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LA FASCINACIÓN DEL LADO OSCURO

                                                             

      Las revelaciones contenidas en las actas incautadas a ETA en Francia sobre sus contactos con los enviados gubernamentales durante la tregua de 2006 demuestran lo que ZP siempre se ha empeñado en negar: las negociaciones con la banda amparadas por la ominosa resolución del Congreso del 17 de mayo de 2005 tuvieron carácter inequívocamente político y elevaron a los asesinos a la categoría de interlocutores válidos para el Estado. Por mucho que Rubalcaba y compañía se empeñen en inventar precedentes, ningún Ejecutivo anterior llegó a tales extremos de ignominia en sus relaciones con el terrorismo separatista. Se produjeron conversaciones y hubo mediadores, sin duda, pero la sustancia de lo tratado se mantuvo siempre dentro de los límites estrictos de la búsqueda de una salida a la situación penal de los presos y a la articulación de soluciones personales para sus nuevas vidas tras la hipotética renuncia a la violencia. Jamás se habló de reformas institucionales ni del derecho de autodeterminación ni de entes unificadores de Comunidades Autónomas. El único que, tal como prueban los documentos ahora hechos públicos, ha descendido a los infiernos del intercambio de cromos con el crimen organizado -vosotros os olvidáis de las pistolas y yo os entrego maniatada a la Nación que he prometido preservar- ha sido Zapatero, actuación deshonrosa que le marcará con oprobio eterno en la Historia de España. El Presidente del Gobierno es un tipo extraño y detrás de su mirada azul aletean las tinieblas del abismo. Tiene gustos perversos, le encanta facilitar la muerte de sus semejantes en las etapas de sus existencias en que se encuentran más necesitados de protección, busca ansioso la amistad de torturadores como los Castro o de histriones totalitarios como Chávez o Morales, hurga en nuestro pasado colectivo para desenterrar cadáveres y reavivar rencores y estuvo a punto de sellar una alianza siniestra con la hez de la sociedad vasca. Parece probado que el lado oscuro ejerce sobre él una fascinación fatal y es fácil imaginarlo, una vez despojado del engañoso ropaje del pacifismo benévolo y del progresismo suave, encerrado en los sótanos monclovitas lejos de indiscretas miradas, entregado sin reservas a ensoñaciones góticas de brujas, trasgos y pactos nefandos con el Mal.     

DOS MODELOS DE PATRÓN DE PATRONES

  La palabra “patronal” para referirse al conjunto de la clase empresarial suena algo anacrónica, salvo si se dice en francés. En España, las organizaciones de empresarios, entre las que la CEOE destaca por su dimensión y representatividad, han jugado y juegan un papel extraordinariamente relevante en la articulación de nuestra vida pública. Su condición de interlocutores indispensables de los sindicatos y de los gobiernos, su capacidad de influencia en la opinión y sus valiosas aportaciones al análisis de los problemas económicos y sociales, las convierten en actores principales del escenario nacional. Por consiguiente, resulta de capital importancia que sus máximos representantes sean personas que reúnan una serie de cualidades cuya conjunción no siempre es fácil de alcanzar. El patrón de patrones ha de ser a la vez un diplomático, un comunicador, un pensador y un estratega. Su categoría profesional, moral, intelectual y humana ha de alcanzar cotas muy altas para gozar así de la necesaria autoridad sobre sus representados y del respeto y la consideración de los restantes agentes sociales, de las autoridades y de la ciudadanía en general. Todo ello indica que el acierto en la elección para tal puesto no siempre es fácil y los recientes acontecimientos que han afectado al actual presidente de la CEOE han puesto de nuevo sobre el tapete el debate en torno al modelo ideal de esta figura. Dos son los líderes patronales “tipo”, simplificando mucho el asunto. Uno es el que podríamos denominar modelo “Cuevas”, es decir, un técnico de considerable nivel y notable talla personal sin intereses empresariales directos, disponible en consecuencia para entregarse por completo a su tarea sin que sus propios negocios privados le distraigan de su cometido al frente del colectivo creador de la riqueza y del empleo. El otro correspondería al género “Díaz Ferrán”, o sea, un emprendedor de éxito y dilatada trayectoria que debe compatibilizar su trabajo de cabeza de filas de sus colegas con la gestión de un grupo de compañías de formidable envergadura. Sin duda, ambos perfiles ofrecen ventajas  e inconvenientes para su trascendental misión. El conocimiento en carne propia de los problemas del empresario es una virtud en el caso que nos ocupa, pero la atención exclusiva a la organización que le ha sido confiada y la independencia respecto a otros poderes son datos positivos que no se deben infravalorar. Al final se trata de hacer una opción, con el peligro de equivocarse. Yo, a la luz de la experiencia española de las últimas tres décadas, me inclino por el modelo “Cuevas”, aunque reconozco que quizá mueve mi ánimo la admiración que siempre sentí por el que fue en vida un hombre tan singular por su visión, su insobornable honradez y su aguda inteligencia. Ahora bien, si no nos guiamos por el conocimiento que nos ha proporcionado la realidad empírica, ¿cuál ha de ser nuestra brújula?                                                                                                                                                             

