Archivo de la Temas sociales categoría

SOCIALISMO Y PLACER

 El presidente de la Junta de Extremadura es médico y que se sepa es una persona equilibrada y sensata, sin que se le conozcan tendencias perversas o vicios oscuros. Sin embargo, seguramente a sus espaldas, la Consejería de Juventud y Deporte de su gobierno organizó el pasado otoño unos talleres de educación sexual dirigidos a adolescentes de entre catorce y diecisiete años para iniciarlos en al arte de la masturbación, es decir, para fomentarla. A tan interesante fin se dedicaron 14000 euros del sufrido contribuyente y se contrataron monitoras -¿por qué no también monitores?- que debidamente provistas de aceites lubricantes y juguetes sexuales diversos instruyeron a sus alumnos en las técnicas clásicas y modernas de la autosatisfacción venérea. El Sindicato Manos Limpias, una vez recuperado de la incredulidad que le produjo semejante programa educativo, presentó una denuncia por malversación, corrupción de menores y ataque a la integridad moral. Por supuesto, la Fiscalía Superior autonómica ha archivado el caso por no apreciar indicios de delito, en lo que no va errada porque más que un delito este episodio constituye una muestra de enajenación mental de sus organizadores. En efecto, si se hubiera tratado de una terapia inspirada en la escuela de Wilhelm  Reich dirigida a pacientes con problemas psicológicos derivados de una represión sexual patológica no parece que la Consejería de Juventud y sobre todo de Deporte fuera la instancia pública adecuada para administrarla, si nos encontramos ante una actividad ofrecida a muchachos y muchachas sanos y normales entonces quién necesita urgentemente tratamiento es el consejero.  El socialismo antiguo se centraba en colectivizar la propiedad, o sea en generalizar la miseria, el post-moderno se dedica a diseminar la imbecilidad para ganar votos. El imaginativo equipo que se ocupa de la política sobre jóvenes en la Junta extremeña debería saber que un taller de iniciación a la masturbación para pupilos de secundaria equivale a una escuela de introducción a la ingestión de carne para tigres de Bengala y que gastar dinero público en idioteces no es recomendable, especialmente en tiempos de déficit galopante. La conclusión es que lo peor del período zapateril no es que arruine y descuartice a España, sino que pretenda transformarla en un gigantesco manicomio. 

                                                                       

VIDA O MUERTE

 El número de abortos en España se ha duplicado en la última década, superando ampliamente los cien mil en la actualidad. En paralelo, muchas parejas se entregan a costosos y largos procedimientos para adoptar niños en Asia, África o Iberoamérica. La ley vigente desde 1985 jamás se ha aplicado con el debido rigor y en realidad ha sido un coladero que ha llevado a las mayores atrocidades cometidas en clínicas privadas que han hecho de la eliminación de criaturas en gestación un siniestro y rentable negocio. La respuesta del gobierno zapateril ha sido una reforma normativa en virtud de la cual el aborto es libre y a cargo de la sanidad pública en las primeras catorces semanas de embarazo, período que se puede extender a veintidós en determinados supuestos. Ante un problema que agobia a un gran número de mujeres todos los años, el socialismo en el poder ha optado por la vía más fácil y más inhumana. Si se encuentra usted, querida amiga, en dificultades porque espera un niño, el Estado la ayuda a desembarazarse de esta molestia y aquí paz y después gloria. Resulta llamativo que una fuerza política que pretende defender a ultranza los derechos de las mujeres, no haya contemplado en ningún momento ante el drama que representan tantos nacimientos truncados la posibilidad de poner en marcha políticas activas de apoyo a las mujeres gestantes que atraviesan situaciones de dificultad o desamparo. Políticas en el campo educativo, laboral y social, que en lugar de empujar a las madres en potencia a renunciar a serlo, las ayude a traer a este mundo a sus hijos. El Partido Popular ha anunciado la presentación de una proposición de ley en este sentido y es de esperar que la izquierda progresista se sume a ella dado que nada hay más impulsor del progreso y más solidario que salvar de un destino fatal a miles de incipientes seres humanos indefensos. Si, de acuerdo con las tesis del feminismo radical, abortar es un derecho, por una simple razón de elemental simetría también tener hijos ha de serlo, con la diferencia de que el primer derecho violenta la naturaleza de la mujer y el segundo la respeta. A la hora de elegir entre favorecer la vida o allanar el camino de la muerte, izquierda, centro y derecha, creyentes y no creyentes, hombres y mujeres de cualquier ideología o condición, han de inclinarse sin duda por la vida. Si gastamos enormes sumas en aliviar la suerte de los parados, de los mayores, de los enfermos y de los discapacitados, esfuerzo loable que hace de los españoles una sociedad compasiva, justa y civilizada, no parece lógico dejar abandonados a su suerte a semejantes nuestros en la etapa de su existencia en que únicamente nuestra protección puede garantizarles el más fundamental de los dones, que es emerger de la nada para abrir los ojos al misterio inagotable del universo.                                                                      

