se estima les ha costado la gestación y el parto, honorarios de la portadora incluidos, son una bagatela teniendo en cuenta la fortuna de los cónyuges y la satisfacción que el éxito del proceso les ha deparado. Aristóteles escribió en su Física que el arte imita a la naturaleza y Oscar Wilde dejó ir en una cena en Londres que la naturaleza imita al arte. Los dos pensadores están separados por veinticuatro siglos y por visiones del mundo notoriamente distintas si bien de similar profundidad, pero el feliz suceso que colma hoy los anhelos del tándem sentimental Furnish-John demuestra que los dos tenían razón. Por una parte, el hecho de que Furnish sea a la vez el padre biológico y el devoto esposo de John mientras éste es la madre simbólica y la tierna esposa de David prueban que la naturaleza, siempre que la compensación económica sea la adecuada, está dispuesta a ceder a los caprichos del arte. Por otra, la necesidad ineludible de una mercenaria dispuesta a vender sus óvulos y nueve meses de su vida para que el inocente Zachary acceda a la existencia de opulencia, originalidad y sofisticaciones estéticas que le espera, evidencia que el arte, si lo exige el guión, está dispuesto a plegarse a las servidumbres de la naturaleza. Ahora bien, en este vaivén entre realidad y fantasía, entre autenticidad y fingimiento, entre orden y transgresión, prevalece al final el principio originario, inevitable y tenaz en virtud del cual la imitación de la naturaleza por el arte obedece a un sentido mucho más seguro en términos morales y humanos que la del arte por la naturaleza. Será interesante seguir el desarrollo de la vida de Zachary Jackson Levon Furnish-John y comprobar dentro de quince o veinte años que tal le ha sentado ser fruto, además del amor, de un experimento.

                                                                                                 

CEOE, NUEVA ETAPA

             De nuevo un catalán al frente de la CEOE. Su primer presidente, Carlos Ferrer Salat, también lo fue y dejó una fuerte impronta en la patronal española en su fase de arranque y  consolidación. Juan Rosell se pone al frente de la poderosa organización empresarial en momentos difíciles, tanto en el plano interno como en el contexto externo. No será fácil devolver el crédito a una institución social que a lo largo de los últimos tres años ha sufrido el deterioro asociado a los infortunios profesionales y a las peripecias judiciales de Gerardo Díaz Ferrán. Tampoco es una pera en dulce pilotar a los empresarios en plena crisis global y en un país sometido a la presión agobiante de los mercados de deuda mientras un gobierno incompetente actúa a sacudidas improvisadas en función de las llamadas telefónicas que recibe de mandatarios extranjeros. La economía española padece una serie de deficiencias estructurales endémicas que la recesión brutal que atravesamos ha hecho aflorar de manera despiadada sin que ni la sociedad civil ni la clase política parezcan dispuestas a acometer las duras reformas necesarias. En tiempos escasos de liderazgo, Rosell deberá demostrar que es capaz de asumir los riesgos de ejercerlo. Se le han reprochado- yo mismo lo he hecho- algunos gestos y posiciones públicas demasiado próximas a los planteamientos nacionalistas. Su asistencia a la manifestación tras la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña y sus declaraciones proclives a un tratamiento fiscal a Cataluña distinto al régimen común han despertado lógicas inquietudes en gran parte de la opinión pública del resto de España. Sin embargo, existen motivos para el optimismo de cara a su futura ejecutoria. Es un hombre preparado, culto, inteligente, entregado a su trabajo y de fuertes convicciones liberales. Sus supuestas veleidades particularistas pueden ser atribuidas más a enfoques tácticos como cabeza de Fomento del Trabajo que a una proximidad ideológica al nacionalismo catalán que, por lo que se sabe, jamás ha sentido. Juan Rosell posee además dos características muy notables que le han ayudado mucho en su carrera y en su vida personal: un festivo y agudo sentido del humor y un admirable espíritu deportivo. Hemos de desearle toda la suerte del mundo en su actual cometido porque de sus aciertos y de sus errores dependerá en no poca medida que muchos millones de españoles hoy agobiados por el desempleo y el desánimo recuperen la moral y vuelvan a tener una oportunidad. 

