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LA POLÍTICA ECONÒMICA DEL MOSQUITO

                     

         Carmen o Carme, también conocida como “Capitán, mande firmes”, ha desvelado en el transcurso de su campaña de candidata a la Secretaría General del PSOE las grandes líneas de su política económica. La niña de Felipe, posteriormente doncella de José Luis y finalmente mimitos de Alfredo, se propone en el caso de que un día llegue a la Presidencia del Gobierno, poner en marcha las siguientes medidas. a) aplicar a los rendimientos del capital la misma tributación que a los rendimientos del trabajo  b) elevar a diez años -ahora son cinco- el plazo de prescripción de los delitos fiscales  c) recuperar el impuesto de sucesiones castigando especialmente a las grandes herencias  d)  mantener el impuesto del patrimonio, suprimido en su día por ZP y reinstaurado bajo presión de Rubalcaba, con tipos de gravamen específicos para lo que llama patrimonios “significativos”, o sea palo y tentetieso a los “ricos”  e) eliminar exenciones y bonificaciones en el impuesto de sociedades a las grandes empresas  f) un esquema de gasto público que conduzca a la “reactivación” porque, según la esclarecida visión de la candidata, “las políticas de austeridad no están funcionando” g) solicitar a Bruselas un trato diferenciado para la reducción del déficit en España porque estamos menos endeudados que Italia  h) un salario mínimo europeo  i) creación de un sistema de eurobonos emitidos por un hipotético Fondo Monetario Europeo alimentado por el Banco Central comunitario convertido en prestamista ilimitado de último recurso para los Gobiernos de la Eurozona y, petardo final, j)  fijación de un volumen básico de inversión social en los Presupuestos Generales del Estado con “alto impacto redistributivo”.

 

         Suponiendo que estén ya repuestos de su estupefacción tras la lectura de la ristra de genialidades que algún equipo de sedicentes expertos le ha preparado a Chacón, les ahorraré por el respeto intelectual que tengo a los muchos seguidores de este blog un comentario detallado de cada una de las disparatadas y contraproducentes propuestas chaconianas. Sin embargo, compartiré con ustedes las obvias consecuencias de un enfoque de este tipo. Fuga masiva de capitales de España, deslocalización de los sectores más competitivos de nuestro sistema productivo, destrucción de un millón de PYMES, emigración galopante de nuestras mejores cabezas, siete u ocho millones de parados, intervención de nuestro país por parte de la Unión Europea y del FMI, proletarización y empobrecimiento extremo de la clase media, aumento suicida del riesgo moral y, en definitiva, miseria generalizada y ruina irreversible. Por cierto, se preguntarán ustedes por qué he titulado este texto “La política económica del mosquito”. Por lo del cerebro del díptero, naturalmente.

 

 

 

                  Aleix Vidal-Quadras

 

          

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PALABRAS Y SILENCIOS

                                               

Es conocido el aforismo de que el hombre es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras, que unas veces se cita como anónimo y otras se atribuye nada menos que a Aristóteles. Hay políticos locuaces hasta el punto de la imprudencia y otros herméticos hasta el límite la descortesía. Está comprobado que el responsable público que no cesa de hacer declaraciones y pronunciamientos corre el serio peligro de meter la pata y los ejemplos se multiplican. También es cierto que los largos alejamientos de los medios, sobre todo en épocas de dificultad o turbulencia, producen la sensación de inactividad o impotencia. Hemos pasado de un Presidente de Gobierno al que le encantaban los micrófonos y las cámaras, de tal manera que su capacidad de lanzar banalidades o memeces por unidad de tiempo se hizo legendaria, a otro que se muestra mucho más parco a la hora de comparecer ante la opinión. Si se ha de elegir entre la verborrea insustancial y cursi de ZP y la parquedad comunicativa de Rajoy, no cabe duda que es preferible la segunda. Ahora bien, como en todo, el justo equilibrio marca el camino correcto. Un jefe del Ejecutivo que se precie no ha de andar continuamente anunciando medidas o dando explicaciones, y es normal que para estos menesteres en el quehacer diario cuente con portavoces autorizados o con sus ministros. Sin embargo, la actual situación de nuestro país es tan desesperada, los males que nos aquejan tan profundos y las reformas y acciones requeridas tan traumáticas y dolorosas, que la sociedad no podrá digerirlas sin un replanteamiento general de la mentalidad colectiva y sin una revisión drástica de la jerarquía de valores imperante. En otras palabras, que un gobernante cuya misión histórica no es únicamente mejorar la gestión o retocar las estructuras existentes, sino regenerar una nación hecha jirones, no ha de hablar con excesiva frecuencia, pero cuando se dirija a sus compatriotas ha de sonar como un aldabonazo, despertar las conciencias, obligar a la reflexión, levantar los ánimos y resucitar ilusiones. Bien está no prodigarse innecesariamente en periódicos, radios y televisiones, pero en estos tiempos oscuros e inciertos hay que saber distinguir el momento y la ocasión en los que la voz del líder ha de ser oída y escuchada, porque su ausencia acarrea un vacío que sólo llenará el miedo, la angustia y la decepción.

