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UNIVERSIDAD CATALANA R.I.P.

 

         En los últimos coletazos del tripartito antes de la sonada derrota que le espera en noviembre, el gobierno montillesco se dispone a poner un nuevo clavo en el ataúd de Cataluña como sociedad abierta. El consejero de Innovación, Universidad y Empresa, el independentista Josep Huguet, ha anunciado la inminente aprobación de un decreto en virtud del cual se exigirá el nivel C de catalán a los profesores de los centros públicos de educación superior de esa Comunidad, es decir, que sin importar los méritos académicos y científicos de los candidatos o las necesidades derivadas de la estrategia de cada Universidad, la lengua será una barrera infranqueable para ocupar una plaza docente e investigadora en las alma mater sujetas al control de la Generalidad. Cualquiera que haya trabajado en un departamento universitario en España o en otro país avanzado -yo mismo lo hice durante dos décadas- sabe que por definición la institución universitaria ha de ser completamente receptiva al saber venga de donde venga y que una de las principales fuentes de calidad de una universidad radica en su capacidad de atraer talentos procedentes de otras latitudes. En el mundo universitario anglosajón, cuando se convoca un concurso para proveer una vacante se publicita ampliamente a nivel internacional y no existe el menor obstáculo, sino por el contrario, todo tipo de facilidades, para que un profesor australiano sea contratado en Cambridge, un indio en Harvard o un noruego en Toronto. El enfoque aldeano y paleto del pobre Huguet sería objeto de irrisión en las universidades punteras del mundo, aunque no se dará el caso porque nadie le conoce fuera de su limitado mundo impregnado de fanatismo totalitario. Ya tenemos la desgracia de que ninguna universidad española figura entre las doscientas mejores del planeta y sólo nos faltaba que en una de las regiones de nuestra nación más ricas y potencialmente más preparadas para los desafíos de la globalización la miopía provinciana de cuatro indocumentados condenara a su sistema universitario a la decadencia más absoluta. Volem bisbes catalans, volem notaris catalans, volem jutges catalans, volem catedràtics catalans, volem ser uns desgraciats, peró catalans. Hacía siglos que en Europa no se asistía a un suicidio cultural y económico de la magnitud del que está cometiendo la sociedad catalana.

                                                                                                   Aleix Vidal-Quadras

                                                                                    

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FIN DE VACACIONES

 La vista recorre lentamente la intimidad azul de la cala jaspeada de embarcaciones que se mecen con una cadencia calmada e inmutable. Bajo las hojas de palma seca del parasol ráfagas de brisa delicadamente salada refrescan la piel mientras el futuro enmudece, el pasado no importa y el presente se ofrece como un placer merecido. Las horas transcurren muy despacio recorriendo el arco de la trayectoria solar apenas interrumpida por nubes diminutas y esporádicas. Los niños se afanan con sus palas y cubos o chapotean dichosos entre olas inofensivas que el mar construye a su medida con espuma siempre renovada. Tras la comida en la que cada bocado se disfruta como si fuese el primero y cada trago de bebida adecuadamente fría produce una satisfacción inenarrable, el amable sopor que precede a la siesta aquieta el espíritu previamente regocijado con la lectura de una novela que es a la vez entretenida y de notable calidad literaria. El despertar es gradual y devuelve despacio a la serenidad antigua y mediterránea de un paisaje que ha esperado nuestro regreso a la conciencia con la paciencia de una madre solícita. La luz se recoge hacia el crepúsculo y el mar queda asombrosamente inmóvil, como si tratase de impedir que nos demos cuenta de que el día se acaba. La paz es total, la plenitud completa, y cualquier urgencia un recuerdo impreciso. El paraíso no es la pradera de perennes asfodelos en la que la sombra del cazador persigue a la sombra de la corza eternamente ni la vasta planicie de pastos feraces en la que innumerables búfalos esperan la flecha definitiva ni la interminable alfombra cuajada de perlas sobre la que se ondulan las caderas de las vírgenes que solazan al creyente ni el cielo pálido que sobre los fiordos alberga a las recias valkirias que esperan impacientes al fiero guerrero caído en combate ni la contemplación ajena al tiempo y al espacio del fulgor indescriptible en el que se funden el origen y el fin ni la quietud inalterada del nirvana ajeno a todo dolor y a todo deseo. Nada de eso es el paraíso. El paraíso es, sin el menor género de dudas, una hamaca.                                                                      