                                                                       

WIKILEAKS

                 Un componente esencial para que el mundo funcione es la discreción. Nadie podría resistir las consecuencias de que todas sus comunicaciones, conversaciones, correspondencia, diarios íntimos, desplazamientos, itinerarios de navegación en internet y movimientos bancarios fuesen desvelados sin restricción alguna. No habría matrimonio, relación profesional, amistad o carrera política capaz de sobrevivir a la exposición pública de cada detalle de la vida de sus protagonistas porque los seres humanos nos movemos en planos distintos y simultáneos, cada uno de ellos sujeto a sus reglas, sus límites y sus esferas de aplicación. Por supuesto, se trata de un equilibrio delicadísimo que cada individuo intenta manejar con el debido cuidado y que se entiende protegido por un derecho fundamental, el de la privacidad. Es obvio que solamente en un contexto social, político y legal monstruoso los seres humanos carecen de un ámbito personal al que pueden vedar el acceso a las autoridades o a sus conciudadanos. Un hombre o una mujer impedido de configurar un espacio reservado exclusivamente a sí mismo de deshumaniza hasta extremos destructivos. La atmósfera opresiva del 1984 orwelliano viene de inmediato a nuestra mente a la hora de imaginar un mundo tan atroz. Esta verdad incuestionable es asimismo aplicable a las organizaciones de cualquier índole, incluyendo a los Estados. Por eso cuando existen sospechas de que la actividad de un grupo o una persona puede ser delictiva es necesaria la autorización de un juez para intervenir sus comunicaciones, registrar su domicilio o descubrir sus secretos, e incluso en estos casos obedeciendo determinadas restricciones legales. Baltasar Garzón algo sabe de este asunto. Julian Assange ha ignorado esta regla esencial de la convivencia y de la sensatez y ha instituido un almacén de delaciones irresponsables que afectan a la seguridad de las naciones, a la honorabilidad de probos funcionarios, a las relaciones internacionales y a la estabilidad geopolítica del planeta. Con el pretexto de la transparencia, ha incurrido en el despropósito y ha causado enormes daños, algunos irreversibles y otros de consecuencias imprevistas. En mi opinión, es un perturbado peligroso que debe ser neutralizado. El consejo evangélico sobre la ignorancia de cada mano respecto a lo que hace la otra encierra una sabiduría fundamental. La historia nos ha mostrado ampliamente la gravedad de las catástrofes provocadas por redentores visionarios ebrios de soberbia y rebosantes de desprecio por sus semejantes. 

                                                        

PATÉTICO ZP

             La imagen de José Luis Rodríguez Zapatero dando vueltas como un pato mareado buscando su sitio en la foto de familia de la cumbre de la OTAN en Lisboa es un perfecto reflejo de la situación que atraviesa España, que no sabe ni dónde está ni adónde va en manos de este gobierno de aficionados y de ineptos. Una nación de la importancia de la nuestra no puede estar pilotada por un individuo que no sabe que España en inglés es Spain y que intenta colocarse en el lugar de Estonia, en inglés igual que en español, Estonia. Una cosa es la mayor o menor coincidencia ideológica con un jefe del Ejecutivo y otra es que los españoles sintamos vergüenza cada vez que este paleto ignorante sale fuera de nuestras fronteras. Por supuesto que tenemos derecho a un gobierno que no nos engañe sobre la crisis, sobre el Sahara Occidental, sobre sus negociaciones con ETA y sobre el verdadero nivel del déficit. Pero por encima de consideraciones morales, técnicas y políticas, tenemos derecho a un gobierno que no nos haga sonrojar frente al resto del mundo. Es urgente aprobar una ley orgánica en virtud de la cual no se pueda entrar en La Moncloa ni ser investido por las Cortes sin un test previo de cultura general, de rudimentos de inglés, de nociones elementales de economía (por ejemplo, saber lo que es el EURIBOR) y de capacidad psicotécnica con pruebas del tipo ( 1, 1, 2, 4, 8, 16,      , 64, 128…), llene el hueco con el número que falta. Una precaución tan elemental hubiera impedido que ZP nos llevase a la ruina y al descrédito en tan sólo siete años de disparates continuos. La bochornosa anécdota de Lisboa nos cubre de ridículo y nos acerca aún más a la intervención por parte de la Unión Europea porque los mercados jamás confiarán en un   país que ha votado mayoritariamente a semejante incapaz. Su legitimidad de origen es indiscutible, pero su legitimidad de ejercicio ha desaparecido. Si le quedara un asomo de patriotismo, un vestigio de decoro, un resto de sentido de la responsabilidad, disolvería el Parlamento y convocaría elecciones para dar a sus conciudadanos la oportunidad de reparar sus destrozos y recuperar el rumbo que él ha perdido hace tiempo. Vana esperanza, es de esa clase de personas que prefiere que se hunda todo antes de reconocer su incompetencia. ¿Qué habremos hecho para merecer esta terrible desgracia? 