 

 

         Aleix Vidal-Quadras

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ALEMANIA NO ABRE LA BOLSA

 No son pocas las voces que desde los atribulados países del sur de Europa claman por que Alemania relaje su política de extrema ortodoxia presupuestaria y se lance a estimular la demanda mediante grandes inversiones en infraestructuras, en educación, en sanidad, en defensa y en otros programas de gasto. En definitiva, ya que la locomotora europea está en perfecta forma con cuentas públicas saneadas, evolución positiva del PIB, altas tasas de empleo y prima de riesgo prácticamente negativa, se le pide que tire del tren con mayor brío y entusiasmo, ayudando así a sus socios comunitarios prisioneros de la recesión. Al fin y al cabo, se razona, la inestabilidad de la zona euro es también un problema grave para la economía alemana y si al final la moneda común colapsa, Alemania será la primera perjudicada. Estos cantos de sirena keynesiana resultan inútiles ante la firme determinación germana de mantener su línea de austeridad y conseguir déficit cero en 2016. Lo que los gobernantes italianos, españoles, portugueses y griegos han de entender es que el Bundesbank y la señora Merkel, con el beneplácito de su ciudadanía, han fijado de manera inconmovible la terapia a aplicar para colocarles en la senda virtuosa del equilibrio fiscal y las reformas estructurales. Su planteamiento es tan simple como severo: sólo el verdadero sufrimiento hará que los pródigos meridionales se disciplinen, trabajen, sean competitivos, ahorren, estudien e inviertan. Se trata de la vieja receta de “la letra con sangre entra”, de probada eficacia en las escuelas anteriores a la LOGSE. Los alemanes guardan tres recuerdos históricos que explican su actual devoción por la Virgen del Puño, a saber, la crueldad de Francia y el Reino Unido en sus exigencias de compensaciones tras la Gran Guerra, el estancamiento que sufrieron en los setenta del pasado siglo coincidiendo con una política fiscal muy expansiva y el escaso rendimiento obtenido del billón de euros que trasvasaron a la Alemania del Este a partir de la reunificación. Su condición de gatos escaldados respecto a las alegrías presupuestarias les lleva hoy a imponer sin miramientos su modelo puritano al resto de socios comunitarios. Por tanto, éstos pierden su tiempo si esperan un cambio de actitud de Berlín, que les mantendrá sometidos a un monacal régimen de lentejas, que o las tomas o las dejas. Y si elevan el tono de su queja la respuesta que recibirán será irrefutable: no os lamentéis, que es por vuestro bien.

 

                                      Aleix Vidal-Quadras

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CUERPO A TIERRA, QUE VIENEN LOS NUESTROS

 