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EL CORÁN EN LA ZONA CERO

         La polémica sobre la construcción de una gigantesca mezquita junto a la Zona Cero transcurre llena de pasión, pero sobre bases equivocadas. El principio de libertad de culto, uno de los grandes logros de las sociedades abiertas, no está en discusión y, por consiguiente, el argumento de que oponerse a un monumental templo islámico en una determinada ubicación de Manhattan significa una falta de respeto a la libertad religiosa carece de rigor. Aquí se trata de si ese concreto emplazamiento, exactamente en el espacio físico y simbólico del más atroz atentado suicida del fundamentalismo islámico, resulta apropiado en términos políticos, morales y psicológicos. Dentro del escrupuloso cumplimiento del principio de libertad de creencias, habrá cosas cuya realización sea adecuada y otras que no. Pues bien, este proyecto concreto es pura y llanamente un disparate. El terrorismo suicida es una modalidad específica de este tipo de crimen que obedece a motivaciones muy especiales. Los etarras, sin ir más lejos, también asesinan a gente inocente e indefensa, pero jamás arriesgan su propia vida. De hecho, han renunciado a determinados ataques porque no ofrecían la suficiente seguridad para ellos. Los miles de suicidas que han muerto en nombre de Alá en mercados, embajadas, discotecas, hoteles o cualquier punto en el que el daño causado fuera lo bastante espectacular y extenso, buscaban la muerte y su sacrificio es invariablemente un componente esencial de la operación. La explicación es, obviamente, de orden religioso. Un terrorista agnóstico o ateo, como es el caso de los miembros de ETA, persigue con sus horribles delitos objetivos de este mundo, la independencia del País Vasco, el socialismo igualitario, u otros absurdos de gran calibre, y su horizonte temporal se circunscribe al calendario de su existencia terrenal. El integrante de Al-Qaeda que hace volar su cuerpo transformado en bomba rodeado de mujeres, niños y pacíficos viandantes, trabaja en otra escala de percepciones y de valores, la que dimana de un Libro Sagrado en virtud del cual se le exigirán cuentas durante toda la eternidad. Su inmolación no tiene como causa principal la pobreza, la injusticia, el odio o la demencia, sin negar que alguna o varias de estas circunstancias pueden jugar un papel en ciertos individuos. No debemos olvidar que una mayoría de terroristas suicidas islamistas son gente acomodada, de familias estables, con estudios secundarios o superiores y emocionalmente equilibrados, tal como han demostrado las numerosas investigaciones sobre este colectivo por parte de los servicios de inteligencia occidentales o por departamentos de psiquiatría de máxima solvencia científica. La maldad de sus acciones no es tal para sus autores que, imbuidos de su fe en un futuro trascendente y luminoso, detonan los explosivos con el fin de sumergirse para siempre en una felicidad sin fin. Pues bien, si el origen de uno de los peores horrores que hoy padece la humanidad está en las enseñanzas de un ardiente profeta que predicó en Arabia hace catorce siglos, facilitar que su voz resuene precisamente en el escenario de una de sus masacres más apocalípticas no parece la forma más indicada de respetar a las víctimas y a sus deudos ni la señal más inteligente hacia nuestro más implacable enemigo. 

