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UNA VISITA DESHONROSA

El cinismo del régimen teocrático de los ayatolás iranís alcanza cotas de difícil superación. En su comparecencia a puerta cerrada hace dos días ante la Comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento Europeo, el ministro Manoucher Mottaki presentó el programa nuclear que se desarrolla en su país y la situación de los derechos humanos en Irán bajo un prisma idílico que dejó boquiabiertos a los presentes. Un grupo nutrido de Eurodiputados de diversas nacionalidades esperábamos a Mottaki en la puerta de la sala exhibiendo fotografías de Neda, la joven asesinada por las fuerzas de seguridad en las calles de Teherán junto con otros muchos manifestantes contra el fraude de las últimas elecciones presidenciales. El objetivo del Gobierno iraní forzando esta presencia en la Eurocámara era obvio: transmitir una apariencia de normalidad en sus relaciones con la Unión Europea y seguir sembrando la confusión. Sin embargo, su plan falló anteayer estrepitosamente. El ministro tuvo que oír a la entrada  de la reunión como los miembros del Parlamento le increpaban llamándole asesino y posteriormente en el turno de intervenciones las más suaves fueron de tono marcadamente crítico y las más duras le pusieron verdaderamente contra las cuerdas. Dado que se refirió en su alocución a los Diputados como “queridos amigos”, yo en mi turno le rogué que no me considerase su “amigo” porque en nuestro Parlamento no somos amigos de gente que tortura, que asesina, que secuestra, que viola y que atropella brutalmente las libertades de sus ciudadanos. El amplio aplauso suscitado por estas palabras da una medida del clima del encuentro. Hay que ser realmente un desalmado sin escrúpulo ninguno para someterse bajo una apariencia de impavidez a semejante castigo dialéctico. Y es que conviene saber quién es Manoucher Mottaki. Cuando era embajador de Irán en Turquía un comando de agentes del régimen bajo cobertura diplomática organizó en octubre de 1987 en Estambul el secuestro del disidente exiliado Abol-Hassan Mobjtahed-Zadeh, que fue retenido y severamente torturado durante un año. Posteriormente, le ataron y amordazaron introduciéndolo en el maletero de un coche con la intención de trasladarlo por carretera hasta Irán y allí seguir interrogándolo hasta acabar con su vida. Afortunadamente, la víctima pudo hacer notar su presencia dando patadas contra la tapa del maletero en una parada para repostar. La policía turca acudió y le liberó arrestando a los esbirros, que fueron posteriormente expulsados. Este es, pues, Manoucher Mottaki, un delincuente, un gánster al servicio de una ideología fanática, cruel y totalitaria claramente equiparable a los horrores nazi y comunista que amenazaron al mundo  en el pasado siglo. Por eso causa indignación y estupor que un Parlamento democrático abra sus puertas a un representante tan significado de un sistema político que representa la mayor amenaza para la estabilidad y la paz a la que hoy se enfrenta Occidente y que tiene a sus espaldas centenares de miles de crímenes espantosos. Desde luego, somos muchos los Eurodiputados que rechazamos semejante oprobio y que haremos todo lo posible para que no se vuelva a repetir.  

                                                                                 

 