         Las drásticas medidas fiscales decididas por el Gobierno del PP han sumido a la ciudadanía en general en la estupefacción y a sus simpatizantes en particular en la indignación. Se sabía desde hace meses que el déficit público sobrepasaría ampliamente el 6% previsto por el anterior Ejecutivo y que se situaría por encima del 7.5%. Por tanto, la cifra que ahora se baraja como definitiva, del orden del 8%, estaba ya descontada. Si hubo un compromiso electoral reiterado hasta la extenuación fue el de evitar a toda costa las subidas de impuestos con el argumento, muy acertado por otra parte, de que exprimir aún más a las empresas, a los autónomos y a los asalariados tiene efectos profundamente negativos en tiempos de recesión y que la política que se iba a practicar sería la de una combinación de austeridad extrema del Estado, reestructuración de las Administraciones, mejora de la competitividad y estímulos a la creación de empleo. Apenas sentados en sus sillones ministeriales, los nuevos responsables de la estrategia económica nos atizan un latigazo impositivo de los de aquí te espero y poco  se oye de entrar en serio en la eliminación de la infinidad de duplicidades, ineficiencias y despilfarros existentes en de los tres niveles, central, autonómico y local, muy especialmente de los dos últimos. El saqueo de los bolsillos de PYMES y familias mientras se multiplica por diecisiete lo que debería estar a cargo de un único polo de gestión y de gasto, descentralizado sin duda, pero no fragmentado, y se permite que muchos Ayuntamientos se comporten como diminutos imperios faraónicos, no admite pase y puede provocar una reacción airada de los españoles difícil de controlar. El camino elegido por el nuevo Gobierno -por lo menos inicialmente- para sanear el erario demuestra, si no se rectifica rápidamente complementándolo con una reforma radical del tinglado de las Autonomías y de los poderes locales, que el sistema creado a partir de la Constitución de 1978 es una partitocracia voraz creada para beneficio exclusivo de una clase política hipertrofiada que, con independencia de su etiqueta ideológica, vive en sí y para sí a costa del sufrido contribuyente. Los casi once millones de votantes del PP del pasado 20 de noviembre y los que nos secamos la boca proclamando que una mayoría absoluta de centro-derecha era una necesidad estructural para salir de la crisis, nos veremos obligados si esto no se arregla en los próximos meses a dar por bueno el célebre grito de: ¡Cuerpo a tierra, que vienen los nuestros!

 

                                  Aleix Vidal-Quadras

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EXILIOS DEL CUERPO Y DEL ESPÍRITU

             Durante mis ya doce años en el Parlamento Europeo he conocido a muchos exiliados, todos ellos por motivos políticos. Gentes que se han visto obligadas a abandonar su país porque han sido expulsadas por regímenes despóticos o porque han decidido huir para evitar la persecución, la tortura, la prisión o la muerte. El grupo organizado más numeroso con el que mantengo contacto regular y con el que me enorgullezco de colaborar está formado por los miembros del Consejo Nacional de la Resistencia de Irán, integrado por miles de activistas y centenares de miles de simpatizantes repartidos por todo el mundo que luchan con enorme riesgo y admirable empeño para rescatar a su tierra milenaria de las garras de una de las peores monstruosidades que hoy existen sobre nuestro planeta, la dictadura fundamentalista de los ayatolás. Resulta conmovedor ver cómo a enorme distancia de de sus añorados paisajes, tras ausencias de lustros, conservan celosamente sus tradiciones, sus costumbres, su fe y su amor a su Persia natal, a la que esperan volver algún día tras derrotar a la barbarie que la oprime desde que Jomeini tomara el poder a finales de los setenta del pasado siglo. Es asombroso asistir a la capacidad de personas ausentes de sus lares un tiempo tan largo de reproducir a pequeña escala la atmósfera humana y cultural que tuvieron que dejar atrás y de mantener con increíble perseverancia su vínculo con un contexto transmutado en esperanza.

         Esta experiencia impregnada de emoción me recuerda que en el interior de España hay también exiliados, vascos que fueron forzados a marcharse de las tres provincias forales bajo las peores amenazas y que sin duda sueñan con volver para recuperar sus vidas en paz, justicia y dignidad. Vascos a los que se les ha negado su derecho a serlo a la vez que a ser españoles, españoles vascos a los que su Nación no ha sabido defender cubriéndose así de ignominia. Y pienso asimismo en estas fechas navideñas tan proclives a la nostalgia y al recuerdo en catalanes como yo, que no han podido resistir el clima asfixiante creado por un nacionalismo estrecho y excluyente y han buscado en otras partes de nuestra geografía un lugar en el que poder sentirse ciudadanos y no aborígenes atados a un culto atávico y tribal. Hay exilios del cuerpo y exilios del espíritu, exilios exteriores y exilios interiores, esos que Luis Rosales definió como “naufragios en tierra firme”. Ojalá sepamos a partir del nuevo año que ahora despunta acabar con los destierros materiales y del alma que todavía sufren tantos compatriotas nuestros en su propia patria, la que el gran Flórez Estrada identificaba heroicamente con la libertad.