                                                        Aleix Vidal-Quadras

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TRABAJO PARA MORATINOS

 En el pueblo de Paiziorad, distrito de Qadis, provincia de Bagdhis, en el noroeste de Afganistán, los talibán reunieron a los lugareños el domingo pasado para que asistiesen a un acontecimiento de carácter pedagógico y cívico. Sacaron a la plaza a Bibi Sanubar, viuda embarazada de treinta y cinco años y le pegaron tres tiros en la cabeza. Previamente la habían encarcelado y arreado doscientos latigazos para que se fuera enterando. Este expeditivo castigo se correspondía al horrible crimen cometido por la ejecutada: haber sostenido relaciones íntimas siendo viuda, pecado puesto en evidencia por su estado gestante. Hay que señalar que la provincia de Bagdhis es un área asignada al contingente español de la ISAF en la que nuestra Agencia de Cooperación Internacional al Desarrollo lleva adelante varios proyectos para mejorar la situación de las mujeres. Este suceso ilustra la absoluta necesidad de seguir impulsando la Alianza de Civilizaciones, idea brillante donde las haya, que nos cuesta una fortuna, y que lideran dos espíritus preclaros, el primer ministro turco, que troqueló la sugestiva metáfora de los minaretes como bayonetas, y el ínclito Zapatero, descubridor de la reapertura de fosas comunes como método de reconciliación. La Alianza se basa en el diálogo entre representantes de culturas distintas, sustentadas en sistemas de valores opuestos e incompatibles, para ir acercando posiciones y profundizar en el conocimiento mutuo. Por ejemplo, es obvio que el jefe del grupo talibán que ha asesinado en la plaza pública a Bibi Sanubar necesita una conversación distendida con algún enviado del Gobierno socialista español para ir desmontando prejuicios. La empresa no parece fácil de entrada, pero es cuestión de perseverar. Al fin y al cabo, hablando se entiende la gente y el ambicioso objetivo de la Alianza de Civilizaciones es precisamente la construcción de una síntesis fecunda entre la ideología talibán y el concepto de sociedad abierta, un hermoso híbrido de Bin Laden y John Locke, por expresarlo de manera sencilla. Por supuesto, el mundo está lleno de aguafiestas que consideran que este tipo de planteamientos es una pérdida de tiempo, además de una idiotez, y que propugnan que los talibán sean derrotados mediante el uso de la fuerza con el fin de que no sigan asesinando viudas embarazadas y poniendo bombas en el metro de Londres o en la estación de Atocha. Afortunadamente, existen estadistas insignes, como el que hoy habita La Moncloa, para perseverar en la admirable misión de juntar a grandes felinos y corderos para que elaboren sus intereses comunes, agradable cónclave en el que naturalmente el pastor y el perro guardián están de más. Dado que Moratinos no será ministro de Asuntos Exteriores eternamente, un puesto idóneo para sacar el máximo partido a sus probadas habilidades sería el de promotor de la Alianza de Civilizaciones en el distrito de Qadis, noroeste de Afganistán. Y es que el movimiento se demuestra andando.                                                                         

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EL TRIPARTITO Y LA BONDAD NATURAL

La demencial prohibición de las corridas de toros en Cataluña ha hecho correr mucha tinta en estos días y ha incrustado un nuevo clavo en el ataúd electoral del tripartito. Sin embargo, la obsesión por la protección animal llevada al absurdo se extiende a otros campos de actividad que, aunque menos conocidos por el gran público, también afectan a las aficiones y gustos de muchos miles de catalanes. Son bien conocidas, en este contexto, las pésimas relaciones del Departamento de Medio Ambiente de la Generalidad con el colectivo de cazadores, a los que mortifica continuamente con todo tipo de trabas y restricciones. Existe una modalidad de captura de pequeñas aves, tales como el pinzón, el verderón y el jilguero, que se conoce como silvestrismo, totalmente incruenta, que tiene como finalidad la selección de ejemplares especialmente dotados para el canto con el propósito de que concursen en certámenes que reúnen a numerosos aficionados que disfrutan con la belleza de los trinos. Los pájaros ganadores reciben trofeos y estos encuentros son una magnífica muestra de disfrute musical, convivencia fraternal y cultivo de una centenaria tradición muy arraigada en determinadas comarcas del Principado. La correspondiente federación cuenta con unos ocho mil inscritos. El método utilizado no puede ser más respetuoso con la integridad física del pájaro ya que consiste en colocar una cruceta de madera impregnada de una sustancia adhesiva en la copa de un arbolillo y atraer a las presas con reclamos de miembros de su misma especie. Posteriormente, se limpia el ave con todo esmero con un disolvente inocuo y en las semanas siguientes se observan sus dotes canoras. Si no da la talla, se le libera. Si posee un trino de calidad se le cuida con mimo y se le presenta a los concursos que se convocan al efecto. En fin, un entretenimiento inofensivo, propio de amantes del medio natural y fuente de todo tipo de placeres estéticos y de cordiales relaciones personales. Pues bien, el comando totalitario liderado por Montilla, Carod y Saura ha puesto en su punto de mira represivo al silvestrismo, que se propone proscribir. El pretexto es la normativa europea sobre protección de aves, pero esta legislación comunitaria deja un amplio margen a la subsidiariedad que permitiría perfectamente esta práctica en España. La izquierda doctrinaria cree en la bondad intrínseca de los seres humanos y en el ideal del estado de naturaleza, lo que no le impide recluir tras alambradas a los discrepantes o, en versiones menos agresivas, fastidiar a todo aquel que no comulga con sus delirios. Los ocellaires catalanes son sus próximas víctimas, como lo han sido recientemente los aficionados a los toros. Es ya una cuestión de higiene mental aprovechar las inminentes elecciones autonómicas para enviar a semejante pandilla de aguafiestas a su casa para que incordien únicamente a sus familias y amistades íntimas, si es que éstas les aguantan, cosa más que dudosa.