CONDOTIEROS

 En la convulsa y fragmentada Italia de los siglos XIV, XV y XVI, surgieron capitanes de fortuna que al mando de ejércitos mercenarios ponían su espada al servicio de la ciudad-Estado que mejor retribuía sus servicios. Pronto se les conoció como condotieros, condottieri en italiano, vocablo derivado del término condotta, que era el contrato que suscribían con el gobierno que les empleaba. Feroces en el campo de batalla, sutiles en las negociaciones con sus posibles patronos, desprovistos de cualquier escrúpulo y totalmente ignorantes de la mínima noción de lealtad, cambiaban de bando en función del tamaño de la bolsa que se les ofrecía y se dieron casos en los que la defección se producía en plena batalla, lo que da una medida de su bajísima talla moral. Su figura y su forma de entender la guerra como negocio han quedado como el arquetipo del desaprensivo que se vende sin importarle un ardite la nobleza o la vileza de la causa a la que se apunta. En el campo de la política siempre ha habido personajes asimilables a los condotieros y en la España de hoy contamos con unos cuantos. Por supuesto, dentro del género existen niveles y categorías, hay condotieros y condotieras, condotieritos y condotieritas, al igual que sucedía en el Renacimiento, cuando algunos de ellos contaban con una pequeña mesnada de desharrapados y otros estaban al mando de fuerzas muy poderosas de miles de hombres perfectamente armados. A los condotieros políticos contemporáneos se les distingue fácilmente. Pululan por los platós televisivos y las cadenas radiofónicas hablando fundamentalmente de si mismos, critican de manera oportunista a las formaciones en las que militan, desvelan con descaro conversaciones privadas si ello les proporciona la atención de los medios o sube las ventas de sus libros de chismes y bobadas, fluctúan en sus posiciones ideológicas o simplemente las evitan, entran y salen fugazmente de militancias sucesivas dependiendo de la satisfacción de sus desmedidas ambiciones y exhiben una egolatría obscena trufada de una vanidad ridícula. Brillan brevemente en el firmamento público y pronto desaparecen como esas cerillas que una vez encendidas en la cocina o en el salón de fumadores son inmediatamente abandonadas en la basura o en el cenicero para ser tragadas definitivamente por la nada, que al fin y al cabo es su destino natural. 

                                                                        