CORRUPCIÓN

 España ha bajado desde 2004 seis puestos en el Índice Global de Percepción de la Corrupción de acuerdo con la evaluación periódica que lleva a cabo Transparencia Internacional, la organización que evalúa la honradez de las administraciones en el mundo. Se trata de un síntoma más del declive en el que estamos inmersos los españoles después del espejismo de las burbujas financiera e inmobiliaria de la década 1997-2007. También hemos descendido varios escalones en el ranking de competitividad y en el de calidad del sistema educativo entre los países desarrollados, lo que indica que padecemos males profundos que no son episódicos, sino de carácter estructural. Una ola viscosa de relativismo ético, hedonismo banal y plebeyez zafia nos invade progresivamente desde los medios audiovisuales mientras nuestra sociedad va incorporando hábitos destructivos en sus comportamientos tanto privados como públicos. La corrupción es letal para el correcto funcionamiento de los mercados, base de la prosperidad y del crecimiento. De hecho, puede acabar con la economía más boyante, tal como se ha demostrado en Argentina o en Zimbabwe, por citar dos ejemplos notorios. Nosotros aún nos encontramos lejos de estos casos extremos, pero hemos emprendido un camino muy peligroso. Aquellos que presentan conductas escandalosamente venales en el ejercicio de responsabilidades de gobierno a nivel municipal, autonómico o estatal, no son objeto del rechazo social inmediato e implacable que debería producirse en una sociedad moralmente sana. Por el contrario, son protegidos por sus partidos, escapan con cierta facilidad a una justicia lenta y politizada y pueden incluso medrar transformados en personajes de reality show. Se han creado pequeños partidos -véase Baleares- con el exclusivo fin de que sus dirigentes puedan lucrarse ilegalmente en operaciones urbanísticas. Hemos caído tan bajo que un elemento central del debate político es en estos días si la fiscalía y la policía tratan mejor a los presuntos chorizos del partido del gobierno que a los del primer partido de la oposición. Una clase política profesionalizada desde su temprana juventud, que concibe el servicio público como un modo de vida cómodo y bien remunerado que permite ganar status y privilegios sin el esfuerzo de estudio o de trabajo que exigen otras ocupaciones, se entrega a todo tipo de cohechos, prevaricaciones, malversaciones y abusos en un clima de alarmante permisividad. Tipos de una vulgaridad ofensiva, que hacen del lujo una forma de ordinariez, se encaraman a las más altas poltronas para dedicarse al saqueo del presupuesto. Nos rodea un panorama desolador ante el que hemos de reaccionar antes de que la porquería nos ahogue y la vergüenza sea nuestro único consuelo. 

                                                                                                                                   