CHOPIN A TEMPO LENTO

  El  tremendo accidente aéreo de Katyn en el que han fallecido el presidente de la República polaca, su esposa, la cúpula militar del país, altos cargos del gabinete del Jefe del Estado, varios ministros, numerosos diputados y destacadas figuras de la vida cultural, social y académica de la nación más grande de Europa Oriental, ha conmocionado a la opinión pública de nuestro continente y ha infligido una nueva y terrible herida a uno de los pueblos europeos al que la Historia ha dejado ya demasiadas cicatrices. Polonia acumula siglos de tremendo sufrimiento y llegó a desaparecer del mapa, tragada por Rusia, Prusia y Austria, durante ciento veinte años. Más tarde, una vez recuperada su soberanía y su territorio, fue sucesivamente sojuzgada por la Alemania nazi y por la Rusia soviética, con una secuela espantosa de muerte y destrucción. Es por eso que los polacos parecen siempre desprender un aire trágico y poseen la fuerza sobrecogedora de los que saben que la línea que separa el ser de la nada es delgada e incierta. La ceremonia celebrada esta mañana en el hemiciclo del Parlamento en Bruselas en recuerdo de las víctimas de la reciente catástrofe ha destacado por su sobriedad y su serena belleza. Envuelto en un silencio denso, el presidente de la Eurocámara y  ex-primer ministro polaco, Jerzy Buzek, enfundado en un traje negro que contrastaba con la nieve venerable de su cabello, ha pronunciado una oración fúnebre cuya economía verbal y sinceridad impactante ha reflejado a la perfección la solemnidad del momento y la profundidad del dolor de cuarenta millones de sus compatriotas. Las fotografías de los desaparecidos han ido apareciendo en dos grandes pantallas mientras una sucesión de diputados polacos leía sus nombres y una fila de niños y preadolescentes de esa nacionalidad giraba en torno a un búcaro en el que depositaban a cada evocación una rosa de desolada blancura. Al término de la lista se ha guardado un minuto más de emocionado silencio y un piano oculto ha desgranado con majestuosa parsimonia, como si depositara cada nota en la eternidad, la Marcha Fúnebre por antonomasia. Ya en el camino de salida me he acercado a Jerzy Buzek para abrazarle y me ha dicho unas palabras capaces de pulverizar cualquier tentación euroescéptica: “Alejo, Europa existe, Europa está aquí esta mañana. Hemos de seguir trabajando para que siga adelante” Y en este momento una imagen que durante el acto ha impresionado mi retina me ha venido a la mente como un relámpago revelador, la de varios diputados que no podían contener los sollozos, desbordados por la magnitud de la pérdida. Eran diputados alemanes. En efecto, Europa por fin existe y no hemos de permitir que nadie nos la arrebate.                                                                         

DOS PESAS Y DOS MEDIDAS

    Mis colegas eurodiputados de CiU, ICV, ERC y PSC, se han adherido a una hoja de ruta presentada por la organización independentista HORITZÓ.eu que reclama la plena oficialización del catalán en las instituciones europeas. Este es un objetivo imposible por razones evidentes de tipo jurídico, logístico y presupuestario, pero la insistencia en el mismo genera réditos electorales extraídos de la frustración. Es interesante señalar tres aspectos de esta permanente y estéril campaña sobre el uso del catalán en las distintas instancias comunitarias. El primero es que ya se ha hecho mucho desde  Bruselas en favor de la lengua catalana. Tanto en el Consejo como en el Comité de las Regiones se puede emplear el catalán mediante preaviso y corriendo España con los correspondientes gastos. El Parlamento, por su parte, recibe y contesta comunicaciones escritas por ciudadanos en catalán y su oficina de Barcelona elabora y mantiene una página web de la Eurocámara totalmente en catalán. Asimismo, los principales documentos legislativos se traducen a las diversas lenguas cooficiales españolas. Sin embargo, una de las características del nacionalismo étnico-lingüístico es la reivindicación permanente, sin apreciar ni valorar cualquier avance que se produzca en el respeto a las diferencias. El segundo estriba en la negativa de los nacionalistas a reconocer a los demás los derechos que reclaman airadamente para sí. Y el tercero consiste en disfrazar de peticiones razonables lo que en realidad son agresiones excluyentes a la identidad que perciben injustificadamente como enemiga. Así, la murga inacabable sobre la utilización del catalán en los plenos del Parlamento Europeo no tiene en realidad otro objetivo que debilitar la imagen de España como Nación frente a nuestros socios de la Unión. Las fuerzas soberanistas no quieren entender que cada lengua tiene su ámbito natural de reconocimiento oficial y público y que de la misma forma que el catalán es lengua habitual de las administraciones local y autonómica, lo normal es que en las Cortes del Reino se recurra a la lengua común al igual que en las instituciones y órganos de la Unión Europea, cuyas piezas constitutivas son los Estados-Miembros. Por tanto, mientras en Cataluña los nacionalistas impongan una cultura y una lengua contra la realidad plural de la sociedad, sus planteamientos en otros niveles, incluso si considerados en abstracto fuesen sensatos, no contarán con mi apoyo. La aplicación de dos pesas y dos medidas para quién la trague, pero en mi caso no cuela.                                                                           

