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- 5. Febrero 2010: ESTADO DE EMERGENCIA
- 2. Febrero 2010: ESPAÑA EN CRISIS: ¿ALTERNANCIA O ALTERNATIVA?
- 28. Enero 2010: NIEVE Y CENIZA
- 20. Enero 2010: UNA SESIÓN DE GUANTE BLANCO
- 13. Enero 2010: EL COSTE DE LOS DERECHOS
- 9. Enero 2010: UNA EXPULSIÓN REVELADORA
- 30. Diciembre 2009: TRADICIÓN GOLPISTA
- 23. Diciembre 2009: DOS MODELOS DE PATRÓN DE PATRONES
- 16. Diciembre 2009: LA CONFERENCIA DE LA CONFUSIÓN
- 8. Diciembre 2009: EL ESPEJISMO
ESTADO DE EMERGENCIA
5. Febrero 2010 por JOAQUIN.
Una inmensa mayoría de españoles de todas las adscripciones ideológicas coincide en un diagnóstico desesperado y sombrío: la situación es insostenible, vamos a la ruina total, hay que hacer algo… Estos comentarios y otros similares se multiplican en las barras de los bares, en las sobremesas familiares, en los despachos empresariales, en las tertulias radiofónicas y en las columnas de los analistas políticos. El Estado no sólo se descompone aceleradamente -el tripartito catalán condena a la quiebra a los exhibidores de cine a la vez que anuncia que se propone suprimir de un plumazo las provincias-, sino que además por cada nueve euros que ingresa gasta quince. La presidencia española de
Aleix Vidal-Quadras
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ESPAÑA EN CRISIS: ¿ALTERNANCIA O ALTERNATIVA?
2. Febrero 2010 por JOAQUIN.
(Conferencia pronunciada en Valencia por el Vicepresidente del Parlamento Europeo, Alejo Vidal-Quadras, el 1 de Febrero de 2010 por invitación del Club de Encuentro Manuel Broseta)
Queridos amigos y amigas, muy buenas noches a todos.
Muchas gracias Pablo por tu amable presentación. Es un inmerecido privilegio para mí ocupar esta prestigiosa tribuna que mantiene vivo el recuerdo de un gran jurista, un gran intelectual, un gran valenciano, un gran español y una gran persona como fue tu padre. Si el odio criminal no hubiese segado su vida hace ahora dieciocho años, no es difícil imaginar lo que Manuel Broseta escribiría y diría hoy ante la grave situación que atraviesa España en esta etapa de su Historia, sin duda alguna la más preocupante y también la más decepcionante de las últimas tres décadas de recuperada democracia constitucional, a cuya puesta en marcha él contribuyó tan valiosamente. Tú mismo, autorizado intérprete de su pensamiento y fiel guardián de su herencia política y moral, afirmabas en una entrevista reciente “pienso que aún hemos de ver muchas cosas y que aún van a empeorar más” y añadías refiriéndote a los principales dirigentes políticos del país “parece que su línea de trabajo va en el sentido de que el deterioro aumente, me parece una absoluta irresponsabilidad”. Y estas palabras tuyas, tan ajustadas al momento presente, reflejan perfectamente una realidad tan dolorosa como innegable: España padece una crisis múltiple y profunda que afecta a los fundamentos de nuestro sistema de convivencia, que pone en riesgo la supervivencia misma de nuestra antigua y querida Nación. Aunque la pavorosa recesión que sufrimos, con sus amargas secuelas de desempleo y de desequilibrios peligrosísimos de las cuentas públicas, es la que acapara la atención de los medios y del debate parlamentario, existen otras dimensiones de la crisis que son tan o más destructivas, y que despiertan una viva inquietud en todos los que contemplan nuestro panorama público con la debida lucidez. Junto a una crisis económica durísima, en efecto, castigan con saña el cuerpo nacional otras tres crisis, simultáneas y alimentándose entre sí en devastadoras sinergias, una crisis moral, una crisis institucional y una crisis de unidad nacional que han alcanzado cotas inimaginables unos pocos años atrás. Sobre nuestro venerable solar cabalgan amenazadores estos cuatro jinetes de un posible apocalipsis que afortunadamente todavía estamos a tiempo de evitar, si bien el margen de tiempo y de maniobra es cada día más estrecho. Pues bien, este es el tema de mi intervención hoy en Valencia, la crisis de España, su descripción, sus causas y sus eventuales remedios. Reconozco que podía haberles propuesto asuntos más placenteros y menos comprometidos, pero entonces caería en esa irresponsabilidad que tan justamente denunciaba Pablo en las declaraciones a las que he hecho alusión al principio.