 

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EL PP DE BALEARES, VERLO Y NO CREERLO

 La afirmación de que el Partido Popular tiene un problema con su organización en Baleares es una descripción suave de una realidad que está adquiriendo ya tintes de esperpento. Después del milagro de los panes y los peces protagonizado por su anterior presidente, hoy en libertad bajo fianza y a la espera de juicio, sin olvidar su brillante fichaje de una notoria pancatalanista para las listas de las últimas autonómicas, acierto sublime que le costó las elecciones a su formación, ahora el supuestamente brazo político del centro-derecha del archipiélago sorprende a la afición votando a favor o absteniéndose en la propuesta de la plataforma independentista Avançam que solicita la celebración de referendos de autodeterminación, iniciativa que, a imitación de la ya puesta en marcha en Cataluña, se ha presentado en diversos municipios de Mallorca. El asunto sólo admite tres interpretaciones: 1) el PP de Baleares está infiltrado por sus adversarios que han sembrado de eficaces agentes sus filas 2) un número significativo de ediles populares en Mallorca no se han enterado todavía de en qué partido militan y 3) el número de débiles mentales entre los concejales del PP balear es claramente superior a la media nacional. Y lo de la debilidad mental no es a humo de pajas porque algunos de estos estadistas llegaron a la conclusión de que la moción podía ser apoyada si se añadía una coletilla del tipo “dentro del respeto a la Constitución y a la legalidad vigente”. En fin, algo así como predicar el amor libre sin perjuicio de la necesaria estabilidad de la familia. Además, para mayor escándalo, la dirección regional había cursado una instrucción muy clara indicando que el voto debía ser negativo. O sea, que en el PP de Baleares no sólo no saben ni lo que son ni lo que representan, sino que se pasan la autoridad de sus máximos responsables por la entrepierna. A partir de aquí, parece conveniente proceder a dos acciones inmediatas, la primera imponer severas medidas disciplinarias a los protagonistas de la hazaña y la segunda organizar un curso intensivo de alfabetización ideológica para los cargos electos del PP balear con el fin de que se enteren de los rudimentos doctrinales de la opción en la que militan. Si no se hace nada y se pasa página sobre este bochornoso episodio, el riesgo de una nueva derrota dentro de diez meses será considerable. En términos de honradez, el PP de Baleares no ha aportado en el pasado valor añadido frente al Pacte y si su defensa de la unidad de España flaquea hasta extremos vergonzosos, parte del núcleo duro de su electorado puede repetir su preferencia por la papeleta nula o por quedarse en casa, tal como sucedió en 2007. Cuando el margen es tan estrecho como el que caracteriza a la política balear, cualquier fallo puede ser letal, y no digamos si el error consiste en pisotear aquellos principios y valores que su base social más fiel y motivada considera sagrados. La verdad es que hay ocasiones en que explicar lo evidente produce una fatiga casi insoportable.

