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EL CEPO GRIEGO

                                   

         En los altos estratos de las instituciones europeas reina la confusión. Se oyen voces severas que amenazan a Grecia con la expulsión del euro si no pone orden en su casa configurando un gobierno estable y si no cumple con el programa de reequilibrio presupuestario que se le ha marcado desde Bruselas. Pero también suenan declaraciones enfáticas a favor de su permanencia dentro de la moneda única acompañadas de críticas irritadas contra los que contemplan la posibilidad de la salida. Como es habitual, la tan deseada voz única comunitaria se descompone en una cacofonía destemplada que los mercados registran como incapacidad para fijar un rumbo claro. El problema presenta un dilema de difícil solución. Por una parte, Grecia pesa como un lastre sobre las finanzas de la Unión, con dos paquetes de rescate ya aprobados y parcialmente desembolsados que superan los cien mil millones de euros y una quita de deuda del 50% que ha puesto a temblar a importantes bancos alemanes y franceses, por no mencionar a las propias entidades helenas. Como no parece que los ciudadanos de la cuna del pensamiento occidental hayan entendido la situación porque siguen embarcados en el caos político y en la revuelta social, la amputación de la rama podrida aparece como una opción deseable. Sin embargo, es obvio que la caída de un miembro de la zona monetaria presuntamente óptima tendría consecuencias devastadoras sobre los socios que permanezcan en la misma en condiciones de especial vulnerabilidad, como es el caso hoy de España e Italia. Otra posibilidad que algunos analistas malignos han puesto de relieve es la de un abandono del euro seguida de una recuperación de la capacidad exportadora y del crecimiento de la economía griega, como ha sucedido en el pasado en países que han sufrido un colapso, véase Indonesia, Argentina o Corea del Sur, fenómeno que contribuiría a animar a otros a bajarse del tren si se encuentran muy apurados. La Unión se debate atrapada en el cepo griego y ni con la Hélade ni sin ella tienen nuestras penas remedio. De momento, lo mejor sería que pudiera mantenerse la integridad de la Eurozona una vez el Parlamento griego establezca una mayoría estable dispuesta a hacer los deberes. Encomendémonos a Atenea y que sea lo que Zeus quiera.

 

 

                                               Aleix Vidal-Quadras

 

EL FRACASO DE LOS GRANDES PARTIDOS


         El resultado de las elecciones griegas ha producido un mapa parlamentario inmanejable, en el que resulta prácticamente imposible conseguir una mayoría estable de gobierno. El desastre económico en el que viven inmersos los helenos desde que estalló la crisis financiera global les ha provocado un estado de irritación colectiva tan considerable que las urnas lo han reflejado llevándose por delante a los dos grandes partidos clásicos de centro-derecha y centro-izquierda. El primero apenas ha conseguido un 20% de sufragios y el segundo un 14% quedando en tercera posición. Las fuerzas que han dominado la escena política griega durante medio siglo han quedado reducidas a la irrelevancia mientras surgen nuevos actores de marcado extremismo a ambos lados del espectro. Si el presidente de la república se ve obligado a repetir los comicios, es previsible que Nueva Democracia y Pasok sean definitivamente enterrados y el poder caiga en manos de una heterogénea coalición de izquierdas acosada en la calle por un neofascismo desatado, es decir, el caos completo. Este cataclismo en el área sudoriental de Europa debería enseñar una lección a aprender en la sudoccidental. Grecia se encuentra próxima a la descomposición violenta porque en primer lugar los dos principales partidos no han servido a su país, sino que se han servido a sí mismos, en segundo porque han gastado todas sus energías en enfrentarse entre sí en vez de alcanzar acuerdos que proporcionases estabilidad y viabilidad al sistema y en tercero porque la ciudadanía aceptó la venalidad y la irresponsabilidad de sus líderes mientras se dejaba anestesiar con todo tipo de beneficios sociales pagados gracias a un endeudamiento suicida. Antes de que en España alcancemos el punto de no retorno que los griegos ya han sobrepasado, nos queda un estrecho margen de tiempo para reaccionar. La diferencia a nuestro favor es que disponemos de un Ejecutivo con mayoría absoluta en ambas Cámaras que, en ausencia de colaboración de socialistas y nacionalistas, puede intentar enderezar las cosas en estrecha alianza directa con la sociedad civil. Si no comprende esta realidad incómoda, pero insoslayable, habida cuenta del tamaño económico y demográfico de España en el conjunto europeo, lo sucedido en la cuna de la filosofía occidental será una broma comparado con lo que nos espera.