Comencemos por la crisis económica. A mediados de 2008, nuestro tejido productivo empezó a perder fuelle tras una década de continuo crecimiento, de creación de empleo, de liberalización de mercados estratégicos, de privatizaciones que estimularon un prometedor capitalismo popular, de fortalecimiento de las clases medias y de internacionalización de nuestras empresas. España fue entre 1996 y 2007 un referente y un ejemplo. Se hablaba del milagro y del modelo español. El paso de doce a casi veinte millones de personas activas, la reducción a la mitad de la tasa de paro, la entrada triunfal de las mujeres en el mercado de trabajo, la incorporación al euro con todos los pronunciamientos favorables, el reiterado superávit de
Pasemos a la crisis moral. Ninguna democracia, ni las más prestigiadas, puede eliminar por completo la corrupción. Pero las alarmas se encienden cuando los casos se multiplican y dejan de ser una anomalía del sistema para convertirse en un elemento constitutivo del mismo y de su funcionamiento. El alud de delitos al que hemos asistido cometidos por cargos institucionales de distintos partidos, sobre todo en el ámbito del urbanismo y de las licitaciones públicas, empieza a rozar la línea roja que separa lo ocasional de lo estructural. En este contexto resulta especialmente indignante la débil reacción de la justicia y de las formaciones políticas afectadas, así como la insuficiencia de la condena social de estas actuaciones escandalosas. Cambiando de tercio, pero no de faena, basta conectar el televisor y contemplar determinados espacios de gran audiencia para evaluar qué tipos de modelo de comportamiento se proponen a los españoles y cuál es el nivel estético, intelectual y ético que las productoras, en persecución legítima de espectadores en un sector ferozmente competitivo, asumen que su público va a apreciar. Este es el lado estrictamente comercial, pero no hemos de olvidar que existe asimismo un plan tácito auspiciado desde los estrategas del zapaterismo de transformación social en una dirección cuidadosamente preparada. Es una serpiente, y nunca mejor escogido el símil, que se muerde la cola. De un lado, desde el poder se impulsa una combinación viscosa de relativismo moral, ideología de género, hostilidad a la religión, degradación del sistema educativo, medioambientalismo acientífico, hedonismo fácil, multiculturalismo cobarde, pacifismo suicida y desprecio y ridiculización de todos los valores y convenciones que vertebran y prestan fortaleza a una sociedad. Del otro, los medios audiovisuales de masas sirven a esta demanda cada vez más grosera y degradada amplificando el fenómeno en una espiral destructiva de zafiedad, incultura y rechazo del esfuerzo, el mérito, el buen gusto y el sentido del deber. Tras el fracaso del marxismo, sus huérfanos han construido nuevas herramientas de supuesta liberación, reemplazando la lucha contra la desigualdad material y contra el modo de producción capitalista por la eliminación de las ataduras ancladas en la naturaleza misma del hombre. Una nueva antropología emanada de la ideología de género pugna por construir saltando por encima de toda lógica biológica y de toda moral trascendente una nueva humanidad sin limitaciones derivadas del sexo o de la familia denigrada como “patriarcal”. El totalitarismo marxista produjo un sistema inhumano y por eso se derrumbó. La amenaza ahora proviene de un planteamiento que en su pretensión de ser post-humano deviene infrahumano. La reducción de la vida humana en gestación a un estorbo prescindible con el apoyo de la mayoría de la sociedad muestra sin paliativos los abismos a los que nos arrastran. La vieja máxima marxista “de cada uno según sus capacidades, a cada uno según sus necesidades” es sustituida por la regla zapateril “de cada uno según su disponibilidad, a cada uno según sus antojos”, edificante filosofía de la vida transmitida mediante la asignatura de Educación para