GABILONDO PIDE ÁRNICA

 Aunque el nivel medio del actual gobierno español es decepcionantemente bajo, unos pocos ministros poseen el bagaje intelectual y la capacidad de discernimiento necesarios para saber que están presididos por un inepto y para advertir la magnitud del desastre que han representado para España los últimos cinco años ¿Por qué, entonces, han aceptado una cartera y se pliegan a las disparatadas improvisaciones y huídas hacia delante de su jefe de filas? Sentido del deber, afán de poder, vanidad, cinismo, las explicaciones pueden ser varias y resulta un ejercicio inútil intentar averiguar sus motivaciones. Algunos, como Solbes y Sevilla, llegaron a un punto en que ya no podían resistir mirarse al espejo cada mañana ni tampoco escuchar las sandeces que les llegaban todos los viernes desde  la cabecera de la mesa del Consejo. Otros, como Gabilondo o Rubalcaba, aguantan lo que les echen. Sin embargo, debe constituir una tortura la constatación de que asuntos que le han encomendado a uno podrían tener solución si se aplicasen las medidas que dictan la sensatez y la racionalidad. Hasta tal punto eso debe ser así que el ministro de Educación ha alcanzado pronto el límite de su aguante y se ha decidido a intentar un gran pacto de Estado con el Partido Popular para corregir el rumbo desastroso de su departamento. Este movimiento le honra y sus conversaciones con María Dolores de Cospedal han comenzado con buen pie. Ahora bien, tal como le ha comunicado su interlocutora, el sistema educativo español, hoy a la cola de la Unión Europea, sólo se arreglará si se aplican algunos principios tan simples como imprescindibles: recuperación de valores como el esfuerzo, el mérito y la disciplina; libertad de los padres para elegir el centro y el tipo de formación que quieren para sus hijos en el ámbito moral, enfoque nacional unificado de las reformas a emprender, fortalecimiento de la autoridad de los profesores y reconocimiento social y profesional de los cuerpos docentes. Es decir, todo aquello que el PSOE ha destruido desde que procedió a implantar la nefasta LOGSE. Por consiguiente, si Gabilondo acepta los planteamientos del primer partido de la oposición estará reconociendo tácitamente el inmenso error que han representado las sucesivas iniciativas socialistas en este campo. Si se niega a ello, las cosas seguirán igual y la destrucción de nuestro capital humano se acelerará aún más si cabe. El ministro ha pedido árnica al adversario y éste se ha prestado, de momento, a escucharle. Quizá asistamos en los meses venideros a una rectificación de la política educativa de igual calado que la realizada en la lucha antiterrorista o en la gobernabilidad del País Vasco. En caso de que sea así, lo celebraremos y felicitaremos al ministro-filósofo. De lo contrario, necesitará el consuelo que pueda proporcionarle la materia de su especialidad para no despreciarse a sí mismo.                                                                                 

CONFIARNOS A LOS PEORES

    Hoy nos hemos desayunado con dos noticias desalentadoras. El Foro Económico Internacional y la OECD han calificado muy negativamente a España en relación con nuestra competitividad y con la calidad de nuestro sistema educativo, respectivamente. En competitividad hemos caído cuatro puestos en el ranking mundial y ocupamos el número 33, habiendo sido superados por primera vez por un país del Este europeo, la República Checa. El índice de eficiencia de una economía nacional se mide atendiendo a una serie de parámetros que abarcan las infraestructuras, la inversión en I+D+i, el entorno normativo, la solidez del sistema financiero, el funcionamiento de la justicia, el volumen del mercado en el que operan las empresas y un largo etcétera. Este chequeo no ha podido ser más desolador para nosotros, los españoles. Somos la novena potencia mundial en términos de PIB y nos situamos en el furgón de cola de los países desarrollados cuando se evalúa nuestro rendimiento.  En otras palabras, mientras otros con posiciones de partida peores progresan a base de esfuerzo y acierto, nosotros vamos hacia atrás como los cangrejos. En cuanto al nivel de conocimientos de nuestra población, reflejado por su titulación académica, la mitad de nuestros ciudadanos entre  25 y 64 años abandonó sus estudios tras la enseñanza obligatoria, ¡18 puntos por debajo de la media de la Unión Europea! Eso sí, los gobiernos del PSOE nos han obsequiado con cuatro grandes reformas educativas desde 1982, la última de ellas, la LOE de 2006, con el edificante objetivo de anular el intento que hizo el PP en su segunda legislatura en el poder de enderezar el rumbo que habíamos perdido desde la LOGSE. Hay que reconocer que en eso los histriones de Rodiezno se han mostrado extraordinariamente competentes. Hordas de adolescentes semianalfabetos en diversas lenguas cooficiales se dedican ardorosamente al vandalismo en nuestras calles y plazas sin distinción de clase social después de haber ingerido cantidades asombrosas de alcohol. Incluso algunos especialmente perjudicados por el modelo moral y educativo imperante amenizan sus días ejercitándose en la violación en grupo. Este deterioro ético y cultural alarmante no es fruto, sin embargo, de la casualidad o de la mala suerte ni tampoco de la torpeza de nuestros gestores públicos socialistas. Obedece, por duro que suene, a un plan perfectamente diseñado e implacablemente ejecutado. ¿Alguien en su sano juicio puede creer que una ciudadanía sólidamente educada, dotada de criterio para analizar la labor de sus dirigentes, impregnada de normas cívicas y de sentido de la excelencia, hubiera otorgado por dos veces la mayoría en el Congreso a un individuo tan intelectualmente inane y carente de escrúpulos como ZP? Pues verde y con asas. Ignorantes, manipulables y subvencionados, así nos quiere el actual inquilino de La Moncloa, y se aplica sin descanso para conseguirlo. Los organismos internacionales que nos examinan lo confirman con inexorable regularidad. 