 

 

                                                      Aleix Vidal-Quadras  

DESFACHATEZ E IMPUNIDAD

         La Comisión Europea acaba de validar las cuentas del Estado presentadas por el Gobierno español relativas al pasado ejercicio de 2011 confirmando un déficit público del 8.5%, dos puntos y medio por encima de la cifra anunciada en su día por la Vicepresidenta del Ejecutivo anterior, Elena Salgado. La entonces responsable de la cartera de Hacienda, ya en funciones tras las elecciones del 20 de noviembre, que perdió clamorosamente el Partido Socialista, ratificó un desequilibrio del 6%, lo que representa una desviación respecto a la realidad de la friolera de 25000 millones de euros. Es más, Salgado llegó a afirmar a dos días de la fecha electoral que el objetivo de déficit se cumpliría “con comodidad” y una semana después de la victoria por mayoría absoluta del PP se permitió decir que “no parece razonable que un Gobierno en funciones adopte medidas adicionales, sobre todo cuando vamos a cumplir ese objetivo de déficit”. Cualquier persona razonable alcanza una conclusión inapelable ante estos hechos: o bien la ministra era una incompetente manifiesta, carente de la mínima solvencia técnica y política exigible al máximo responsable del presupuesto nacional, o bien mintió deliberada y descaradamente con propósitos electoralistas primero y exculpatorios después. En ambos casos merece la condena más rotunda por parte de la ciudadanía, la repulsa explícita del Gobierno hoy en el poder y el apartamiento de toda función tanto en la esfera de la Administración como en la privada. Es más, si tuviésemos un sistema penal adecuado, semejante comportamiento falaz o negligente debería ser objeto de una severa sanción, de la que no habría que excluir la cárcel. Pues bien, esta señora, combinación insuperable de incapacidad e inmoralidad, ha recibido una de las más altas condecoraciones del país, disfruta ahora de un puesto sustanciosamente remunerado en una gran empresa multinacional del sector de la energía y, no faltaría más, percibe su indemnización como ex-ministra a cargo del contribuyente al que tomó el pelo sistemáticamente durante su mandato. Mientras tales muestras de desfachatez e impunidad sean permitidas e incluso recompensadas, la crisis no tendrá solución porque su origen se encuentra en las raíces éticas de nuestra sociedad, tan escuálidas y podridas que no pueden sostener el esfuerzo de regeneración, renovación y compromiso requerido para apartarnos del abismo.

 

                                             Aleix Vidal-Quadras 

CRISIS Y COMUNICACIÓN


         En relación al expolio cometido por Argentina al nacionalizar YPF, la Vicepresidenta Sáez de Santamaría ha pronunciado una frase rotunda y acertada: “Las medidas no se anuncian, se adoptan”. Aplicando esta misma filosofía al conjunto de reformas que el Gobierno está llevando adelante para superar los graves problemas de nuestro sistema financiero, de nuestra deuda soberana y de nuestro modelo productivo, este lema debería ampliarse así: “Las medidas no se anuncian, se adoptan y se explican”.  En efecto, cuando un país se encuentra sumido en el desánimo y la confusión porque muchos de los supuestos sobre los que había organizado su vida se desmoronan, sus activos se deprecian, las oportunidades se estrechan y se le exige que acepte sacrificios para los que nadie le había preparado, la labor del gobernante rebasa lo que Octavio Paz llamaba “la administración de las cosas” para entrar de lleno en la esfera del auténtico liderazgo, es decir, la capacidad de hacer entender, de convencer y de guiar. Este nuevo enfoque, que implica una elevación del nivel de la acción política, tiene como consecuencia inevitable el abandono del pasteleo entre partidos, la revisión sin complejos de los fundamentos del sistema y el establecimiento de una conexión directa y estrecha entre los que gobiernan y la sociedad. Dicho de otra forma, la prioridad de la mayoría absoluta parlamentaria desde la perspectiva de la comunicación no ha de ser la negociación con los restantes grupos de la Cámara, sino el contacto abierto y permanente con los ciudadanos. No se trata, sin embargo, de sustituir la democracia representativa por la directa, planteamiento que la experiencia ha demostrado muy peligroso. En esta etapa que requiere cambios profundos en el plano institucional y la creación de un espíritu colectivo de patriotismo reforzado y de regeneración moral, la interlocución entre los que tienen la responsabilidad de dirigir y los que son dirigidos ha de realizarse a través de canales inéditos mediante los cuales el parado, el pequeño empresario abocado al cierre, el estudiante al que le suben las tasas universitarias, el paciente obligado al copago sanitario, el autónomo ahogado por los impagos, el titular de hipoteca amenazado de desahucio y el funcionario que ha visto reducido su sueldo, comprenda el origen de sus dificultades, aprecie el sentido de las decisiones y de las iniciativas legislativas emprendidas y esté dispuesto a prestar su colaboración y su aquiescencia a partir de la certidumbre de que los errores del pasado no se repetirán, de que existe un camino de salida y de que se imponen otros valores y otras actitudes. Por mucho que el Gobierno lleve razón en su ejecutoria, si no consigue establecer contacto verdadero con las mentes y los corazones de los españoles, arderán los contenedores, se romperán las lunas de los escaparates, las huelgas se multiplicarán, la confianza se disipará y se ampliará el espacio para la irrupción de los populismos y las demagogias de la peor especie. Cada persona, obviamente, posee un carácter y una disposición aptos para ciertos cometidos y menos adecuados para otros. En esta hora dramática de nuestra historia, todos hemos de sacar fuerzas de flaqueza y al igual que España está obligada a renovarse y a asumir que su marco conceptual y ético dominante ya no es válido y que ha de ser sustituido por referentes sólidos y seguros que reemplacen el relativismo deletéreo que nos ha arrastrado al fracaso, aquellos que ocupan por la voluntad de las urnas el puente de mando del Estado deben esforzarse por adquirir cualidades y aptitudes incluso ajenas a su configuración psicológica. La libertad de ser como uno es, indiscutible en el ámbito privado, queda limitada en el terreno publico cuando las más  altas  magistraturas se desempeñan en circunstancias excepcionales que no admiten debilidades, complacencias, excusas ni demoras.