UNA SESIÓN DE GUANTE BLANCO

 La presentación de la presidencia semestral española de la Unión Europea a cargo del Presidente del Gobierno ha transcurrido en el hemiciclo de Estrasburgo con sorprendente suavidad. ZP ha hecho un discurso hábilmente planteado de cara al auditorio que le esperaba sin demasiada expectación -de hecho dos tercios de los escaños estaban vacíos- concentrándose en los temas que sabía despertarían el apoyo mayoritario de los eurodiputados. Porque pocos de los presentes iban a oponerse a la necesidad de una coordinación más fuerte de las políticas económicas de los Veintisiete para salir de la crisis, a la bienvenida al Tratado de Lisboa y a la nueva estructura institucional que dota de mayor poder al Parlamento y al compromiso con una lucha decidida contra la violencia de género. En los demás asuntos tratados, Haití, estabilidad presupuestaria, cambio climático, inmigración, Irán…, Zapatero no se ha salido ni un milímetro de la ortodoxia comunitaria y se ha limitado a hilvanar generalidades inocuas. Algunos diputados británicos han mostrado especial virulencia en sus intervenciones en relación a los perjuicios sufridos por propietarios de viviendas en la costa española que se han visto sometidos a costosos procedimientos judiciales derivados de nuestra confusa normativa urbanística y su aplicación no siempre escrupulosa por parte de ciertos consistorios. El flamante presidente rotatorio se ha comprometido a estudiar el tema, como no podía ser de otra manera, pero este es un problema que hace un enorme daño a nuestra reputación y que requiere una reforma seria de la legislación correspondiente y una redistribución de competencias entre el Estado, las Comunidades Autónomas y los Ayuntamientos con el fin de frenar los abusos y la corrupción. Por supuesto, el punto débil de su comparecencia estaba en el lamentable balance de nuestras cuentas públicas y en nuestro aterrador nivel de desempleo, lo que le resta autoridad a la hora de hacer recomendaciones a los demás, y así se lo ha señalado el jefe de la delegación de la CDU alemana con la consiguiente incomodidad del interpelado. El PP, en boca de Jaime Mayor y Luis de Grandes, se ha mostrado comedido a la espera de los primeros resultados de esta presidencia de la que nadie espera grandes logros. No cabe duda que una fuerte agresividad del principal partido de la oposición en España hubiera estado fuera de lugar por la ocasión y por el foro en el que se ha celebrado el debate. Al final, era patente que Zapatero se ha sentido aliviado por la facilidad con la que ha superado el trance, aunque le esperan cinco meses más durante los cuales será severamente juzgado por los mismos que hoy le han concedido un cortés voto de confianza. Pronto se dará cuenta de que las técnicas de seducción a base de inventar realidades virtuales que hasta hoy le han funcionado a nivel nacional no son válidas en el plano europeo y el varapalo con el que le han acogido los principales medios internacionales es una buena muestra de lo que le aguarda si no espabila lo suficiente.                                                                                                                                   