                                                                                   

MAQUIAVELO EN LA MONCLOA

            Las confesiones de Felipe González a Juan José Millás en una desmesurada entrevista publicada en el rotativo de cámara del ex-presidente producen escalofríos. González nos relata sus dudas ante la posibilidad de asesinar a la cúpula de ETA a principios de los noventa aprovechando una reunión que los jefes de la banda celebraron al otro lado de los Pirineos. Después de plantear la conveniencia o no de la operación, nos comunica que al final renunció a ella, pero que no lo hizo por razones morales. Redondea la faena diciéndole a su interlocutor que todavía hoy no sabe si acertó con su decisión porque si hubiera cometido aquel crimen se habrían salvado muchas vidas inocentes. Una vez superada la incredulidad que suscitan tales declaraciones, nos enfrentamos a la dura realidad de que tuvimos como cabeza del poder ejecutivo durante trece años a un individuo que considera factible enviar a un comando clandestino a un país de la Unión Europea, volar una casa con una docena de etarras dentro y todo ello sin contar con la autoridades de dicho socio comunitario ni intentar previamente su colaboración para detenerlos. En otras palabras, que la idea de matar a sangre fría a integrantes de una banda terrorista en suelo extranjero vulnerando gravemente la Constitución española y el Derecho Internacional rondó por su cabeza y actualmente experimenta ratos de arrepentimiento por no haber procedido a una barbaridad de tal calibre. Maquiavelo fundó una escuela de pensamiento en virtud de la cual existen unas reglas éticas para el común de los mortales y otras distintas para los que manejan el timón de la cosa pública, que están legitimados para cometer las más terribles atrocidades en virtud de la llamada razón de Estado. Este esquema axiológico aplicado por todo tipo de tiranos ha ensangrentado la historia de la Humanidad durante siglos y fue el agudo florentino el que le prestó una base teórica en la convulsa Italia renacentista. Cuando en la mesilla de noche de un primer mandatario reposa un ejemplar de El Príncipe y su lectura no obedece al mero afán de ensanchar conocimientos, sino que sus páginas son fuente de inspiración y de justificación para actos de gobierno, La Moncloa alberga un monstruo entre sus paredes, un ser sin entrañas capaz de descender a los abismos espirituales más pavorosos sin que su extinta conciencia le frene en su ejercicio despiadado del poder. 

                                                                    