 

                               Aleix Vidal-Quadras

ESTAMOS TOCANDO HUESO

                              

         Cuando uno se enfrenta a una amenaza grave, la técnica que implica fracaso seguro es esconder la cabeza en la arena. Tal como demostró la etapa Zapatero, el pensamiento mágico, que consiste en fabricar una fantasía y autoconvencerse de que es real, suele acabar con el soñador. Ahora que por suerte tenemos un Gobierno con los pies en el suelo sería absurdo caer en la tentación de hacer el avestruz. Nos lo dicen los fríos números, nos lo reitera la Comisión Europea, nos lo advierte el Banco Central Europeo, nos lo recuerda el Fondo Monetario Internacional, nos lo remacha el Ecofin y lo acaba de proclamar, con su habitual y desacomplejada franqueza, Esperanza Aguirre: el Estado de las Autonomías en su actual estructura es insostenible y nos lleva irremisiblemente a la intervención. Por consiguiente, cada día que seguimos empeñados en que las dificultades derivan de una gestión inapropiada y no queremos admitir que la arquitectura del sistema debe ser reformada en serio, avanzamos un paso hacia el colapso. Posiblemente sea una verdad incómoda que choca con muchos intereses creados, pero es una evidencia insoslayable que hay que proceder a una redistribución de competencias, a un cambio profundo de la financiación y a una poda implacable de la frondosidad de objetos administrativos superfluos que pende del árbol autonómico. El camino a recorrer puede pasar a medio plazo por una revisión sustancial del Título VIII de la Constitución mediante el procedimiento previsto en el artículo 167, previo acuerdo de los dos grandes partidos, y a corto, por la utilización masiva del artículo 151.3 sin miedo a blandir en caso de necesidad el 155, todo ello resultando en la aprobación de un conjunto apropiado de leyes orgánicas. Asimismo, nada impide el recurso a la vía fáctica y que el Gobierno central y las Comunidades de su mismo color político, trece de las diecisiete, pacten una amplia devolución de competencias al Estado, tal como lúcidamente ha apuntado la Presidenta de la Comunidad de Madrid. Capítulo aparte, pero que solicita a su vez atención inmediata, es el local, que requiere una reducción drástica del número de municipios y de su correspondiente guirnalda de entes variopintos mayoritariamente prescindibles. Yendo a las grandes cifras, en un horizonte de una década el volumen total de asalariados públicos tendría que disminuir un 20%. Nos hemos pasado treinta y cuatro años cortando trozos de carne a la Nación para echarlos en las fauces insaciables de los nacionalistas y en las bocas golosas de las oligarquías regionales y locales de los dos principales partidos nacionales. Ahora ya estamos tocando hueso y el festín se va a acabar, por las buenas o por las malas. Si nos quedara un resto de sensatez, sería por las buenas.