 

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POLÍTICA Y JUSTICIA

 Un tribunal de apelaciones del Distrito de Columbia ha ordenado al Departamento de Estado que revise su decisión de mantener al Consejo Nacional de Resistencia de Irán en su lista de organizaciones terroristas y le requiere que permita a los afectados refutar la evidencia en virtud de la cual se les considera un peligro para la seguridad nacional de Estados Unidos. En Europa, tras una larga batalla judicial, la resistencia iraní en el exilio fue eliminada de la lista negra en obediencia a varias sentencias tanto de tribunales británicos como del tribunal de la Unión con sede en Luxemburgo. La paradoja insalvable es que el material en el que se basa su clasificación como terroristas es en gran parte reservado y por consiguiente no accesible, con lo cual los acusados no pueden desmentirlo y se encuentran en indefensión. Esta contradicción fue resuelta en Europa mediante la apertura de los expedientes a los jueces que trataron el caso, que no hallaron en ellos motivo suficiente para colocarles la infamante etiqueta, acabando así con tan flagrante injusticia. Los jueces norteamericanos, más pacatos a la hora de actuar en asuntos que conciernen a los poderes del Ejecutivo, se han limitado a obligar al Departamento de Estado a revisar la parte no reservada de las informaciones existentes sobre la resistencia iraní sometiéndola a refutación por parte de la misma, en otras palabras, a proporcionar a la organización clasificada como terrorista las debidas garantías procesales. Pese a no haber impuesto al Gobierno, como sí hicieron los tribunales europeos, la pura y simple eliminación de la lista, la decisión del tribunal de Washington es un paso decisivo hacia la rehabilitación del Consejo Nacional de Resistencia de Irán también en Estados Unidos, lo que sin duda servirá mucho mejor a los intereses estratégicos de la primera potencia occidental que someter a un castigo inmoral a gentes que trabajan por un Irán democrático, desnuclearizado, laico y pacífico. Dejando aparte el acierto o desacierto de la acción exterior norteamericana en relación al régimen totalitario de Teherán, en el eterno conflicto entre la justicia y las necesidades de la realpolitik, este episodio indica una vez más las enormes ventajas que se derivan del principio de separación de poderes y de la tutela judicial sobre todos los órdenes de la vida pública.