ALIANZA DE CIVILIZACIONES

  La reacción de Hillary Clinton durante su reciente visita a Kenya ante la proposición de matrimonio a su hija Chelsea por parte del técnico en electrónica keniata Godwin Chepkburgo revela hasta qué punto Occidente se muestra débil frente a culturas y tradiciones incompatibles con sus valores. El pretendiente africano de Chelsea ha reiterado su oferta, formulada por primera vez hace nueve años a Bill Clinton vía epistolar, de pagar al contado la blanca mano de su amada con sesenta cabezas de ganado, cuarenta cabras y veinte vacas para ser exactos, lo que sin duda demuestra el alto aprecio en el que tiene al objeto de sus deseos. Además, el bueno de Godwin cuenta ya con otra esposa, lo que no representa un obstáculo porque sus creencias admiten la poligamia y su actual cónyuge ha manifestado su plena disponibilidad a incorporar a Chelsea Clinton al acervo familiar. Dejando aparte que no parece que a Godwin Chepkburgo le haya hecho demasiado efecto su paso por las etapas educativas primaria, secundaria y superior en su país en relación a sus ideas sobre la igualdad de los sexos y los derechos humanos, la respuesta de la Secretaria de Estado norteamericana a las preguntas sobre la cuestión de los regocijados periodistas occidentales que seguían su periplo, no pudo ser más decepcionante. Recurriendo a la ironía fácil, la antigua rival de Obama declaró que agradecía la interesante oferta y que la trasladaría a su hija, que es una joven independiente que toma sus propias decisiones. Hillary Clinton equivocó por completo el contenido y el tono de sus palabras y perdió una magnífica ocasión de proclamar que semejante planteamiento le parecía aberrante, que un concepto de matrimonio basado en el intercambio de una persona por ganado resulta inaceptable, que lo consideraba una ofensa y que la poligamia constituye un atentado gravísimo a la dignidad de la mujer. De esta forma, hubiera hecho pedagogía en un terreno en el que el continente africano necesita una seria mejora y en el que sus gobiernos deberían actuar para impedir el sometimiento humillante y las vejaciones que padecen muchas mujeres prisioneras o bien de concepciones opresivas del Islam o de prácticas religiosas y sociales tribales incompatibles con el respeto a las libertades civiles que han de imperar en una sociedad abierta y democrática. Este es el enfoque claudicante y pusilánime de la llamada Alianza de Civilizaciones, un nombre sugerente para ocultar la cobardía y el relativismo moral de no pocos líderes occidentales, entre los que nuestro ZP ocupa un lugar de honor. Si se compara el encogimiento de Occidente con la agresividad de sus enemigos, no es difícil predecir el resultado de esta guerra de visiones del  mundo en la que nos jugamos nuestra supervivencia.                                                        