 

 

                                     Aleix Vidal-Quadras

DICHOSAS CUOTAS

          La Comisaria europea Viviane Reding, responsable de la cartera de Justicia, Derechos Fundamentales y Ciudadanía, ha lanzado una consulta pública para evaluar la posibilidad de imponer a las empresas un porcentaje mínimo de mujeres en sus cúpulas directivas. Lo sorprendente es que la política luxemburguesa ha declarado que no le gustan las cuotas, pero que si su establecimiento es la única forma de avanzar en la paridad, que recurrirá a ellas. Creíamos que este tipo de obsesiones ideológicas típicas del feminismo radical eran sólo propias de iluminados como Zapatero, pero ahora resulta que este virus ha infectado también las filas del centro-derecha, ámbito al que pertenece la Comisaria. Hoy no existe ningún obstáculo legal, social o educativo para que se produzca la mínima discriminación por sexo a la hora de ocupar una responsabilidad pública o privada del nivel que sea. En nuestras universidades el número de estudiantes mujeres es ya ligeramente superior al de varones y contamos en nuestro continente desde hace décadas con primeras ministras, jefas de Estado, presidentas de grandes corporaciones, juezas, catedráticas, notarias, letradas de las Cortes, directoras de departamentos hospitalarios, señoras fiscales, inspectoras tributarias y la lista podría seguir hasta llenar toda la página. Una compañía decide actualmente quién forma parte de su consejo de administración o quién desempeña en su organigrama puestos ejecutivos de primera línea en función de la competencia, la experiencia y la idoneidad para la función requerida. Lo que importa es el balance anual y es en función de los beneficios perseguidos que se escoge al consejero delegado, al director de personal o al encargado del área de desarrollo tecnológico sin que el hecho de que lleve faldas o pantalones tenga la menor influencia. Por tanto, la obligación legal de nombrar a un número mínimo de mujeres en los estratos superiores de gestión  carece de sentido económico, vulnera cualquier lógica de negocio y es una intromisión intolerable en la libertad de mercado. El poder perturbador de lo políticamente correcto se manifiesta en los lugares y en las personas más inesperadas y demuestra que la renuncia a la batalla de las ideas por parte de la gente sensata tiene un precio muy alto que paga el conjunto de la sociedad en forma de confusión y empobrecimiento.

 

                  Aleix Vidal-Quadras  

LA UNIÓN EUROPEA ES UN BUEN NEGOCIO

 

         Ya ha comenzado en el Parlamento Europeo la discusión de los presupuestos comunitarios correspondientes al ejercicio de 2013 y, como era de esperar, se está desarrollando bajo la influencia de la grave recesión en la que se encuentran algunos Estados Miembros, España entre ellos. La crisis ha llevado al ánimo de los Eurócratas la necesidad de presentar unas cuentas extremadamente austeras y las Instituciones rivalizan a la hora de recortar gastos. En particular, la Comisión de Presupuestos de la Eurocámara se esmera en ahorrar en todos los capítulos y no regatea esfuerzos aplicando la tijera aquí y allá con gran regocijo de los euroescépticos, que aprovechan la ocasión para criticar como excesiva cualquier partida. Sin embargo, con el fin de evitar que los árboles de la coyuntura no nos dejen ver el bosque de la perspectiva histórica, conviene recordar algunas grandes cifras. Se estima que la existencia de una Europa económicamente integrada representa una creación de riqueza adicional para sus integrantes de unos cinco puntos del PIB total, es decir, unos 700000 millones de euros. En nuestro país, la pertenencia a la Unión ha duplicado en términos reales nuestra renta per cápita desde nuestra entrada en 1986, es decir, que en este cuarto de siglo la integración europea nos ha aportado del orden de un billón de euros a precios de hoy. Teniendo en cuenta que el coste total anual del funcionamiento de la Unión     Europea-gastos administrativos- es de unos 8000 millones, invertir esta cantidad para generar recursos noventa veces superiores no parece desacertado. Desde una óptica española, destinar unos pocos centenares de millones cada año para obtener decenas de miles tampoco resulta una mala elección. Por otra parte, al inmenso beneficio material hay que añadir la enorme ventaja de que gracias a la integración política continental los europeos hemos dejado de matarnos unos a otros, lo que mejora extraordinariamente la salud pública. La conclusión es que la Unión Europea es un excelente negocio, se mire por donde se mire. Por eso al escuchar determinadas descalificaciones groseras del trabajo de aquellos que dedicamos doce horas diarias a servir a esta gigantesca empresa, sólo cabe consolarse pensando que la ignorancia no sólo es muy osada, sino terriblemente injusta.