GENÉTICA LIBERTICIDA

        El flamante copresidente del Gobierno ha acusado al primer partido de la oposición de llevar el machismo en sus genes. “Está en su genética” han sido sus palabras literales. Con independencia de que semejante afirmación es una solemne majadería porque los reflejos de afirmación masculina son en todo caso un fenómeno general de determinadas sociedades, la española entre ellas, que brotan en ocasiones tanto en la derecha como en la izquierda, donde sí parece existir un problema serio de vicio de origen es en el PSOE y no precisamente en el ámbito de la relación entre sexos, sino en otro de mucho mayor calado. El PSOE, en efecto, a lo largo de su historia siempre ha tenido graves dificultades para comprometerse con la libertad como valor fundamental y este defecto lo ha manifestado tanto en sus actividades internas en España como en sus posiciones internacionales. Basta repasar las biografías de personajes tan conspicuos como Pablo Iglesias, Juan Negrín o Francisco Largo Caballero o conocer el triste destino de Julián Besteiro para asistir a una larga serie de demostraciones de pensamiento totalitario, de participación en revoluciones violentas para tomar el poder contra la legalidad democrática, de eliminación de personas de bien en su propio seno y de desprecio absoluto por el Estado de Derecho o la pluralidad ideológica. Más modernamente, la etapa felipista se caracterizó por la destrucción de la separación de poderes, el crimen de Estado, el saqueo de las arcas públicas o la utilización del aparato institucional para liquidar a enemigos políticos, casos José María Ruiz Mateos y Mario Conde. En estos días, la insistencia primero de Moratinos y ahora de su sucesora en modificar la Posición Común de la Unión Europea sobre Cuba con el fin de ayudar a los hermanos Castro es otra palpable muestra de la filiación liberticida del socialismo español. Cuando se constata que el anterior ministro de Exteriores llegó al extremo de vileza de solicitar a su colega belga que no concediera el oportuno permiso para que cuatro de los deportados cubanos visitaran Bruselas con tal de evitar que pudiesen exponer la verdad sobre la brutalidad del régimen que les había torturado y encarcelado, las conclusiones sobre patologías genéticas más bien van en una dirección. Un individuo que llora porque le cesan, pero que no derrama una lágrima por los millares de demócratas cubanos asesinados o sepultados en mazmorras por los Castro sin duda transporta material averiado en su ADN moral. Si aceptamos la sofisticada tesis de José Blanco sobre los plumeros, al PSOE se le ve el suyo de lejos y está impregnado de sangre, de sectarismo y de maldad. 

                                                                               

DESLEALTAD

                             La que fuera durante treinta y dos años secretaria en la sede de Presidencia del Gobierno en el complejo de La Moncloa, María Ángeles López de Celis, ha publicado un libro sobre sus vivencias y recuerdos al servicio de cinco jefes del Ejecutivo, sucesivamente Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero. Esta supuestamente proba funcionaria relata con todo detalle comportamientos, rasgos de carácter, intimidades familiares y sucesos hasta hoy desconocidos por el gran público, relativos a los mandatarios para los que trabajó. Se permite todo tipo de críticas y opiniones, y desvela actitudes o reacciones de sus objetos de observación que ponen de relieve debilidades, defectos y carencias que, de no ser por su decisión de exhibirlos a la luz, jamás hubieran llegado a los ciudadanos. En definitiva, se aprovecha de su posición de proximidad y confianza al más alto estrato del poder para ganar dinero esparciendo chismes sin ningún respeto a los así utilizados y a sus allegados. Por supuesto, el género memorialístico tiene una larga tradición literaria y son miles los volúmenes en los que personajes que han desempeñado papeles relevantes en los ámbitos oficial o privado ponen a caldo a unos y a otros y se complacen en explicar los errores, los vicios e incluso las indignidades y los crímenes de sus contemporáneos. Sin embargo, el caso que nos ocupa pertenece a una especie distinta de testimonio escrito, el del espía que acecha sin levantar sospechas y acumula información para sacar tajada cuando la ocasión sea propicia. Si los Presidentes que la veían como una profesional seria y competente, discreta y diligente, hubieran sabido que cada día al cabo de la jornada vertía en papel gestos, anécdotas, frases, peripecias de alcoba o incidentes diversos, con el fin de lucrarse una vez jubilada gracias a su difusión para general solaz, seguramente no habría durado demasiado en su puesto. Esta nueva celebridad alega que no estaba sujeta a la ley de secretos oficiales y que el conjunto de lo que cuenta se puede hallar en la red, por lo que su labor de fisgona debe ser clasificada como de compilación dentro de la legalidad. De la misma forma que no todo lo que es constitucional es sensato ni conveniente, no todo lo que es legal es decente, y el hecho de que una maledicencia o un cotorreo repten por internet no significa que su inclusión en una crónica impresa de venta en los quioscos no sea una bajeza. La combinación de deslealtad y caradura de esta servidora del Estado es una muestra más, y ya van tantas, de la degradación moral de nuestra sociedad.