EL BÁCULO Y LA SERPIENTE


Un primer esfuerzo que hay que realizar tras leer las palabras pronunciadas por el Obispo de San Sebastián, monseñorJosé Mª Uriarte, en la iglesia de Loyola el pasado uno de agosto con motivo de las fiestas de San Ignacio, es reprimir las náuseas. Superada esta natural reacción psicosomática ante una homilía tan repulsiva en su tono y en su contenido, es obligado analizar sus planteamientos, que arrojan sin duda bastante luz sobre la línea argumental del nacionalismo vasco y de los separatistas en general. El mitrado manifiesta, como es natural, su rechazo al terrorismo, no faltaría más. Pero es evidente que su condena del asesinato, la extorsión y la amenaza como métodos de actuación política, es estrictamente retórica. De hecho, la lleva a cabo como soporte dialéctico para dar entrada a lo que de verdad le interesa, que es apoyar las reivindicaciones secesionistas que son la base del delirio doctrinal que ETA utiliza como pretexto para su barbarie. De entrada, lo que falta en el País Vasco no es paz, porque, que se sepa, allí no hay declarada ninguna guerra. Lo que castiga a aquellas torturadas tierras es la presencia de una organización mafiosa y criminal que combate al Estado de Derecho, viola las leyes y provoca la destrucción y la muerte de inocentes con persistente crueldad. Por tanto, la invocación de la paz de manera meliflua, como hace Uriarte, es una forma de colaboración con el terrorismo. Por otra parte, esa idea de que hace falta diálogo social y político es un punto central de los comunicados etarras porque presupone la existencia de un conflicto que enfrenta a dos bandos, cada uno con sus razones, a los que habrá que conciliar. Abundando en este mismo enfoque, Uriarte llama a alcanzar “una fórmula de convivencia aceptable por todos”. Vamos a ver, monseñor, ¿con quién hay que converger? ¿cuáles son esas “aspiraciones legítimas” que debemos moderar? En 1978 se hizo todo el esfuerzo posible para estructurar las instituciones y el orden constitucional de manera que nadie se sintiera excluido y para que la pluralidad española se viera reconocida y amparada. Por tanto, seguir reclamando lo que ya se tiene contribuye a alimentar el odio y esto es exactamente lo que monseñor Uriarte practica continuamente. En el Evangelio, no se conoce ningún pasaje en el que Jesucristo proponga al Maligno una fórmula de convivencia aceptable para ambos. Las expresiones utilizadas por el Señor son inequívocas y su rechazo del Mal es absoluto y sin paliativos. A monseñor Uriarte le convendría repasar el mensaje divino y aplicarlo en su labor pastoral en su diócesis porque cada vez que se pronuncia con la deliberada ambigüedad de su intervención del pasado uno de agosto se alía con Satanás, que se regocija con su cobardía mientras ceba la próxima bomba. Al báculo del obispo de San Sebastían hay enroscada una serpiente que le envenena el alma y le convierte en un instrumento al servicio de sus siniestros fines.

 

                                              

EL MUNDO AL REVÉS



En su visita de campaña a Barcelona el pasado 4 de junio, Zapatero profundizó en su particular visión invertida del universo. Acusó al Partido Popular y a todos los que reclaman respeto a la pluralidad cultural y lingüística de Cataluña de querer “imponer una sola lengua”. Curiosamente, han sido los sucesivos gobiernos de Pujol y ahora el tripartito socialista-ecoirisado-independentista los que con su monolingüismo coactivo han obligado a todos los catalanes a prescindir del español como idioma de la enseñanza, de la Administración y del espacio oficial y público en general. Sin embargo, ZP, el transformador de la realidad, atribuye a las víctimas del totalitarismo identitario el papel de verdugos. No se puede dar mayor exhibición de cinismo. Asimismo, el impulsor de la asignatura de Educación para la Ciudadanía, instrumento evidente de adoctrinamiento de la juventud en el pensamiento relativista y blandengue del progresismo post-moderno, atribuye a sus adversarios la pretensión de forzar a la gente a adoptar “una sola moral y un solo credo”. De nuevo, lo que predica es exactamente lo contrario de lo que sucede. Son los padres que exigen su derecho constitucional de educar a sus hijos de acuerdo con sus valores y creencias los que defienden la libertad frente a la opresión ideológica de ZP y sus huestes laicistas beligerantes. En cuanto al reproche a la “derecha” de no “arrimar el hombro” para superar la crisis económica, formulado por el político más sectario de toda Europa, que ha ignorado sistemáticamente las muchas propuestas constructivas de la oposición, suena a escarnio y befa en momentos en los que tantas empresas se ven abocadas al cierre y tantos asalariados quedan en la cuneta del paro. El mundo de ZP es la imagen cabeza abajo de los objetos, que no son meramente distorsionados por su lente deformante, sino directamente colocados al revés. Para Zapatero la opresión es libertad, el uniformismo es pluralismo, el derecho a matar es derecho a elegir, lo inhumano es humano y las espinas secas son brotes verdes. El combate dialéctico contra semejante maestro de la desfachatez y del engaño no es fácil porque su mismo desprecio a la lógica más elemental y su absoluta carencia de escrúpulos le hacen inmune a los argumentos racionales y a las reglas morales. Para un tipo que afirma que no es la verdad la que nos hace libres, sino la libertad la que nos hace verdaderos, todo está permitido, no existen límites éticos o epistemológicos a sus barbaridades, no hay barreras de conciencia o de sensatez capaces de detener sus atropellos. Ante un oponente de estas características, las apelaciones al sentido común o las denuncias prudentes resultan impotentes. Esta feroz guerra cultural únicamente la ganará el que sepa contrarrestar la maligna y meliflua melodía de ZP con el vibrante trompeteo de la convicción. A su ofídica habilidad para el mal hay que oponer el compromiso indeclinable con los valores fuertes que definen nuestra civilización occidental. Sin complejos y sin vacilaciones. De frente, con la cara alta y la voluntad indoblegable de vencer. 