LA SOCIEDAD DISLOCADA DE ZP

Después de los horrores acaecidos en Baena y Huelva, donde grupos de adolescentes han violado a niñas de trece años, se ha producido la natural reacción de consternación en la opinión pública. La Ley del Menor vigente ha sido criticada por su blandura en relación a delitos muy graves cometidos por jóvenes entre catorce y dieciocho años y por muchachos que aún no han cumplido los catorce. El escalofriante caso de Sandra Palo ha salido a relucir y numerosos comentaristas, así como el primer partido de la oposición, han exigido un endurecimiento de las penas para crímenes especialmente repulsivos en estas franjas de edad. Sin embargo, nadie ha prestado atención a un aspecto que resulta particularmente relevante ante tales atrocidades perpetradas por escolares de secundaria. El Presidente del Gobierno y su equipo de asesores áulicos han diseñado un plan, que ejecutan con implacable maestría, para transformar la sociedad española en un conjunto de personas desnortadas, carentes de criterios éticos y fácilmente manipulables por la propaganda que todos los días las televisiones afines al poder socialista vomitan a través de la pantalla. Asimismo, los enseñantes de la cuerda zapateril difunden en las aulas los mismos esquemas hedonistas, relativistas y deletéreos que van minando progresivamente el nivel moral de nuestra juventud, preparándolos ya para engrosar las huestes de votantes de izquierda. El ministro de Educación, filósofo por más señas, ha declarado que los menores de edad tienen “los valores dislocados”. Las preguntas qué surgen son: ¿Quién tuvo la brillante idea de permitir pasar de curso con cuatro asignaturas suspendidas? ¿Quién impuso la materia de Educación para la Ciudadanía, en muchos de cuyos manuales se proponen modelos de comportamiento nada recomendables y se presenta una visión de las relaciones sexuales lúdica y superficial, con mayor atención a evitar las consecuencias de las mismas que a enfocarlas con seriedad y responsabilidad? ¿Cuántos discursos se conocen de José Luis Rodríguez Zapatero llamando a los jóvenes españoles al trabajo, al esfuerzo, a la autoexigencia, al estudio y a la búsqueda de la excelencia? ¿Recuerda el señor ministro alguna defensa de la familia por parte del ínclito ZP o de colegas suyos de gabinete, de la estabilidad de institución tan nuclear, de la necesidad de fortalecerla, protegerla y preservarla, de la autoridad de padres y profesores? Ahora se insulta nuestra inteligencia afirmando que tenemos una crisis de valores cuando todos conocemos de sobra a los que la han provocado.                                                                        

DIGNIDAD Y DERECHOS

Zapatero se presenta como un político entregado a ampliar los derechos de la gente. En este empeño supuestamente nobilísimo siempre destaca en sus discursos y declaraciones públicas lo que él considera el ejemplo más paradigmático en este campo: el derecho a abortar. En su reciente arenga a veinte mil fieles enfervorizados en Vallecas lo ha expresado con total claridad: “una ley que garantice a las mujeres la dignidad cuando decidan la interrupción voluntaria de su embarazo”. Resulta sorprendente la falta de rigor semántico del lenguaje progresista posmoderno. Un aborto no interrumpe la gestación porque si se tratase de una mera interrupción podría reanudarse posteriormente. Por supuesto, no es así. Una vez truncada la vida humana incipiente que late en el seno materno, el suceso es irreversible y nada podrá ponerlo en marcha de nuevo. Ese ser llamado a tener un rostro, un nombre, una trayectoria individual única e irrepetible, es aniquilado sin remisión. Pero trampas semánticas aparte, llama la atención la utilización de la palabra dignidad para referirse a un acto que nada tiene que ver con esta cualidad excelsa de ciertas conductas. Un aborto jamás puede ser digno. De hecho, se trata de un episodio en la existencia de la mujer que puede ser calificado de trágico, de triste, de traumático, de doloroso, un trance que muy frecuentemente es suciamente sórdido. Únicamente una mente perversa se atrevería a ver dignidad en ese quirófano en el que una madre potencial yace inerme y sedada para someterse al bisturí de un profesional que se comprometió en su día a preservar la vida y que ahora se dispone a eliminarla. Si ZP está convencido de lo que dice, estamos ante un hombre profundamente equivocado. Si en realidad no cree en sus afirmaciones, pero las enuncia con el fin de ganar votos explotando vilmente las miserias y las debilidades de sus conciudadanos, hemos de llegar a la conclusión de que es una persona despreciable. En ambos casos, librarnos de este azote, más que una necesidad política, es una cuestión de supervivencia. De legítima defensa, en definitiva. 