Le toca el turno en este repaso a la crisis institucional. Está más que probado que el buen gobierno requiere una arquitectura institucional correctamente diseñada que funcione eficazmente. Cuando las instituciones flaquean, el orden social se deteriora y se abre paso al caos o a la opresión. Desde esta perspectiva, hemos de reconocer que en España se consolida la percepción de que muchos órganos esenciales del Estado están fallando hasta un punto que produce en la ciudadanía escepticismo, desconfianza e indignación. Voy a citar un ejemplo elocuente de este clima de tensión: Más de medio millar de jueces han firmado un manifiesto estos días en el que protestan por la que consideran intolerable politización de la justicia y en el que reivindican su capacidad de ejercer su trabajo con la debida independencia. Si son los propios miembros de los Tribunales los que denuncian la injerencia de los otros poderes del Estado en su espacio de competencia exclusiva, nos vemos obligados a pensar que algo habrá que hacer si no queremos convertirnos en un país bananero. Una justicia rápida, certera, al alcance de todos y auténticamente independiente es una pieza indispensable de una sociedad moderna y democrática en orden a garantizar su armonía interna y su desarrollo económico.
Otro punto negro de nuestro entramado institucional es nuestro sistema de partidos. Organizaciones concebidas en
Obviamente, no es posible hablar de la crisis institucional en España sin mencionar el Tribunal Constitucional y su impotencia frente a los recursos presentados contra el nuevo Estatuto catalán. Una simple aplicación de la jurisprudencia previa del Tribunal sobre los temas objeto de recurso hubiera bastado para disponer de una sentencia en seis meses y llevamos más de tres años de forcejeo entre los magistrados. Este retraso insólito no obedece, por consiguiente, a la complejidad jurídica del tema en litigio, porque nadie ignora, ni siquiera sus propios impulsores, que el Estatuto de Cataluña es inconstitucional de la cruz a la raya, sino a la contaminación política del supremo intérprete de
Y, por último, centremos nuestra atención en la crisis de unidad nacional, a mi juicio la más letal de las cuatro porque amenaza la existencia misma de España como entidad jurídico-política y como proyecto colectivo. Lo primero que hemos de constatar al respecto es que el principal objetivo político del Estado de las Autonomías no se ha cumplido. La radical transformación de un Estado de largo recorrido unitario en uno de los más descentralizados del planeta, estructurándolo territorialmente en diecisiete entidades sub-estatales dotadas de amplísimas competencias, con un decidido reconocimiento de elementos diferenciales en el plano cultural, lingüístico y simbólico e incorporación a
Una tesis a añadir a estas alturas es la de que el Estado necesita una renovación profunda y amplia que corrija las muchas ineficiencias, inconsistencias y disfuncionalidades generadas a lo largo de treinta años de desarrollo autonómico. Durante mucho tiempo se ha aceptado como un principio indiscutido que la descentralización es buena en sí misma y que a mayor número de competencias transferidas a las Autonomías, más bienestar y mejores servicios para los ciudadanos. Esta es una apreciación tan simple como falsa. La partición de parques nacionales que se extienden por más de una Comunidad, la parcelación de cuencas hidrográficas de grandes ríos peninsulares, la heterogeneidad normativa sobre el ejercicio de profesiones tituladas, la pérdida de control de los órganos centrales del Estado sobre la planificación urbanística, la ya mencionada fragmentación de la “administración de