 

 

                   Aleix Vidal-Quadras

GRECIA EN LLAMAS


         Los griegos se han lanzado a las calles y Atenas es una pira humeante. Incendios, vandalismo, violencia, choques con la policía, desorden y caos por doquier, son hoy los elementos del panorama que ofrece la tierra donde nació la democracia y el pensamiento racional. Los demagogos -otra hermosa palabra helena- soliviantan a las masas contra la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional, pero en realidad la cólera que inflama a la gente que llena la plaza Syntagma es contra sí misma. Su desesperación es la expresión más patente de su arrepentimiento por haber vivido durante décadas de manera irresponsable. Sin duda fue hermoso mientras duró porque no pagar impuestos, jubilarse tempranamente, hinchar la administración de clientes políticos, amigos y parientes, presentar cuentas trucadas en Bruselas e ir engordando la bola del déficit y la deuda a base de créditos baratos a la vez que en el cielo azul brilla el sol y el Mediterráneo nos baña suavemente los pies al son del sirtaki, es el sueño de todo mortal. El problema es que al final de la escapada nos espera la dura realidad y las obligaciones de pago. El euro se concibió como moneda fuerte que garantizase facilidad de financiación, eliminación de costes de transacción y creciente influencia internacional, en la hipótesis de que todos los países que adoptasen tan magnífica divisa comprenderían que estas ventajas implicaban austeridad, rigor, trabajo y competitividad. Craso error. Europa es muy diversa y suponer que el hecho de compartir un mismo Banco Central iba a transformar a los griegos en alemanes, a los italianos en holandeses y a los portugueses en daneses, nos ha llevado al desastre. Ha llegado la hora de la disciplina y del palo y tentetieso. El castigo es durísimo y el paso de la abundancia y la molicie a la estrechez y a la productividad nada placentero. Ahora bien, por muchas piedras que se arrojen a los antidisturbios, por muchas sucursales bancarias que se destrocen, por muchas huelgas que se organicen y por muchos contenedores que se quemen, a los europeos del Sur sólo nos quedan dos caminos: la miseria o la aceptación de que el pan se gana con el sudor de la frente. Los españoles haremos bien en observar como arden las barbas griegas y darnos prisa en poner las nuestras en el remojo seguro de las reformas estructurales y el equilibrio presupuestario. Por más que les pese a Toxo, Méndez, Rubalcaba, Lara y otros fósiles andantes, ha sonado la campana, el recreo se ha acabado y hay que volver al aula a hincar los codos en el pupitre.

 

                                                       

                                       Aleix Vidal-Quadras 

CONSTITUCIONALIDAD, LEGALIDAD, POLÍTICA

                   

         El ministro de Justicia ha hecho saber a la ciudadanía que en su opinión -no necesariamente modesta- el matrimonio entre personas del mismo sexo es constitucional. De acuerdo con esta imaginativa visión de Alberto Ruiz Gallardón, la homologación jurídica, antropológica y semántica a todos los efectos de la unión estable de un hombre y una mujer con la de dos hombres o dos mujeres es compatible con nuestro ordenamiento básico. Dado que el Partido Popular, se intuye que desde una perspectiva corporativa distinta a la de tan ilustre y revoltoso militante, votó en su día en contra de la correspondiente ley zapateril, presentó una enmienda a la totalidad y la tiene recurrida ante el Alto Tribunal, parece obvio que sobre tan interesante cuestión no hay unanimidad en las filas de mayoría gubernamental. Nada grave si se tiene en cuenta que nuestro principal problema es el paro y de momento no se ha detectado una correlación entre la situación laboral y la orientación sexual. Sin embargo, esta polémica trae a la luz un tema muy interesante: la distinción entre lo que es constitucional, lo que es legal y lo que cada grupo del arco parlamentario considera políticamente deseable o aceptable. No todo lo que encaja en la Norma Suprema es legal ni mucho menos adecuado para aparecer en el programa electoral o en el ideario de unas siglas concretas. En efecto, las leyes pueden cambiar y la Constitución seguir incólume, al igual que sin salir del marco de la Ley Fundamental los partidos pueden propugnar sistemas fiscales, educativos o de pensiones netamente diferentes. Por tanto, en el Gobierno sustentado por nuestro catch-all party de centro-derecha existen actualmente tres posiciones en relación a este delicado punto, la del ex-alcalde de Madrid, conocido apóstol de la manga ancha, la del ministro del Interior, adscrito sin ambages a las tesis iusnaturalistas y la de la ministra de Asuntos Sociales, proclive a esperar y ver, en este caso, la sentencia del Constitucional. Esta pluralidad interna del PP demuestra que en el ámbito de las llamadas cuestiones de conciencia no es perceptible una tesis monolítica en la tropa comandada por Mariano Rajoy, lo que puede ser considerado inquietante o simplemente un reflejo de que el eje central de su doctrina no pasa por trascendentales dilemas morales, sino por áreas más prácticas y tangibles. A medida que este Ejecutivo liberal-conservador- social-cristiano-tecnocrático vaya tomando decisiones y enviando proyectos legislativos al Congreso iremos delimitando el núcleo duro de sus convicciones para distinguirlo de la periferia tornasolada de lo que maneja como elásticamente adaptable. Nos esperan cuatro años de fascinantes descubrimientos y yo les confieso que ardo de curiosidad.