LA CADERA DE LA ABUELA

En una reciente entrevista con David Leonhardt del New York Times, Barack Obama hace un balance de sus primeros cien días en la Casa Blanca. En particular, llama la atención y suscita cierta inquietud su respuesta al periodista en relación con la reforma del sistema de salud norteamericano. El presidente de los Estados Unidos reflexiona sobre un tema que en su país es enormemente sensible y centra el problema en el coste de la universalización de la asistencia. Tras afirmar que resulta obligado mantener el gasto sanitario bajo control pone el énfasis en la carga que representan para el erario público los cuidados a las personas que padecen patologías crónicas y a las que se encuentran “al final de sus vidas”. Dado que nadie puede saber cuánto más va a vivir un anciano, se entiende que Obama tiene en mente a los enfermos terminales. De hecho, esta apreciación se confirma cuando el inquilino de la Casa Blanca recurre al ejemplo de su abuela que, aquejada de un cáncer en fase muy avanzada, se rompió el fémur y decidió someterse a una operación de prótesis de cadera. La intervención se realizó con éxito, pero a las pocas semanas su abuela fallecía de cáncer. Este doloroso episodio familiar conduce a Obama a plantearse en voz alta si realmente tenía sentido en términos de coste-beneficio la implantación de una nueva cabeza de fémur a su abuela. Reconoce que desde su óptica individual y subjetiva de nieto de la señora sufriente, cualquier esfuerzo para mejorar la calidad de su existencia está justificado, pero también afirma que desde la perspectiva de la gestión del sistema de salud en su conjunto quizá la conclusión fuera distinta. Sobre los crónicos no aclara nada, aparte de su simple mención. El anuncio de la convocatoria de un comité de expertos “independientes” formado por médicos, científicos y especialistas en ética enciende algunas luces de alarma. En el momento en que el enfoque sobre el tratamiento que deben recibir sus conciudadanos que se hallan en “el final de sus vidas” o que arrastran enfermedades crónicas requiere el concurso de moralistas, se abre la puerta a todo tipo de sospechas, sobre todo si los susodichos expertos se sitúan en ámbitos ideológicos “progresistas”. Habrá que ver como evolucionan los acontecimientos en este tema, aunque los signos iniciales son intranquilizadores. 

JUSTICIA DESVENDADA

El bochornoso episodio de la cacería de fin de semana en la que se han encontrado casualmente el juez que entiende de un caso de considerable trascendencia política, el ministro de justicia de un gobierno que es obviamente parte interesada, la fiscal encargada del asunto y el comisario general de la policía judicial responsable de las investigaciones sobre el terreno, ha suscitado el consiguiente escándalo. Sin embargo, ni el gobierno ni el juez ni el ministro ni el fiscal general ni nadie se ha dado por aludido. Por el contrario, de manera chulesca y descarada han hecho mofa pública de los que les han pedido explicaciones. El hecho de que el tema, que llevaba varios años bajo la lupa de los servicios de seguridad, haya estallado precisamente en vísperas de unas elecciones y en un momento en que el partido en el poder se muestra incapaz de afrontar la peor crisis económica sufrida por España desde la transición, obedece a otra casualidad, tan creíble como la fortuita cuádruple coincidencia cinegética. Nuestro sistema institucional se deteriora a gran velocidad y ya no se guardan ni las formas. Cuando a la justicia se le cae la venda de los ojos y dirige su mirada de inocencia perdida sobre los justiciables calculando con criterios ajenos a la estricta aplicación de la ley, los fundamentos de la democracia constitucional ceden y todo el edificio se tambalea. Y esta pérdida de independencia del poder judicial, este sucio sometimiento de las togas al ejecutivo, esta deshonra inaudita en una sociedad occidental avanzada, es peor que la contracción del crédito, peor que la quiebra de los fondos de inversión, peor que el aumento imparable del desempleo, peor que la caída de la producción industrial, peor que el descontrol del déficit y peor que el azote etarra. Porque todos esos males terribles tienen arreglo si el nervio moral de la colectividad se mantiene sano, si los pilares que sostienen nuestra civilización aguantan el seísmo, si los valores que nos fortalecen no se pierden en el tumulto. Pero cuando es la misma base la que se agrieta, cuando el suelo falta bajo nuestros pies, entonces ya nada nos podrá salvar del desastre.

|