Aleix Vidal-Quadras

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LECCIONES DE UN TRIUNFO

En plena euforia por el gran éxito de España en Johannesburgo, muchos comentaristas han realizado acertados análisis del significado de esta victoria, histórica sin duda en los anales del deporte de nuestro país. El propio entrenador de la selección ha señalado con tino que su hazaña no hubiera sido posible sin el espíritu de unión que ha reinado entre los jugadores y que sería magnífico que análoga disposición existiese entre el conjunto de los españoles. En efecto, son varias y notables las enseñanzas a extraer del Campeonato del Mundo de fútbol en relación con la crisis que atravesamos. Hoy España se encuentra dividida, arruinada y desmoralizada mientras contempla con consternación el deterioro acelerado de sus instituciones. El fulgurante relámpago que nos ha iluminado desde Sudáfrica provocando el entusiasmo desbordante de millones de nuestros compatriotas que se han desparramado por calles y plazas ondeando banderas y coreando eslóganes de autoafirmación, no ha de ser vivido como una fugaz inyección colectiva de adrenalina para esfumarse en pocos días devolviéndonos a la dureza de las calamidades que sufrimos. Por el contrario, nos hemos de fijar muy seriamente en los factores que lo han encendido e interiorizarlos con carácter permanente. En primer lugar, la unidad, la cohesión, la asunción sin reservas de formar un equipo en el que cada uno trabaja para los demás y los demás para cada uno, sin particularismos ni egoísmos ni divismos. En segundo, el esfuerzo, la perseverancia y el sacrificio, plasmados en numerosas horas dedicadas al entrenamiento, al estudio de las tácticas y a la preparación física. En tercer término, la autoridad, reconocida sin excepción por todo el vestuario a Vicente del Bosque, que ha ejercido su liderazgo con serenidad y conocimiento, porque ha sido fruto de la experiencia y de la dedicación. En cuarto, la pasión, el coraje y la convicción de luchar por una causa que merecía la pena y que se situaba por encima de los intereses personales de los jugadores o corporativos de los clubes. Cabe imaginar cuál sería la posición de España en Europa y en el planeta en general si nuestra clase política hubiera practicado estas virtudes y se hubiera movido bajo el impulso de los valores que han inspirado a los veintitrés hombres que se han dejado el alma y el cuerpo defendiendo sobre el césped con entrega y orgullo a su gran Nación. Si en vez de caer en la venalidad más abyecta y en el despilfarro más irresponsable, hubiesen administrado la riqueza común con honradez y eficiencia, si en lugar de excitar el apego a las diferencias que separan hubiesen puesto el acento en lo mucho y trascendente que nos hermana, si lejos de prometer a la sociedad un camino de facilidad y de satisfacción inmediata de toda suerte de derechos, le hubieran recordado la necesidad de cumplir con sus deberes y de concentrarse en el trabajo, en el ahorro y en el afán de superación, si, en fin, se hubiesen comportado como hombres y mujeres decentes al servicio de sus conciudadanos y no como una casta depredadora y oportunista atenta sobre todo al beneficio para sí mismos y para sus partidos, ahora contemplaríamos el presente con tranquilidad y el futuro con confianza. Esa es la poderosa lección a aprender del merecido triunfo de nuestra selección nacional de fútbol en esta hora oscura de nuestra Historia, ese es el ejemplo a seguir si queremos salir del pozo fangoso en el que chapoteamos sin rumbo ni destino.                                                                    

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EL ORIGEN DE NUESTROS MALES

  Hace treinta años y dos años salimos de un régimen autoritario y nos dispusimos a ejercer nuestra libertad. Cuando uno es libre, lo es para el éxito y para el fracaso. Pues bien, transcurridas tres décadas, los espíritus lúcidos de nuestro país coinciden en que estamos bastante más cerca de la segunda opción que de la primera. El panorama es desalentador, desempleo masivo, fuga de capitales, cuentas públicas bordeando la quiebra, sistema educativo menos que mediocre, recesión persistente, deterioro institucional galopante, corrupción extendida, unidad nacional amenazada, tasa de natalidad bajísima, pérdida de referentes morales generalizada, déficit externo crónico y seguridad jurídica insatisfactoria. La literatura sobre las causas de esta crisis casi multiorgánica empieza a ser abundante y recuerda a la producida tras el desastre de 1898. Muchos españoles angustiados se preguntan por los motivos de esta caída en el pozo oscuro del empobrecimiento material, ético y cultural. Existen ya magníficos y certeros diagnósticos que apuntan a los errores cometidos y que proponen remedios adecuados para la educación, la justicia, la fiscalidad, la estructura territorial del Estado, la energía, las pensiones y el mercado de trabajo. Este conjunto de análisis y de propuestas surgen sobre todo de la sociedad civil, que se agita consternada ante el acelerado declive de España. Y es que puestos a señalar un culpable colectivo del actual desastre, hay que poner inevitablemente los ojos en la clase política. Nuestro país cuenta con un acervo extraordinario de grandes compañías transnacionales muy competitivas, de pequeñas y medianas empresas dinámicas e innovadoras, de artistas y científicos de gran talla, de profesionales altamente cualificados, de trabajadores autónomos laboriosos y esforzados, de millones de hombres y mujeres llenos de sentido común y de arraigados principios que luchan con denuedo cada día para sacar adelante a sus familias, y que constituyen el entramado que sostiene todavía a la Nación evitando su definitivo colapso. Nuestros políticos, en cambio, a los que hemos confiado la construcción de nuestra arquitectura institucional, la elaboración de las leyes y la administración de nuestra riqueza, no han dado la talla. Desde que nuestro sistema inició su andadura en la Transición han estado mucho más atentos a si mismos y a sus intereses corporativos y electorales que al interés general de sus conciudadanos. Han erigido un Estado elefantiásico, fragmentado e ineficiente, han creado más de un millón de empleos públicos superfluos, han caído por millares en la venalidad más obscena, han ganado las elecciones una y otra vez apelando a lo peor y a lo más bajo de la condición humana, la envidia, el egoísmo, la pereza, la codicia, el tribalismo y la búsqueda de la satisfacción inmediata, ignorando lo más excelso que anida en el alma de sus votantes, el esfuerzo, el sacrifico, la abnegación, el afán de conocimiento, la voluntad de superación y la entrega a los demás. Con demasiada frecuencia han dado un ejemplo pésimo con su comportamiento, prepotente, despilfarrador, nepotista  y vanidoso. Aquellos representantes y gestores públicos, que los ha habido y lo hay en gran número, que son honrados, competentes y patriotas, no han sabido o no han podido imponer la cordura, la inteligencia y la primacía del bien común frente a la horda de aprovechados, inútiles, irresponsables y fanáticos que han acabado con nuestra prosperidad y nuestro prestigio como país. Ahí está el origen de nuestros males y mientras el conjunto de los españoles no se decida a reaccionar contra semejante casta depredadora y a poner a la cabeza de los asuntos públicos a gente competente, honesta, y preparada, seguiremos debatiéndonos en el lodo de la frustración y la impotencia.                                                    