¿Adónde nos lleva un examen desapasionado de un cuadro tan deprimente? Pues a la convicción de que es absolutamente indispensable que en las cúpulas de los dos grandes partidos nacionales se produzca un cambio conceptual en relación a los partidos nacionalistas y su papel en nuestro sistema político. Los nacionalismos de raíz étnico-lingüística, que erigen la identidad en valor supremo por encima de la libertad, la igualdad y los derechos fundamentales de los individuos no pueden ser considerados piezas normales del sistema y aliados ocasionales cuando las circunstancias lo requieren. Es imposible, aparte de masoquista, gobernar una Nación de la mano de aquellos cuya prioridad explícita es destruirla. Mientras los máximos responsables de los dos grandes partidos sigan percibiéndose mutuamente como enemigos irreconciliables y a los nacionalistas como socios de conveniencia, la arquitectura institucional, jurídica y política nacida del pacto civil de 1978 está abocada al derrumbe. Es sorprendente desde esta óptica la persistencia en este error de perspectiva a pesar de la clamorosa evidencia de sus efectos letales. La cadena de cesiones iniciada en 1993, continuada en 1996 y culminada por el vergonzoso entreguismo de 2004 y
Querido Pablo, queridos amigos, ha llegado el momento de cerrar estas consideraciones sobre la crisis de sistema que está atravesando España y que muy pocos se atreven, nos atrevemos, a diagnosticar en toda su magnitud. Sentada esta premisa y a pesar de los muchos y relevantes motivos que nos pueden empujar hacia el pesimismo y el desánimo, quiero afirmar con rotundidad que existe una línea de acción política capaz de dar respuesta a los gravísimos problemas en que estamos inmersos y que esta orientación estratégica es factible porque cuenta con una amplísima base social de españoles de diversas adscripciones ideológicas que desean fervientemente seguir siéndolo. Y a ellos hay que dirigirse, a ellos hay que apelar directa y sinceramente, llamándoles a apoyar una ambiciosa agenda de regeneración institucional y ética y de reformas valientes de nuestra economía. De cara a las elecciones de 2012, nuestra última oportunidad antes del colapso que se avecina, el Partido Popular ha de comprometerse a tender la mano al Partido Socialista, tanto si obtiene una mayoría absoluta en el Congreso como si ésta es sólo relativa, para sellar con el centro-izquierda nacional -que después de su más que probable derrota en las urnas, podemos prever que estará encabezado por un equipo dotado de las cualidades que tantos socialistas serios echan de menos hoy en
Proclamémoslo alto y claro, el concepto de España dibujado en
Se ha cumplido el tiempo de
España no saldrá de su crisis si en 2012 se produce una simple alternancia en el Gobierno. Lo que España está pidiendo a gritos es una verdadera alternativa, una ambiciosa Agenda de recuperación, de regeneración y de rectificación, un vigoroso salto adelante que le devuelva el rumbo perdido, que la sitúe de nuevo con coraje y entusiasmo en la senda del éxito. No se trata de hacer más o menos lo mismo, pero mejor, sino de corregir sin vacilaciones un camino profundamente equivocado. Se trata de escapar del hoyo en el que nos debatimos para remontar otra vez el vuelo. Para ello, los españoles nos hemos de movilizar y nuestra sociedad civil, secuestrada por lustros de colonización por el poder político partidista y adormecida por un bienestar que se ha demostrado efímero, ha de tomar las riendas de una pujante reacción ante una adversidad que no tiene porqué ser insuperable. Yo invito a los socios y seguidores del Club de Encuentro Manuel Broseta a sumarse a esta indeclinable tarea patriótica con el mismo espíritu y la misma entrega que demostró en todo lo que hizo la llorada figura que le da nombre y contenido. Tengo la seguridad de que si el profesor Broseta estuviera aquí esta noche con nosotros coincidiría en gran medida con las advertencias y con la llamada a la acción que han sonado en esta sala. Es precisamente el legado precioso que hemos recibido de personas de su altísima estatura moral y política el que nos obliga a no caer en la pasividad, a no abandonarnos al fatalismo y a no encogernos en el apocamiento en esta hora crucial de España.