                                                                                                 

                                            Aleix Vidal-Quadras

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BROTES DE CONFIANZA

          No fuimos muchos los que durante la pasada campaña electoral utilizamos el argumento de la necesidad de la mayoría absoluta como factor estructural para la salida de la recesión. Como es natural, todos los partidos solicitan el voto para obtener una representación lo más amplia posible y en el caso del previsible ganador es obvio que el objetivo de la superación de la mitad de los escaños constituye el resultado ideal. Sin embargo, el PP se mostró a lo largo de las semanas precedentes a la cita con las urnas considerablemente comedido al respecto, se supone que deseoso de no despertar en el adversario reproches por comportamiento prepotente y en los votantes el temor a un poder sin límites. Con una visión distinta, yo y otros pocos insistimos en que en esta ocasión un Gobierno que pudiera actuar sin cortapisas y sin necesidad de apoyos externos en las dos Cámaras era un elemento clave a la luz de la dramática situación por la que atraviesa España y en que esta perspectiva debía ser sometida a la consideración de la ciudadanía para llevar a su ánimo la conveniencia de dar al que ya se perfilaba claramente como vencedor un margen de maniobra cuanto más holgado mejor. La verdad es que por ahora los acontecimientos nos otorgan la razón porque desde que se ha conocido la composición del Congreso y del Senado para la legislatura que se inicia y el inminente jefe del Ejecutivo ha comenzado a desgranar con la serenidad y la firmeza que proporciona un respaldo tan reconfortante las medidas de ajuste y de reforma que el país demanda, la prima de riesgo ha aflojado el dogal con el que nos ahogaba, la Bolsa se ha animado ligera pero perceptiblemente y el clima general se ha visto impregnado de una cauta esperanza. La crisis que padecemos es en el terreno económico básicamente una crisis de confianza y lo que estamos viendo en estos días previos a la toma de posesión de los ministros de Rajoy es la aparición de unos tímidos brotes de esta disposición del ánimo colectivo, imprescindible para que la inversión privada vuelva a aparecer, los empresarios recuperen el tono y la sociedad en su conjunto se disponga a hacer los sacrificios y esfuerzos requeridos. Si el nuevo Gobierno quiere que esta confianza se ensanche y consolide no ha de vacilar a la hora de tomar decisiones e impulsar medidas valiéndose precisamente de la capacidad que le han atribuido los casi once millones de papeletas a su favor. La preocupación de los que a partir de ahora empuñarán el timón del Estado no ha de estar en la reacción de los restantes partidos ni ha de ser una prioridad conseguir su apoyo. La mirada de La Moncloa ha de fijarse en la calle, en la gente, y la comunicación y la sintonía se han de establecer directamente con ellos. La gravedad de los problemas que nos aquejan exige que la política no se entienda en esta etapa de prueba y dificultad como el regateo y la componenda entre grupos parlamentarios, sino como el ejercicio firme y legítimo de una autoridad emanada de la voluntad popular. Ese y no otro es hoy el camino del éxito.

 

 

                               Aleix Vidal-Quadras

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REGLAS NO ESCRITAS

          En los Estados de Derecho existen numerosas normas que regulan y ordenan la vida colectiva. La primera y fundamental es la Constitución, base de todo el ordenamiento jurídico. Sin embargo, además de las leyes, proliferan en las sociedades democráticas abundantes prácticas, costumbres y convenciones fruto de la aplicación concreta de lo legislado, que quedan al libre arbitrio de los actores políticos y sociales y que reflejan una determinada cultura cívica o una concepción concreta de la legitimidad de las instituciones y de la ética pública. En España impera, al menos sobre el papel, la separación de poderes. El Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial actúan en esferas distintas de forma independiente de tal manera que se contrapesan y controlan mutuamente para evitar una excesiva concentración de influencia y capacidad decisoria en uno de ellos. Esta es la teoría, la realidad es bastante distinta. Un ejemplo reciente lo encontramos en la designación de los presidentes de las dos Cámaras por el futuro Presidente del Gobierno, que ha desvelado el nombre de los elegidos el día antes de la sesión constitutiva de las Cortes, dando lugar a situaciones entre chuscas y patéticas protagonizadas por algún postulante a ser ungido. Nuestro sistema permitiría que, tal como se hace, por ejemplo, en el Parlamento Europeo, cada Grupo Parlamentario eligiera internamente a su candidato a presidir la respectiva Asamblea y posteriormente sus integrantes en votación secreta sin interferencia de las estructuras de los partidos eligiesen a su presidente. Este procedimiento sería perfectamente posible en nuestro país si los jefes de filas de las dos grandes fuerzas renunciasen a nombrar digitalmente a la tercera y cuarta autoridad del Estado y dejasen que Congreso y Senado funcionasen democráticamente a la hora de configurar sus Mesas. Los motivos por los que se consideran legitimados para colocar a personas de su confianza o preferencia en tan altos sitiales derivan del esquema partitocrático dominante desde la Transición hasta nuestros días. Se acepta automáticamente que son las cúpulas partidarias, cooptadas y oligárquicas, las que tienen atribuida la facultad de establecer la composición de los órganos constitucionales, de los organismos reguladores y, a poco que se les abra margen, incluso la de los tribunales. Estas patologías se pueden corregir mediante una reforma de la Carta Magna o la aprobación de leyes que impidan semejantes extralimitaciones, aunque bastaría una adecuada autocontención de las direcciones de los partidos para sanear el sistema. El problema es que en nuestros lares las reglas no escritas, al igual que las impresas  en el BOE, las fija la conveniencia del gobernante.