Aleix Vidal-Quadras     

 

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VICTORIOSA DERROTA

                  Los nacionalistas catalanes y su líder cordobés han puesto el grito en el cielo tras conocer la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña. Se han rasgado las vestiduras, han proclamado que su dignidad colectiva ha sido pisoteada y se han apresurado a convocar una manifestación de exaltación identitaria para el próximo diez de julio. Por cierto, todo lo que quede por debajo de cien mil participantes, fracaso absoluto, entre cien mil y doscientos mil, pinchazo, y podrán sacar algo de pecho si alcanzan el medio millón. Sin embargo, esta explosión de victimismo gemebundo y de impostado patriotismo herido, es, como suele ser su técnica, pura comedia. En el fondo están encantados de la vida porque el veredicto urdido por doña María Emilia les viene de perlas en lo sustantivo y en lo práctico. Sobre lo sustantivo pondré dos ejemplos. Si la definición de nación en el Preámbulo para tener encaje constitucional ha de carecer de “eficacia jurídica”, ¿por qué no se expulsa de la norma? En otras palabras, ¿qué pinta una proclamación solemne del Parlamento de Cataluña en la norma básica catalana si la condición para mantenerla ahí es que sea inoperante?  Pues muy sencillo, porque una cosa es la eficacia y otra la validez. Eficaz puede que no sea, de momento, pero significado sí tiene. Y carga política también, de enorme peso sin duda. En cuanto las circunstancias lo permitan la doncella dormida e ineficaz que reposa en el frontispicio del Estatuto en el lecho florido que le ha fabricado el Tribunal Constitucional, despertará llena de vigor y de virginal entusiasmo y la tendremos armada. Otro asunto: la condición del Tribunal Superior de Cataluña de última instancia jurisdiccional para todos los procedimientos iniciados en su territorio no ha sido eliminada, sino sometida asimismo a interpretación conforme, a saber, no entrará en vigor hasta que lo contemple la Ley Orgánica estatal correspondiente. Fantástico, se modifica ésta y el Tribunal Supremo a sestear unificando doctrina. ¿Lo van captando? Y ahora pasemos a lo prosaico. Con veintitrés artículos pendientes de interpretación conforme, el campo de negociación que se le abre a Convergencia i Unió con un Partido Popular ganador de las elecciones generales en 2012 es amplio y fértil. O me lo interpretas así o no hay apoyo. O sea, que hagamos rogativas por la mayoría absoluta y por el compromiso del hoy principal partido de la oposición de reformar la Constitución, sacar a la Nación de la UCI y reconstruir el Estado. Por pedir, que no quede.

 

 

                                                        Aleix Vidal-Quadras