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NIEVE Y CENIZA
28. Enero 2010 por AVQ.
La voz firme a pesar de los años y de los recuerdos desgrana en un inglés espesado por un fuerte acento centroeuropeo el relato de acontecimientos lejanos en el tiempo, pero presentes por la persona que habla y por el paisaje que la enmarca. Alrededor de David Cling, judío polaco, ochenta años de edad, superviviente de Auschwitz, una extensión desolada y brillante de nieve festoneada de alambradas y torres de vigilancia en la que los mudos barracones de ladrillo encierran el eco de los gritos de miedo, de los gemidos de angustia, de los suspiros de la resignación final. El grupo que rodea a David, miembros y funcionarios del Parlamento Europeo acompañados de algunos familiares, escuchan con la piel y el alma ateridos. Imaginan, conducidos por las palabras precisas y casi notariales de la historia, la detención en el gueto de la madre viuda y el hijo de catorce años, el viaje infernal en tren hasta el campo de exterminio, la separación desgarradora, la recomendación acompañada de golpe conminatorio en la nuca por parte de un jefe de vigilantes, también judío, de declarar diecisiete años, la pregunta fatídica del doctor Mengele, la respuesta recién aprendida, siebzehn jahre, mein herr, la sonrisa helada del monstruo indicando con un gesto desvaído de su mano enguantada la columna de hombres adultos mientras las mujeres y los niños desfilan ordenadamente hacia la zona previa al gas letal, las noches de frío glacial entre toses, gruñidos y estertores de los agonizantes, la lucha por el privilegio de rebañar el fondo de la perola viscosa, el desfile bajo el listón de madera para separar por estaturas a la hora de clasificar para la muerte inmediata o diferida, el ocultamiento en una alcantarilla, la argucia de deslizarse en un descuido del centinela en el grupo de transferidos a un centro de trabajo en Alemania, el periplo ferroviario interminable en el que cada mañana los SS entraban en el vagón para arrojar a patadas los cadáveres de los fallecidos de hambre y congelación al exterior, los traslados de una fábrica a otra, el colapso final, la huída, el encuentro con un destacamento americano, el final de la pesadilla, la vida de nuevo, la vida. En la cena oficial del día anterior, tras los discursos y el estremecedor concierto de violín de Michael Gutmann, la vicepresidenta del Parlamento de Israel, Yuli Tamir, me dice que una visita a Auschwitz cambia a las personas. Después, en el transcurso del recorrido por las instalaciones y el museo, nos detenemos ante un montón informe de zapatitos infantiles y sentimos una punzada cruel en las entrañas mientras los sollozos ahogados, incontenibles, ondulan el aire de la sala. Es cierto, el contacto directo con el espacio físico de nieve y ceniza que albergó el punto máximo de la abominación humana te cambia, y lo hace para bien. La evidencia palpable de la existencia del Mal en su máximo grado purifica y prepara para derrotarlo de nuevo porque lo que Auschwitz nos demuestra es que las tinieblas seguirán acechando, prestas a devolvernos al infierno si bajamos la guardia, aunque sea un instante, frente a su incesante ataque.