 

CUESTIÓN DE CARÁCTER

               Recomiendo vivamente la lectura de la autobiografía de Barack Obama que lleva por título Los sueños de mi padre. Es un libro escrito antes de ser candidato presidencial y cuando su autor todavía no había pensado seriamente en su aspiración a la primera magistratura norteamericana. Muchos de nuestros políticos en España carecen de una verdadera experiencia vital al llegar al poder. Dedicados al trabajo interno de partido desde su juventud, ascienden en el escalafón de la organización y dedican sus esfuerzos a la intriga, a la lucha cainita y a la adulación de sus mandos. Su fuente de sustento es el desempeño de cargos públicos remunerados o la nómina partidaria y jamás han sabido lo que es montar o dirigir una empresa, hacer una oposición, aprender y ejercer un oficio, bregar para conseguir un puesto de trabajo y para conservarlo;  en definitiva, la realidad cruda, dura y áspera del mundo real, en el que la gente compite, se marca objetivos, triunfa, fracasa, cae, se levanta y se enfrenta todos los días a dificultades y a problemas que le aportan madurez y fortaleza. ZP es un ejemplo paradigmático de este tipo de políticos, hombres y mujeres que desconocen por completo cosas tan meritorias como levantar de la nada un pequeño negocio, buscar desesperadamente clientes, invertir años de estudio y sacrificio para ganar una plaza de profesor, médico, notario, inspector de policía u oficial de las fuerzas armadas, hacer catorce horas diarias al volante de un taxi o jugarse el físico en un andamio. Viven en una burbuja que les impide captar lo que sucede más allá de su mezquino universo de olisqueo de encuestas, de campañas electorales y de búsqueda de la foto oportuna. Por eso el relato de Obama resulta profundamente interesante, porque nos muestra primero a un niño, después a un adolescente y por último a un joven que se ven obligados a superar toda clase de obstáculos, familiares, raciales, económicos y culturales, para llegar a las metas que ellos mismos se han fijado. Nos explica, en un lenguaje sencillo, poderoso y directo, su vida en tres continentes, su obligada adaptación a entornos radicalmente distintos en circunstancias complejas, su conocimiento directo de la pobreza, la ignorancia y la injusticia y su combate entregado y generoso a favor de los más débiles y los más vulnerables. Nos enteramos por su propio testimonio de que se ha alojado en apartamentos infectos de barrios marginales, de que en alguna ocasión ha dormido en la calle, de que frecuentemente ha rozado el hambre o la penuria, y de que ha sobrellevado estas pruebas con buen ánimo y sin perder la esperanza, movido siempre por una indoblegable voluntad de superarse, de mejorar y de ser útil a su familia y a los demás. El general de Gaulle dejó escrito que “en los tiempos ordinarios, son suficientes las inteligencias bien formadas, en los tiempos difíciles hace falta corazón y carácter”.  Las más de cuatrocientas páginas de Los sueños de mi padre nos demuestran que hoy ocupa el Despacho Oval una persona que sirve tanto para las épocas tranquilas como para el fragor de las tormentas.

LA INDEPENDENCIA DE BOADELLA

              

Esta mañana he tenido el placer de escuchar a Albert Boadella en una intervención plagada de ingenio y rebosante de iconoclastia en uno de los interesantes desayunos-coloquio que organiza el Foro Nueva Economía. Su cruel análisis del papel de los arquitectos en la cultura moderna y sus ácidos comentarios sobre el papanatismo de los poderosos ante determinadas muestras de arte contemporáneo han hecho las delicias del respetable.  El indomable cómico catalán ha sido presentado por su actual empleadora, Esperanza Aguirre, que le ha cubierto de elogios y le ha prodigado todo tipo de muestras de afecto. Lo cierto es que la numerosa y selecta audiencia lo estaba pasando en grande hasta que Isabel San Sebastián, esa periodista afilada como una daga veneciana, le ha preguntado a quién pensaba votar en las próximas elecciones europeas. Y el autor de Ubú President,  en presencia de la cúpula del Partido Popular de Madrid y de su presidenta, la misma que le ha nombrado director de los Teatros del Canal y le ha acogido generosamente poniéndolo a salvo de la feroz campaña de acoso y aislamiento -eso que él llama con acierto “muerte civil”- a la que le tiene sometido en Cataluña el nacionalismo, no se ha cortado un pelo al anunciar que su sufragio será para… ¡Rosa Díez! Boadella podía haber eludido la pregunta con fórmulas neutras del tipo “No invada usted mi intimidad”, “El voto es secreto”, “No me parece adecuado satisfacer su malsana curiosidad en un acto institucional” o, incluso, en clave críptica y diplomática, recordar la célebre canción en la que se afirma que se puede querer a dos mujeres a la vez y no estar loco. Sin embargo, ha optado por decir simple y llanamente la verdad.           