 

                              Aleix Vidal-Quadras  

EL LENGUAJE DEL ENEMIGO

                                  

En su reciente recorrido por diversos ministerios en Madrid, la presidenta del PP catalán ha pronunciado una frase curiosa. Refiriéndose a la reestructuración del sistema financiero, que Mariano Rajoy desea culminar durante el primer semestre de este año, Sánchez-Camacho ha observado que su Comunidad debe jugar un papel clave en este proceso para así permitir “un mejor anclaje de Cataluña en España”. Es notable como determinadas expresiones, cargadas de pólvora ideológica, consiguen ser impuestas por sus inventores hasta el punto que sus teóricos oponentes acaban haciéndolas suyas. Al hablar de encaje de Cataluña en España, se presupone a) que Cataluña y España son dos entidades distintas en pie de igualdad  b) que existe un problema de acoplamiento de estos dos entes diferentes y de igual rango y c) que España es la que ha de poner todo de su parte para que Cataluña se sienta a gusto en esta relación bilateral. El lenguaje nunca es inocente y en política menos que en ningún otro ámbito. Otra perspectiva desenfocada de la dirección de los populares del Principado es su esfuerzo por aparecer ante la llamada “sociedad civil catalana” como los mediadores más útiles y eficaces entre tan distinguido grupo y el Gobierno central para hurtar esta misión a los nacionalistas de CiU, tradicionales defensores de los intereses empresariales de sus financiadores en la Carrera de San Jerónimo y en La Moncloa. Si el PP de Cataluña ha de centrar su atención prioritaria en un sector social, no ha de ser precisamente en los elitistas y reducidos cenáculos que pululan por el Círculo de Economía, el Círculo Ecuestre y  Fomento del Trabajo, sino en los millones de pequeños empresarios y comerciantes, profesionales, asalariados y autónomos, que constituyen su caladero más fértil de votos en la medida que son los primeros perjudicados -aunque a menudo no lo adviertan, prisioneros de la cárcel de mentiras y apelaciones emocionales del nacionalismo- por el estilo de gobierno intervencionista, excluyente, particularista, despilfarrador e ineficiente de los cultivadores de la identidad. Ahora mismo, la buena de Alicia, rebosante de tanta ingenuidad como seráfica intención, trata de convencer a sus correligionarios Montoro y de Guindos de que incluyan el los presupuestos del Estado para 2012 las partidas correspondientes al Fondo de Competitividad y al de Infraestructuras, que Artur Mas reclama insistentemente con el argumento de que son cantidades que “se les deben”. En vez de actuar como madrina de la pandilla de manirrotos irresponsables que son los nacionalistas ayudándoles a conseguir más dinero para seguir construyendo su proyecto secesionista, lo que debería ocupar su tiempo como cabeza visible del centro-derecha catalán constitucionalista es la permanente exigencia al Consejo Ejecutivo de la Generalidad de un programa de recorte de gasto público que incluya la supresión del noventa por ciento de los organismos inútiles plagados de paniaguados que lastran la Administración autonómica, la privatización de TV3, el cierre de todas las pseudoembajadas y la eliminación de tantas y tantas subvenciones clientelares o megalómanas. Mientras el PP de Cataluña no entienda que su batalla ha de ser la de las ideas y que la ha de librar contra un enemigo que jamás será su compadre, quedará condenado a un lugar secundario en el panorama político, social y cultural catalán. Y al hacer esta afirmación, como es bien sabido, no hablo de oídas. 

 

 

                            Aleix Vidal-Quadras