 

 

                                            Aleix Vidal-Quadras

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UNA CELEBRACIÓN HUECA

          El pasado seis de diciembre conmemoramos la aprobación de la supuestamente vigente Constitución. Discursos, cócteles, parabienes y sonrisas que encubren una realidad amarga y decepcionante: nuestra Carta Magna es hoy un papel mojado que nadie respeta, ni siquiera los magistrados llamados a ser sus intérpretes supremos. Si se examinan fríamente el proceso mediante el cual fue concebida, el resultado al que condujo aquel tan alabado consenso y la forma en la que se ha ido desarrollando durante las tres décadas largas de su existencia, no podemos extrañarnos de la situación en la que nos encontramos, caracterizada por un profundo deterioro institucional y por una alarmante fragmentación de la unidad nacional. Hubo tres fallos de partida que han condicionado la evolución negativa posterior de los acontecimientos, la suposición de que la transformación de la estructura territorial del Estado calmaría a los nacionalistas integrándolos en la tarea común, la confianza en que el método dispositivo para configurar las Autonomías sería manejado con sensatez y la seguridad de que los dos grandes partidos nacionales pondrían siempre el interés general y el sentido de Estado por encima de sus apetencias de poder y de sus necesidades electorales. Esta apreciación errónea de factores tan básicos nos ha conducido gradual pero inexorablemente al desastre actual, agravado sin duda hasta extremos angustiosos por la crisis económica devastadora que atravesamos. La reciente victoria en las urnas del Partido Popular por mayoría absoluta ha representado sin duda un alivio y ha abierto ciertas posibilidades de recuperación de un país destruido por los particularismos, la corrupción, la incompetencia de sus gobernantes, la partitocracia y el relativismo moral, pero la redistribución del voto de la izquierda y el ligero aumento de sufragios a favor del ganador respecto a 2008 no nos ha proporcionado lo que de verdad necesitamos, a saber, un auténtico land slide, un trasvase masivo de papeletas hacia el centro-derecha que lo sitúe en posición de utilizar el artículo 167 de nuestra Ley de leyes sin necesidad de otros apoyos. Nuestros problemas no son sólo de gestión, tienen naturaleza estructural y requieren reformas de enorme calado que no serán posibles sin una revisión muy seria de los fundamentos de nuestro ordenamiento. Para llevar adelante las iniciativas legislativas y las medidas de gobierno que la crisis nos exige, Rajoy podrá manejarse con la fuerza parlamentaria que le han dado los españoles, para remediar los males que nos aquejan en la raíz del sistema le faltan veinticuatro escaños hasta alcanzar los tres quintos indispensables. Por eso sus declaradas intenciones de contar con todo el mundo suenan tan impregnadas de melancolía. Su larga experiencia le ha enseñado que para enderezar de verdad un rumbo completamente perdido jamás podrá apoyarse en los que viven y se alimentan de nuestras desventuras.                                  