UNA EXPULSIÓN REVELADORA

        Desde su llegada al poder en 2004 el presidente del Gobierno ha impulsado sin descanso un cambio en la política de la Unión Europea respecto al régimen castrista. A diferencia de la línea seguida por Aznar que intentó combinar el apoyo a la disidencia, la defensa firme de los principios democráticos y el mantenimiento de una relación diplomática correcta, Zapatero siempre se ha mostrado partidario de las concesiones a la dictadura cubana, evitando cualquier gesto o actitud que pudiera incomodarla y dejando abandonada a su suerte a la oposición interna. Hasta ahora sus maniobras en el seno del Consejo Europeo para restablecer el diálogo y la cooperación sin condiciones previas no se han visto acompañadas por el éxito porque hay bastantes Estados-Miembros que todavía se niegan a normalizar una situación que no tiene nada de normal. Mientras los presos políticos sigan en la cárcel y el respeto a los derechos humanos y a las libertades civiles más elementales brillen por su ausencia, es imposible que la Unión considere al régimen totalitario caribeño un interlocutor aceptable. En este contexto, la expulsión abrupta y sin explicaciones del eurodiputado socialista Luis Yáñez, realizada contra la legalidad internacional y con absoluto desprecio al partido que representa y a la institución en la que ocupa un escaño, demuestra hasta qué punto las estrategias blandas de Zapatero son ineficaces. Lo fueron en la etapa vergonzosa de la negociación con ETA, lo han sido con Marruecos ante el problema del Sahara Occidental y con los piratas somalíes, y lo están siendo en Afganistán, donde al final nos hemos visto obligados a incrementar el número de efectivos en el área. Si bien la discusión constructiva, la flexibilidad y el pragmatismo son instrumentos valiosos para operar en la escena internacional, no es menos cierto que la claridad y el rigor a la hora de tratar con contrapartes que nos humillan y que recurren permanentemente a los hechos consumados y a la fuerza bruta son indispensables si uno desea que le tomen en serio. Esperemos que la lección de la que ha sido vehículo y víctima el eurodiputado Yáñez haya sido comprendida por nuestro Gobierno y le sea provechosa.                                                                                                                                                                                

LENGUA DE MADERA

     Hay una expresión francesa que siempre he encontrado muy adecuada al fenómeno que describe y es “avoir une langue de bois“, es decir, hablar con lengua de madera. Se refiere a la utilización de circunloquios, eufemismos y anfibologías en la mezcla requerida para decir algo de tal forma que nuestro interlocutor entienda lo que nosotros queremos que entienda, pero dejando siempre una puerta abierta a una interpretación distinta llegado el caso. El lenguaje político es con frecuencia el ejemplo más representativo de semejante práctica y en ocasiones produce en la ciudadanía un hastío rayano en la náusea, además de llevar a los periodistas a la desesperación. El jefe de filas del partido conservador del Reino Unido, David Cameron, se comprometió durante su campaña para el liderazgo de su formación a convocar un referendo sobre el Tratado de Lisboa si llegaba a ser primer ministro. Esta promesa fue inequívoca y literalmente la formuló así. “Una agenda reformista y de progreso exige una redistribución del poder desde la Unión Europea a Gran Bretaña y de los jueces al pueblo. Por consiguiente, celebraremos un referendo sobre el Tratado de Lisboa”. Tras la firma por parte de Vaclav Klaus del Tratado y de su subsiguiente entrada en vigor, la convocatoria de una consulta popular al respecto equivaldría a todos los efectos legales a preguntar a los ciudadanos británicos si deseaban o no que su país siguiese siendo miembro de la Unión. O sea, un disparate político y jurídico, además de una irresponsabilidad. Sin embargo, consta en las hemerotecas y en la memoria de sus compatriotas que Cameron describió este propósito como “blindado con hierro”. ¿Cómo escapar de situación tan incómoda sin perder del todo la faz? Aquí es donde entra la langue de bois. Veamos las modulaciones sucesivas: “Queremos celebrar un referendo sobre el Tratado de Lisboa, pero parece claramente que nos aproximamos al punto en que el tratado no será un tratado, sino una parte de la legislación europea”. ¿Y qué?, se preguntarán muchos votantes tories. “Siempre esperé que el presidente Klaus no firmaría, pero parece que los tiempos están cambiando”. Jamás condicionó el referendo a lo que hiciese o dejase de hacer Klaus. Previamente, en los Comunes, el encargado de política exterior de la oposición conservadora, William Hague, soltó el acertijo siguiente: “Esto no sería aceptable para un gobierno conservador y nosotros no dejaríamos las cosas tal cual”. ¿Qué significa “no dejar las cosas tal cual”? Vaya usted a saber. En definitiva, que no va a haber referendo si Cameron gana las elecciones y la rotundidad férrea de su compromiso electoral ha sido sustituida por la quebradiza madera de su lengua de político profesional. Como Dios escribe recto con renglones torcidos, la inconsistencia del futuro inquilino del 10 de Downing Street redundará en beneficio de todos los británicos, que se van a ahorrar un error histórico que les hubiera llevado a la ruina. 

                                                                        

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