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UNA SESIÓN DE GUANTE BLANCO
20. Enero 2010 por AVQ.
La presentación de la presidencia semestral española de
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EL COSTE DE LOS DERECHOS
13. Enero 2010 por AVQ.
Fracasado el intento de utilización de las lenguas cooficiales españolas en el pleno del Parlamento Europeo por ser financiera, política y logísticamente inviable, los nacionalistas vuelven a la carga en el Senado. Un grupo de veinticuatro senadores pertenecientes a formaciones de este signo, acompañados curiosamente de sus diez colegas socialistas catalanes, han presentado una proposición de modificación del reglamento de
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UNA EXPULSIÓN REVELADORA
9. Enero 2010 por AVQ.
Desde su llegada al poder en 2004 el presidente del Gobierno ha impulsado sin descanso un cambio en la política de
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TRADICIÓN GOLPISTA
30. Diciembre 2009 por JOAQUIN.
En un texto reciente de su blog personal, Josep Lluis Carod recupera sin ningún pudor la tradición golpista de su partido. Al afirmar que el futuro de Cataluña no lo decidirá ningún tribunal constitucional, sino el propio pueblo catalán, desprecia la legalidad vigente y nos comunica que lo que vale al final es la imposición por la fuerza de los hechos consumados. Nadie debe asombrarse de este tipo de planteamientos subversivos de un responsable gubernamental perteneciente a Esquerra Republicana, formación que en dos ocasiones, en abril de 1931 y en octubre de 1934, demostró su carácter totalitario, revolucionario y violento, al rebelarse contra el ordenamiento entonces en vigor e intentar, aunque sin éxito, proclamar unilateralmente la independencia de Cataluña desde
Aleix Vidal-Quadras
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DOS MODELOS DE PATRÓN DE PATRONES
23. Diciembre 2009 por AVQ.
La palabra “patronal” para referirse al conjunto de la clase empresarial suena algo anacrónica, salvo si se dice en francés. En España, las organizaciones de empresarios, entre las que
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LA CONFERENCIA DE LA CONFUSIÓN
16. Diciembre 2009 por AVQ.
La cuarta edición de
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EL ESPEJISMO
8. Diciembre 2009 por AVQ.
En una entrevista publicada hoy, Soraya Sáenz de Santamaría imparte una lección magistral de política económica en términos tan precisos como entendibles por cualquier ciudadano. Las medidas que apunta para salir de la recesión, tanto en los ámbitos de la reforma del mercado de trabajo como de la fiscalidad, son formuladas por la portavoz popular con valentía y claridad, haciendo gala de lo que se espera de la alternativa de gobierno: un programa perfectamente dibujado y asumido con firmeza. En contraste con esta encomiable posición, sus pronunciamientos sobre el Estatuto de Cataluña muestran un inquietante conformismo con la situación actual. La afirmación de que el PP acatará la sentencia del Tribunal Constitucional, aparte de una obviedad, resulta débil si no va acompañada de una reiteración enérgica de los motivos por los cuales el primer partido de la oposición presentó en su día el recurso, es decir, la definición de una nación dentro de la Nación, la obligatoriedad del catalán, la bilateralidad, el blindaje de competencias, el sistema de financiación y la fragmentación de la unidad jurisdiccional del Estado. En cuanto a su apreciación de que el problema no está en el Estatuto, sino en el tripartito, siembra la confusión. El principal impulsor del Estatuto ha sido precisamente el tripartito y es el Estatuto el que liquida la Constitución vigente. De sus palabras, se podría inferir que ese mismo Estatuto gestionado por un Ejecutivo autonómico distinto, sería aceptable, lo que equivale a relativizar el papel de las normas en un Estado de Derecho de manera poco adecuada en boca de una abogada del Estado. De este caminar de puntillas sobre las brasas ardientes de la crisis de sistema que estamos atravesando despierta la sospecha de que la cúpula del PP todavía acaricia la posibilidad de un pacto con los nacionalistas en caso de ganar las próximas elecciones generales por mayoría relativa. Semejante idea es un puro espejismo porque a estas alturas los separatistas han ido demasiado lejos en su ofensiva secesionista como para ser reconducidos. La solución es otra y Soraya Sáenz de Santamaría sabe perfectamente en qué consiste. La insistencia en perseguir el brillo engañoso de una ilusión óptica sólo puede acabar lamentablemente en una dolorosa caída de bruces sobre la inhóspita arena del desierto.
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