                                       Aleix Vidal-Quadras 

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UNA EUROPA A MEDIAS

          Los padres del proyecto de integración europea, hombres sabios, serenos y testigos de horrores sin medida, eran conscientes de la tremenda dificultad de la erección de una entidad jurídico-político-económica que uniese a países de lenguas, culturas, historias e intereses diversos e incluso antagónicos, pueblos de largas trayectorias de enfrentamientos y guerras, portadores de relatos en los que el villano de uno era el héroe del otro. El Estado-Nación, esa construcción de la modernidad, es un ser casi orgánico, terriblemente celoso de sus competencias y de su identidad, que se resiste con fiero instinto a ceder soberanía a niveles normativos y ejecutivos superiores. De ahí la recomendación resignada de los “pequeños pasos”, los meandros, los avances y los retrocesos, las crisis institucionales recurrentes, la decepción de la fallida Constitución y el traído y llevado déficit democrático. La presente situación límite, en la que unos cuantos Estados-Miembros se encuentran al borde de la quiebra y la moneda única en peligro de desaparecer, nos coloca de nuevo frente a la gran paradoja europea: un conjunto de Estados soberanos que renuncian a parte de su soberanía para someterse a leyes comunes y para hacer juntos cosas que benefician a todos sin por ello perder su personalidad histórica, su independencia y su capacidad de defender en último término lo que consideran el núcleo irrenunciable de sus propios objetivos y necesidades. Esta paradoja es de difícil superación y mantiene a la Unión en permanente y agónica tensión. Los ejemplos se multiplican. No es posible articular una zona monetaria óptima con una política monetaria común, un banco central común y una divisa común y a la vez dejar que cada uno campe por sus respetos en sus políticas económicas y fiscales. No es posible diseñar un mercado integrado de la energía sin disponer de las infraestructuras físicas que lo hagan posible y mientras las relaciones comerciales con suministradores externos sean puramente bilaterales y el mix energético de cada socio sea decidido prescindiendo por completo de los demás. No es posible afrontar los grandes problemas internacionales ni sentarse a negociar con las potencias regionales hegemónicas en forma de guirigay caótico de voces simultáneas y superpuestas debilitando hasta extremos ridículos los instrumentos comunes de acción exterior. Ante tanta contradicción y tanta ineficacia, clamamos ¡Más Europa! ¡Más Europa! entre miradas de reojo y codazos arteros. La conclusión es inevitable e ineludible: O estamos de verdad en el mismo portaviones y entonces hace falta un capitán, un rumbo y un destino que toda la tripulación acepte sin reservas o mejor una flota de ágiles corbetas en la que a quién Dios se la dé, San Pedro se la bendiga. Todas las solidaridades de hecho que se quieran, todas las loas al método comunitario que sean convenientes y toda la ingeniería constitucional que proceda, pero una Europa a medias no será nunca una Unión Europea. No se trata del maximalismo del todo o nada, se trata simplemente de consistencia, grandeza y visión. Y eso, se tiene o no se tiene. Si se tiene, no hay metas inalcanzables por ambiciosas que sean, si no se tiene, el fracaso queda garantizado.

 

 

                                     Aleix Vidal-Quadras 

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PEDIR LO IMPOSIBLE

            Durante la pasada campaña electoral el sonsonete de CiU ha sido la reclamación del pacto fiscal. En esencia, la fórmula de financiación que reclaman los nacionalistas catalanes es similar a la que se aplica a las Comunidades de régimen foral, es decir, el gobierno autonómico recauda, inspecciona y regula todos los impuestos en el marco de la legislación tributaria general y acuerda con el Estado su contribución a la hacienda nacional. El problema es que constitucionalmente Cataluña es una Autonomía de régimen común y por tanto este trato de privilegio no encaja en el ordenamiento vigente. Además, si semejante maniobra se llevase a cabo mediante alguna vía extraña extraída del  Estatuto de 2006, las restantes Comunidades reclamarían lo mismo y España dejaría de existir por falta de fondos. Si la Generalidad catalana se encuentra ahogada por su deuda y su déficit es porque sucesivos gobiernos nacionalistas han gastado sin tino para fabricar un pseudo-estado que les permita satisfacer sus ansias secesionistas y mantener prisionera a toda una sociedad. La pretensión de que sea el resto de la nación de la que quieren separarse la que pague sus excesos revela una desfachatez asombrosa acompañada de la suposición de que los demás españoles son idiotas. Se ha dicho que el éxito obtenido por los herederos de Pujol en las elecciones del 20-N dará nuevas alas a esta aspiración y que el Ejecutivo del PP deberá ser receptivo con el fin de obtener el apoyo del grupo encabezado por Durán en el Congreso. Las razones por las cuales una mayoría absoluta ha de plegarse a las exigencias absurdas de una minoría resultan tan misteriosas como las que llevaron a ciertos dirigentes del PP a afirmar que su partido estaba dispuesto a hablar del asunto. En caso de entablarse dicha conversación con el mero propósito de pasar el rato, será muy breve y se resume en una palabra: no. Y es que lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible.

 

                   © Aleix Vidal-Quadras