 Aunque el incidente puede ser visto como una muestra de ingratitud o de falta de tacto por parte del invitado de honor, una lectura más profunda del mismo permite extraer conclusiones muy beneficiosas tanto para Boadella como para Esperanza Aguirre. En unos tiempos de intelectuales orgánicos babeantes de adulación ante sus mecenas políticos y de gobernantes que invierten sumas ingentes en domesticar y en poner a su servicio a escritores, pintores, actores  y directores de cine, el insólito caso de una presidenta de Comunidad Autónoma que ofrece una oportunidad a un artista sobresaliente por la mera razón de la calidad de su trabajo sin exigir a cambio fidelidad o sometimiento, y de un creador que acepta la oferta sin que ello implique la renuncia a un ápice de su libertad de opinión y de criterio, les enaltece a los dos y proporciona a la sociedad un ejemplo impagable. Hasta hoy yo me honraba con la amistad de ambos, después de esta exhibición de altura ética por su parte no sólo me honro, sino que me enorgullezco. 

NINGUNO SOMOS CHACÓN

El nombramiento de Carme Chacón como ministra de Defensa provocó en su momento el estupor general. Las razones de esta sorpresa fueron básicamente dos: la designada carecía de conocimiento alguno sobre la materia de la que iba a ser titular y su concepto de España, manifestado a través de declaraciones, gestos y posiciones públicas, era totalmente incompatible con el sustentado por los militares que se disponía a dirigir. En concreto, su aparición estelar con una camiseta en la que campeaba el lema “Todos somos Rubianes” dejó en su momento perfectamente claro que su respeto por la Nación protegida por nuestros ejércitos era nulo. El hecho de que una pacifista género progre-tontilón, analfabeta en temas castrenses y con ribetes anti-sistema se dispusiese a tomar el mando por tierra, mar y aire de nuestras tropas encajaba por supuesto en la obsesión zapateril por destruir todo aquello que represente calidad, mérito, dignidad y altura en nuestra sociedad. Una vez arrasada la educación, la unidad nacional, la familia y la economía, le tocaba el turno a las Fuerzas Armadas. Hasta aquí la lógica de la decisión se mostraba impecable. El problema es que en esta tarea de demolición conviene no apretar en exceso el acelerador porque si uno se descuida los inquilinos del inmueble en derribo, es decir, los españoles, pueden alarmarse y rebelarse. Véase al respecto el resultado de las recientes elecciones gallegas. El estropicio causado por esta pobre chica al anunciar la retirada de nuestro contingente en Kosovo sin acordarlo previamente con nuestros aliados de la OTAN, sin avisar al ministerio de Exteriores y sin advertir con antelación suficiente al Secretario General de la Alianza, demuestra hasta qué punto en España vivimos en el reino del despropósito. Ahora hemos sufrido la humillación de tener que rectificar, hemos malogrado la buena disposición inicial de la Administración Obama hacia nuestro país, hemos puesto en peligro los beneficios que no pocas empresas españolas se aprestaban a obtener del plan de reactivación norteamericano y nos hemos cubierto de ridículo. Es verdad que esta ministra de cabeza hueca consultó con Zapatero, pero olvidó que la ignorancia sobre política internacional de su jefe es tan oceánica como la suya. Esta leve Carme, Carmeta, criatureta, en una de las muchas estupideces que ha hecho en su fotogénica vida, se solidarizó con un energúmeno grosero y soez y nos invitó a identificarnos con él. Después de su fastuosa metedura de pata ante los atónitos integrantes de nuestro destacamento en Kosovo, millones de ciudadanos sin duda arden de impaciencia por lucir en su torso o en su espalda una frase que la ponga definitivamente en su sitio: “Ninguno somos Chacón”.   

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